La lista de amores de Frida Kahlo

xosé ameixeiras CARBALLO / LA VOZ

CULTURA

Retratos de Frida Kahlo y Alexandre Finisterre pintados por la artista mexicana
Retratos de Frida Kahlo y Alexandre Finisterre pintados por la artista mexicana

Aparecen textos relativos a una veintena de amantes de ambos sexos, incluido el gallego Alejandro Finisterre

03 ene 2021 . Actualizado a las 14:53 h.

«Amo con pasión delirante al hombre y a la mujer». La «serie de objetos muy personales» que Frida Kahlo le envió por el conductor Manuel a su examante y amigo Alejandro Campos Ramírez, Alejandro Finisterre, siguen dando sorpresas. Entre las cosas que «nadie conoce», su «Caja de Pandora», como ella le decía en una carta, se encuentra una libreta, cedida por su doctor Efrén Villafuente, en la que la célebre pintora mexicana le hace a Finisterre declaraciones muy íntimas, sus cantos al amor sin fronteras y hasta descripciones de escenas de cama. «Mucho yo he amado en esta recanija vida...No tengo distingo entre macho y hembra al momento de satisfacer y gozar. Para mí es igual. Lo importante es el amor para saber que estoy viva», escribe Kahlo en un cuaderno de recetas cedido por el médico, porque «mosca (el dinero) sigue sin volar» y no tenía para papel.

Composición con tres hojas del cuaderno con la lista de los veinte amantes más señalados de Frida Kahlo
Composición con tres hojas del cuaderno con la lista de los veinte amantes más señalados de Frida Kahlo

Alejandro Campos (Fisterra, 1919- Zamora, 2007) entregó este material a un amigo editor de México cuyos descendientes se han topado ahora con un verdadero tesoro de cartas, cuadernos e incluso pinturas inéditas de la artista mexicana con ocasión de los encierros por la pandemia. En el cuaderno de recetas, Kahlo (1907-1954) no solo hace declaración de sus condiciones sexuales, sino que elabora una relación de sus veinte amores más señalados. Así, coloca en primer lugar a su único marido, Diego Rivera, con el que se casó el 21 de agosto de 1929, cuando ella tenía 22 años, y él, 43. La madre de la artista se oponía al casamiento por considerar viejo al futuro consorte. Se divorciaron en 1939 y se volvieron a casar un año después.

Coloca en segundo lugar a Alejandro Gómez Arias, su primer novio, que en 1925 la acompañaba en el fatídico accidente que la dejó maltrecha a los 18 años con daños graves en la columna, la pelvis, un hombro y otras partes del cuerpo que la obligaron a numerosas operaciones y constantes atenciones médicas.

Alejandro Finisterre aparece de tercero en la lista, seguido del también español Josep Bartolí, otro superviviente de los campos de concentración franceses. El quinto lugar es para Ricardo Viñas, mientras que el sexto es para Lucha Reyes, el séptimo para Levy, que repite en el décimo, al igual que Cabela Villaseñor aparece en el puesto octavo y el decimoséptimo. El noveno es para Machila Armida, en tanto que Trotski ocupa el puesto número 11. Le llamaba Piochitas. En el siguiente está Nickolas Muray, fotógrafo y esgrimista húngaro. El que aparece con el 13 no se entiende muy bien, pero tal vez pudiese ser Isamo Noguchi, con el que tuvo un romance. El 14 está en blanco y el 15 es para María Félix, mientras que en el 16 está Chavela Vargas. A continuación está Martita. Luego aparece Francisco Dos Amantes. El 20 le corresponde a su enfermera Judith Ferreto y el último puesto es para la Bandida, que es Graciela Olmos.

No aparecen personajes como Tina Modotti, Jacqueline Lamba, Leo Eloesser o Heinz Berggruen, con los que también se le atribuyen relaciones.

Cajas guardadas durante decenios cargadas de literatura marcada por la sensualidad

Las cajas atesoradas en silencio guardaban los testimonios más auténticos de una Frida Kahlo convertida en una encarnación de la diosa azteca de la fertilidad, Tlazoleotl, la señora del sexo y de la carnalidad que la propia artista llegó a pintar. Alejandro Finisterre fue depositario callado durante decenios de sus intimidades y nunca las reveló ni llegó a aprovecharse de ellas como hizo la familia de algún otro amante.

