Amin Maalouf: «Es el último aviso, aún estamos a tiempo de evitar una crisis destructiva»

El autor nacido en el Líbano publica «Nuestros inesperados hermanos»

El escritor libanés Amin Maalouf, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2010
El escritor libanés Amin Maalouf, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2010

De repente, en una diminuta isla de la costa atlántica, las luces se apagan, la radio deja de emitir, el móvil no funciona. ¿Qué ha pasado? ¿Ha sucedido en todo el país?, ¿en el mundo entero? ¿Ha sufrido el planeta un cataclismo? A partir de ahí se desarrolla Nuestros inesperados hermanos (Alianza), la última novela Amin Maalouf (Beirut, 1949), ganador de los premios Goncourt y Príncipe de Asturias 2010, miembro de la Academia Francesa y uno de los intelectuales más influyentes y prestigiosos del mundo. Una obra a caballo entre la distopía, la ciencia ficción, la alegoría y la mitología, en la que unos desconocidos y misteriosos «amigos de Empédocles» intervienen para salvar un mundo al borde de la catástrofe.

-Al inicio de la novela hay una cita de Novalis: «La novela surge de las carencias de la Historia». ¿Así surgió la suya?

-Necesitaba buscar en la ficción la esperanza que ya no puedo encontrar en la Historia. La novela nació de mi angustia ante la situación del mundo. Desde hace años estoy bastante aterrado por su evolución. Yo imaginaba un mundo que avanzara hacia la universalidad, reconciliado, armonizado, pero estamos en otro donde las relaciones son cada vez más duras y antagónicas entre sus componentes.

-Dibuja un mundo en peligro, al borde de una guerra nuclear, pero a la vez es optimista porque hay lugar para la esperanza.

-Tiene razón. Diría que es un libro que, por una parte, es una descripción, espero que lúcida, del mundo tal como es hoy, que está evolucionando en un sentido muy preocupante y va muy mal. Pero también está la esperanza de que la humanidad produzca algo que no nos esperamos, aunque parece muy improbable. En el fondo de mí hay un optimista que piensa que quizá todavía haya una solución.

-En esa solución de la que habla, ¿quiénes serían nuestro «amigos de Empédocles», que traerían el cambio que el mundo necesita?

-Si me pusiera a soñar, diría que mi deseo más querido, que quizá es un tanto loco, es que en el mundo haya, no ya una población exterior que no hemos visto nunca, sino que surja una liga de ciudadanos entre nosotros. Porque hay gente lúcida, competente, que ve las cosas con cierta elevación. Mi sueño es que hubiera una liga de ciudadanos que vinieran de todas partes y se reunieran, más bien de forma virtual que físicamente, que reflexionaran y contribuyeran a resolver juntos los problemas en los que se debate la humanidad actualmente y aplicaran las soluciones. Cuando hablo de los «amigos de Empédocles» es esto lo que tengo en mi mente. Los valores más constructivos y más nobles residen en la humanidad de hoy, pero se ven perdidos y aplastados por la mediocridad, la corrupción y la incompetencia.

-¿En esa hipotética liga de ciudadanos incluiría a los políticos? ¿Me puede dar algún nombre?

-Hay una figura que me gusta mucho, Angela Merkel, pero hay otras. Mandela también podría haber formado parte perfectamente de la liga. En todos los ámbitos de la vida, incluso entre los políticos, y sin duda entre los sabios, los universitarios, los académicos o los profesionales de los medios de comunicación, hay gente capaz de reflexionar junta. Me gustaría ver eso, aunque seguramente sea improbable, pero no es imposible totalmente. Si de verdad tenemos conciencia de estar al borde del abismo, reaccionaremos y quizás se produzca ese movimiento de solidaridad y fraternidad entre conciudadanos del mundo.

-¿Vamos a la autodestrucción?

-No diría que a la autodestrucción, sino que avanzamos hacia un naufragio, quizá lo estemos viviendo ya, pero creo que hay vida después del mismo. Cuando hay desastres debemos intentar superarlos, ver cómo volver a empezar. El mundo está atravesando un período delicado, pero si conseguimos reorientar ese trasatlántico de la humanidad para tomar otro rumbo y establecer unas relaciones diferentes entre todos sus componentes todavía podríamos evitar lo peor. Simplemente no tenemos un tiempo ilimitado. Deberíamos aprovechar este momento de pausa de la pandemia, donde todo se detiene, para replantearnos el mundo, para imaginar un mundo diferente y reorientarlo, porque estoy convencido de que estamos realmente a dos dedos de una crisis fundamental. La crisis que estamos viviendo ahora no es destructora, pero quizá sea el último aviso antes de una crisis mucho más destructiva.

