El esplendor geométrico de Soledad Sevilla merece el premio Velázquez de artes plásticas

Pionera en generar arte desde códigos numéricos, la creadora valenciana cree que «el arte debe ser un consuelo para todos en estos tiempos de tanto dolor y fealdad» por la pandemia

Soledad Sevilla -que se alzó con el premio Velázquez de artes plásticas- posa con una de sus obras
Soledad Sevilla -que se alzó con el premio Velázquez de artes plásticas- posa con una de sus obras

Madrid / Colpisa

«Ante el dolor que genera la pandemia, el arte debe ser un consuelo». Lo dice Soledad Sevilla (Valencia, 1944), ganadora del premio Velázquez de Artes Plásticas, el de mayor rango institucional en España, que la creadora recibía «con enorme sorpresa, agradecida y muy emocionada». El galardón reconoce la trayectoria y la obra de un artista iberoamericano y en su caso se valora una carrera en la que la luz y la arquitectura juegan un papel crucial. Se premia el esplendor geométrico de una «pionera en la experimentación con los lenguajes numéricos», «la solvencia con la que transita entre el plano y el espacio», y «su forma innovadora de entenderlos».

Pintora de grandes formatos, «su reflexión sobre diferentes tradiciones y culturas artísticas abraza e incorpora al presente la tensión entre naturaleza y arquitectura», destacó el jurado del galardón, dotado con 100.000 euros y que otorga el Ministerio de Cultura.

«Soy muy consciente de la relevancia del premio», dice una creadora que jamás se sintió «pionera en nada». «Solo me he sentido artista», confiesa Sevilla, que estudió en la Escuela de Bellas Artes de Sant Jordi en Barcelona entre 1960 y 1965 y participó entre 1969 y 1971 en el seminario de generación automática de formas plásticas del Centro de Cálculo de la Complutense de Madrid.

«Estuve en los inicios de algo novedoso, pero no tuvimos conciencia de que fuéramos pioneros», rememora remontándose a los primeros años setenta, cuando su pintura utilizaba la geometría como una base normativa. «Aquel seminario lo pusimos en marcha entre artistas y arquitectos, y, visto con la perspectiva actual, sí fuimos muy avanzados», reconoce.

Sevilla es la sexta creadora que obtiene el alto galardón y la segunda consecutiva tras Cecilia Vicuña (2019). Tomaron el relevo de Concha Jerez (2017), Marta Minujín (2016), Esther Ferrer (2014) y Doris Salcedo (2010) en un palmarés aún desequilibrado con seis mujeres frente a nueve varones.

¿Doloroso? «No. Por fortuna eso también está cambiando. En el mundo del arte siempre hubo predilección y un trato especial hacia los varones, pero todo cambia y la balanza se inclina y se equilibra del lado de la mujer», se felicita. «He vuelto a la geometría y a la línea», explica una creadora que define su arte como «una mezcla entre el rigor mental y el emocional». «Hay una mitad de análisis constructivo y otro tanto de carga emocional», ilustra. Su pintura actual recrea «una geometría blanda» manteniendo una constante en su trabajo, «que repite una unidad y, por acumulación, rellena campos más amplios que desaparecen para crear planos más extensos y convertirse en otra cosa».

Detalle de la instalación de Soledad Sevilla «No todo es azar»
Detalle de la instalación de Soledad Sevilla «No todo es azar»

En estos tiempos tan duros y difíciles, cree Sevilla que el arte tiene una relevancia especial para la ciudadanía. «Puede consolar tanto dolor y tanta fealdad. El consuelo está en pararse a mirar el arte y meditar con él. Ahora quizá sea más fácil detenerse y apreciarlo con una mirada atenta, reposada y lenta, algo poco menos que imposible en el vértigo anterior a la pandemia». Y agrega: «El arte debe consolar en estos momentos, y quizá sea más importante que nunca».

Cree que desde las instituciones se está haciendo «un gran esfuerzo para apoyar, alentar y ayudar a los artistas». «Son sensibles a la situación que vivimos todos y quizá más los artistas, más expuestos al hacer un trabajo que está muy de espaldas a las necesidades crematísticas». «Que se acuerden ahora de nosotros tiene mucho valor. Están siendo más sensibles».

La galardonada con el Velázquez opina que el arte español «está a un nivel fabuloso, con grandísimos artistas, mucha vocación, instituciones relevantes y museos que hacen una labor increíble, incluso ahora que este todo casi paralizado».

Becada por fundaciones españolas y americanas, Sevilla residió en Boston entre 1980 y 1982. En Harvard comenzó a trabajar en la serie Las meninas, aplicando una estructura reticular para reinterpretar los espacios y las atmósferas del universal cuadro de Velázquez. De vuelta a España, realizó instalaciones ambientales con un marcado, sutil y renovador carácter pictórico.

La serie La Alhambra reinterpretó el palacio nazarí con colores y retículas. En 1998 hizo su primera exposición en la galería Soledad Lorenzo, a la que se mantuvo fiel hasta su cierre en el 2012. Premio Nacional de Artes Plásticas en 1993 y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en el 2007, en sus instalaciones la luz es el elemento central, como la proyección sobre los muros del Castillo de Vélez Blanco que permitió ver de nuevo en 1992 el pórtico renacentista almeriense que está en el Metropolitan Museum de Nueva York.

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