«Caballos salvajes», la novela de culto del exyonqui Jordi Cussà Balaguer

El libro, de gran carga autobiográfica, es también el retrato generacional de aquellos a los que arrasó el infierno de la adicción a la heroína en los años 80 y 90

Retrato del escritor Jordi Cussà. A la derecha, portada de la edición castellana de «Caballos salvajes»
Retrato del escritor Jordi Cussà. A la derecha, portada de la edición castellana de «Caballos salvajes»

Redacción / La Voz

Veinte años ha tardado en llegar al castellano Cavalls salvatges, este clásico del underground catalán, una obra de culto debida a Jordi Cussà Balaguer (Berga, Manresa, 1961), que pone toda la carne en el asador en este texto en cuanto que el peso del condimento autobiográfico es decisivo. Cussà sufrió en su propia piel la traicionera odisea de la heroína y el brutal infierno de la adicción, lo que sitúa su narración en un tiempo determinado que lo eleva también a privilegiado testimonio generacional. Es su primera novela, pero igualmente traslada sus vivencias a Formentera Lady (2015). Su retrato de una época y especialmente de un mundo marginal, además de sus audacias narrativas, en el ámbito de lo lingüístico y de lo estilístico, hacen de Caballos salvajes una obra muy peculiar, con unos valores que adornan el libro de una forma poderosa. Esto genera una tensión en la lectura que no debe eclipsar sus virtudes. Cussà ha dicho en más de una ocasión que le gustaría ser tenido por «un escritor que un día fue yonqui y no como un yonqui que un día escribió un libro». Y se ha ganado ese derecho, celebrado con su edición en castellano en un catálogo en que comparte espacio con títulos insignes del espectro drogodependencias como son casi todos los del escritor y presidiario Edward Bunker o la única novela publicada por el ladrón y adicto James Fogle, Drugstore Cowboy. Cussà sabe de lo que habla, de la lacra que asoló la juventud de los entornos urbanos españoles en los años 80 y 90, y por eso suena tan auténtica la voz de Alexandre Oscà Punyol, no solo por la lengua coloquial y desenfadada con que se maneja sino también porque describe —con pulso narrativo, crudeza y contundencia en los diálogos— un paisaje que le es muy familiar, terriblemente familiar, el universo lumpen en que el personaje creció y se hizo, en un barrio de descampados de jeringuillas usadas y zombis tirados en los portales. Como para echarse a correr...

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