Maryse Condé: «La pandemia es albor de cambios; es necesario reaprender a vivir»

La escritora francesa nacida en Guadalupe, premio Nobel alternativo de literatura en el 2018, publica en castellano «La deseada»

La escritora francesa nacida en Guadalupe Maryse Condé (1937). A la derecha, portada de su último libro publicado en España
La escritora francesa nacida en Guadalupe Maryse Condé (1937). A la derecha, portada de su último libro publicado en España

Madrid / EFE

Para la escritora y premio Nobel alternativo de literatura Maryse Condé, el covid augura «cambios importantes» en este mundo del que la exaspera «la hipocresía y la arrogancia». Hace 24 años, Condé sorprendió con la novela La deseada, una obra que ha vuelto a releer en «una ocasión» y que escribió «como respuesta ante los males de una sociedad en particular», la suya. Nacida en 1937 en el archipiélago de Guadalupe (en las Antillas francesas), esta luchadora por los derechos de la mujer lleva años viviendo en Francia, desde donde contesta esta entrevista con motivo de la reedición de esta novela por parte de Impedimenta.

-¿Cómo está viviendo la pandemia?, ¿y cómo ve el futuro?

-Nací y crecí en Guadalupe, una pequeña isla del Caribe. Esto implica que mi pensamiento y mis reacciones no son iguales a los de una mujer occidental. Me enseñaron que el mundo estaba repleto de signos y que era preciso saber descifrarlos. Para mí, esta pandemia que no logramos dominar y este virus que no cesa de mutar tal vez no indiquen el fin del mundo, pero sí los albores de cambios importantes. Es necesario reaprender a vivir, respetar la naturaleza y los animales.

-«La deseada» vio la luz en 1997, ¿qué sensación le produce el regreso de esta novela?

-La escribí como respuesta ante los males de una sociedad en particular, la mía. Quería denunciar la forma en que se trataba a demasiados niños, traumatizados por la ausencia del padre. Me hace feliz saber que en España mi voz se escucha y que el libro se abre camino, aunque sea tarde.

-¿Cuántas veces la ha leído?

-Un autor nunca relee sus libros: descubriría faltas y debilidades que no supo corregir en su momento. Con La deseada hice una excepción, pero solo porque una actriz guadalupeña realizó una adaptación teatral y la representó en varias ciudades, tanto en Francia como en las Antillas.

-¿Qué piensa ahora de ella?

-Me gustó su fuerza y su forma de plantear los problemas. Me quedé admirada por haber tenido el coraje de escribirla y por haber sido capaz de oponerme a lo comúnmente aceptado. Demuestra que siempre he sido sensible al sufrimiento de los niños. Por desgracia, en la actualidad muchos siguen sufriendo negligencia y malos tratos. Es cierto que problemas como el de la bastardía se dan cada vez menos, pero aún no se han erradicado del todo.

-¿Recuerda cómo la escribió?

-Una de mis hijas, abogada, me hablaba de los casos de incesto, abandono y violación en los que trabajaba; y me inspiré en sus alegatos para urdir la trama. Yo conocía las situaciones que me describía, pero nunca había sido del todo consciente de la magnitud de sus consecuencias, pues crecí en una familia muy unida.

-¿La literatura sin verdad es literatura?

-No. Por supuesto que no. La pregunta te devuelve a los problemas esenciales de la literatura. Siempre entra en juego lo vivido y hay una parte de experiencia personal en todo relato. El autor solo puede inventar a partir de lo real.

-La fuerza de su personaje sigue sorprendiendo años después...

-En parte, Marie-Noelle soy yo. Necesité mucha fuerza de voluntad para llegar a ser profesora de literatura francófona en la prestigiosa Universidad de Columbia. Aunque, a diferencia de ella, yo siempre he contado con el apoyo de mi familia y de mi marido.

-¿Qué hizo la literatura por usted?

-Todo.

-¿Qué querría que la gente pensara de sus textos?

-Quisiera que me siguieran leyendo el mayor tiempo posible.

-¿Qué es lo que más le exaspera?

-Siempre me han desagradado la hipocresía, la arrogancia, la intolerancia, la falta de respeto hacia los demás.

-¿El Nobel es un sueño o los premios no están en sus objetivos?

-Los premios no son mi objetivo. Salvo excepciones, los libros premiados y celebrados de manera unánime por los medios de comunicación me parecen carentes de interés. Sin embargo, me hizo muy feliz y me llenó de orgullo recibir, hace dos años, el Nobel alternativo. Resulta contradictorio. Lo sé y no lo escondo.

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