Los textos de la pintora están cargados de pasión amorosa, auténtica literatura ardiente en la que descripciones de las operaciones sexuales más sugerentes están muy presentes. «Soy la mujer perfecta a quien amar, un suspiro, un jadeo en la madrugada», le escribe a su Fin de la Tierra. «Espero que me mates de amor algún día de estos», concluye en una de las páginas.

«Me sé de memoria tu cuerpo»

Pero no solo las letras a Campos están cargadas de pasión. En el cuaderno aparecen otras similares dirigidas a sus otros amantes. En un dibujo para Machila Armida aparece una vulva asediada por dos grandes espermatozoides con cabeza de ojo: «Me sé de memoria tu cuerpo ...». Añade la pintora. A Graciela Olmos, la Bandida, le dice: «Bella entre todas, piel de color trigo que en la noche afortunada hice mía sin ningún cuidado... tierna, temerosa blancura dispuesta a quemarte entre mis brazos».

Josep Bartolí le hizo temblar las rodillas, cayó y olvidó respirar. Con él sintió que el mundo era más ancho e inmenso. «Te amaré en el letargo de una noche llena de insomnios», declara a otro de sus grandes amantes. «¡Qué no te diera!», acaba así una de las páginas cargadas de referencias y expresiones sensuales dirigidas al catalán. Y a María Félix, que se «esconde tras las cortinas de la noche. La luna te empuja hacia mí». O a Isamo: «En la comisura de nuestros labios, la mentira se queda quieta... Me pides irnos descalzos por el camino de las nubes». Y, por fin, León Trotski, Piochitos: «Ahora que te fuiste necesito decirte que en un lugar común de tu piel, y en tu cuerpo, una muchacha se levanta a buscar el alma de los muertos escondida ante el tiempo». A Chavela Vargas le miró sus «vidriadas pupilas» y vio que lloraba agua que «anegaba la soledad y le daba vida». Judith Ferreto, Elenita Vázquez, a la que trataba de dibujarla y le hervía la sangre, «el amor y la pasión sin límites», o Teresa Proenza son destinatarias de su prosa lírica. Digan lo que digan, no le importa: «Me gusta lo que soy».

Detalle de la «Caja de Pandora» que le dedicó Frida Kahlo a Alexandre Finisterre
Detalle de la «Caja de Pandora» que le dedicó Frida Kahlo a Alexandre Finisterre

«No hay falsas mojigaterías, ni tabúes, ni ley»

El amor, escribió Frida Kahlo, hace que «tu mente se nuble hasta que parece que eres capaz de pensar en nada y entonces eres feliz». Deliberadamente feliz, añade, y en este estado «no hay falsas mojigaterías, ni tabúes, ni ley o costumbre que te ponga límites». Así le cuenta a Alejandro Finisterre sus teorías sobre el amor. Para Kahlo, el único límite está en ella misma, en su cuerpo y el de su pareja. Su norma era darle siempre «lo que el cuerpo pide» o lo que viene a ser, concluye, «la realidad fascinante». En su confesión tan «íntima» al fisterrán piensa que de, este modo, él la amará más y la comprenderá mejor y que querrá estar a su lado, noche y día para amarla «con desenfreno, lujuria y perversión».

Sin embargo, esperaba que Alejandro Finisterre supiese corresponder a su confianza al delatarle estos pensamientos y que cuando se aburriese de ellos los quemase «en la pira del tiempo y el desamor», como así ha sido.

Un amigo de Alejandro Campos guardó todo este material, en el que incluso están sendos pequeños retratos inéditos de Frida y «Alex del Fin de la Tierra». Eran muy típicos en su tiempo para poner como un díptico en las mesitas de noche.

Una de las cajas que Kahlo envió a Campos Ramírez es en sí misma una obra de arte. La pintora la adornó, «para él». En la cubierta del arca cargada de confesiones secretas aparece en el centro un feto dorado flotando en un mar rojo. Podía ser el hijo que ella lamenta que no pudo darle al fisterrán. En la tapa interior, un venado con una cara que bien podía ser una síntesis del rostro de Alejandro con las cejas cargadas de la propia Frida. Y todo ello bañado de oro del dolor que ella convirtió en el manantial de su vida, como el rojo de la sangre al que echa mano a menudo en sus obras y que en este caso plasma en forma de luna o sol. Es la ausencia que se transforma en corona de espinas.