«Hay que repensar el mundo a partir de la pandemia»

 

 

«Creo que la pandemia nos va a cambiar muchísimo, probablemente sea demasiado pronto para saber cómo, pero lo hará», señala el autor de novelas como León el Africano o La roca de Tanios y de ensayos como Las cruzadas vistas por los árabes, Identidades asesinas o el reciente El naufragio de las civilizaciones. «Muchas cosas en nuestra vida diaria, personal y profesional, han cambiado, ya no trabajamos ni nos desplazamos igual que antes, nos vemos y saludamos de otra manera; no creo que volvamos a la situación anterior», explica. «Hay países que han demostrado estar mucho mejor equipados y preparados para hacer frente a este tipo de crisis que otros como Francia, España o EE.UU.», asegura. «Es sorprendente ver que países entre los más adelantados, que tienen sistemas sanitarios muy sofisticados, han salido menos seguros de sí mismos del período actual», continúa. «Quién iba a pensar que en un país como Taiwán, que tiene 23 millones de habitantes, solo iba a haber siete muertos en toda la pandemia», señala. «¿Lo que estamos viendo se debe a causas inmediatas o bien es el comienzo de un deslizamiento del centro del mundo en otra dirección? No lo sé, pero en cualquier caso merece la pena pensar y repensar el mundo a partir de lo sucedido este año», sostiene. «Lo que es seguro es que no es un año que olvidaremos sin más, está claro que el mundo no será el mismo después de la pandemia, algo ha terminado y empieza una nueva fase de la historia que todavía no conocemos, pero tenemos que adivinar cómo va a ser», concluye.

«Un fenómeno moralmente equivalente a la Grecia clásica nos podría ayudar»

 

 

Maalouf escribió la novela antes del covid-19 y decidió publicarla sin cambiar nada. «Pensé que no había que cambiarla en función de la actualidad ni intervenir para rectificar ni para acercarme o alejarme de lo que sucedió después», explica. De hecho, «cuando leí el manuscrito durante la pandemia tuve la sensación de que había resonancias con el estado de ánimo de los protagonistas de la novela en el momento en el que el mundo se paró».

-En la novela reivindica la Grecia clásica. ¿Qué enseñanzas podemos aprender?

-Lo que siempre me ha fascinado del milagro griego es que hubo un momento de la historia en que la humanidad parecía todavía muy balbuceante, no parecía capaz de desarrollar una civilización avanzada, y sin embargo esta surgió. Lo que ocurrió hace 24 siglos en Grecia, que inventó el teatro, la filosofía o la democracia, que elevó el arte a un nivel altísimo, el hecho de que el espíritu humano haya podido producir una civilización tan avanzada en un momento en el que el entorno no parecía preparado, es una fuente de esperanza. En esta fase tan difícil en la que el mundo parece avanzar hacia un naufragio es posible que veamos aparecer un fenómeno que sea moralmente equivalente al milagro griego y que nos ayude a hallar una solución.

-¿La no reelección de Trump es una buena noticia en un año catastrófico?

-Me ha alegrado mucho porque habría sido preocupante que hubiera sido reelegido tras sus comportamientos disparatados. Al mismo tiempo, que haya obtenido tantos votos es preocupante. No estoy seguro de que el movimiento político representado por Trump esté ya en el cubo de la basura de la historia, sigue siendo muy virulento. Creo que volveremos a tener el mismo problema dentro de cuatro años, o bien con él o con otro que tendrá las mismas convicciones y objetivos y quizá sea menos fantasma y por tanto mucho más peligroso.

-¿Le parece inquietante que una dictadura como China salga reforzada de esta crisis?

-Sí. Avanzamos hacia una nueva forma de guerra fría. Tenemos una potencia ascendente, China, y a EE.UU., instalada como la gran superpotencia desde hace varias décadas, que se siente amenazada y sin duda reaccionará. Da la sensación de que la confrontación entre ambos es prácticamente ineludible. Estamos en vísperas de algo nuevo, de una nueva realidad global y estratégica y hay muchos motivos de preocupación.

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