Emilia Pardo Bazán y «La revolución y la novela en Rusia»

La Deputación da Coruña acaba de recuperar de su archivo un documento de préstamo de un centenar de libros de la Biblioteca Provincial a la condesa en 1887, obras en francés que utilizó para escribir su ensayo sobre Rusia

La escritora Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851-Madrid, 1921)
La escritora Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851-Madrid, 1921)

Redacción / La Voz

«¿En qué trabajo ahora?... Estoy en el corazón de Rusia. Quiero hacer un estudio sobre esa extraña y curiosa literatura, como ya se lo anuncié creo que en París. En España creo ser una de las pocas personas que tienen la cabeza para mirar lo que pasa en el extranjero. Aquí, a nuestro modo, somos tan petulantes como pueden serlo los franceses, y nos figuramos que más allá del Ateneo y San Jerónimo no hay pensamiento ni vida estética». Así de contundente se explica Emilia Pardo Bazán en una carta remitida a su amigo el escritor y abogado catalán Narcís Oller i Moragas -con el que algunos le atribuyen amoríos de juventud-. En realidad, su interés por Rusia comienza mucho antes, en una de sus «invernadas en París», en marzo de 1885, cuando percibe la devoción que despiertan los novelistas rusos en la capital francesa y cae en sus manos un ejemplar de Crimen y castigo de Dostoyevski, por el que queda fascinada. Ahora, con motivo del centenario del fallecimiento de la autora gallega, la Deputación da Coruña acaba de recuperar de su archivo un documento de préstamo de un centenar de libros de la Biblioteca Provincial a la condesa en 1887. Todos los títulos son obras escritas en francés y constituyen la base sobre la que erigió su estudio La revolución y la novela en Rusia, que parte de una serie de tres conferencias pronunciadas ese mismo año en el Ateneo de Madrid. Son libros como La Russie politique et sociale de Lev Aleksandrovich Tikhomirov y Le roman russe de Eugène Melchior de Vogüé, y once obras de Turguénev, ocho de Tolstói, cuatro de Dostoyevski, y otras de Lérmontov, Pushkin, Goncharov y Gogol, entre ellos. Su curiosidad por la gran literatura rusa creció al tiempo que escuchaba constantes loas en París, de parte de quienes decían que «no tenía rivales en las demás naciones» y que «la tan discutida tendencia al predominio de la verdad en el arte, conocida por realismo, naturalismo o verismo, existía consciente y pujante en la novela rusa ya desde el período romántico, un cuarto de siglo antes que en Francia». Pardo Bazán se lamenta de no saber ruso, pero cree que no le compensa el esfuerzo que le ocuparía al menos dos años para alcanzar los rudimentos y entiende que lo mejor es recurrir a las traducciones francesas. Finalmente, y aunque había advertido que lo suyo era una aproximación divulgativa, no un ensayo que cierre el debate, confiesa sinceramente que no ha podido resolver el enigma que cree que es Rusia. Una admisión que vale también para la Revolución rusa, que, dice, ni acertó «a condenar del todo» ni se avino «a sus doctrinas e inventos».

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