«Ondina. Un amor para siempre»: Un canto subyugador

El alemán Petzold se acerca a las leyendas de las náyades desde la perspectiva del «amor fou»


Alejada de la abundante filmografía existente sobre leyendas de sirenas, nereidas o náyades, Ondina. Un amor para siempre quiere acercarse al mito desde la perspectiva del amour fou, utilizando las armas surrealistas que le corresponden, pero sin recurrir a los habituales efectismos. El enamoramiento desmesurado está mostrado aquí con una aparente y estudiada contención. Casi todo es sugerencia y a la ondina enamorada nunca le veremos aletas o escamas.

La historia comienza con los primeros planos de dos amantes en el momento en que él le confiesa a ella que está con otra mujer. Tras amenazar de muerte al hombre, la reconcentrada guía del museo de la ciudad de Berlín abandona el café y la cámara la sigue, y luego la precede, acariciándola en un plano casi táctil, digno de la nouvelle vague, «cámara al hombro»; desgraciadamente, hoy los estativos le han quitado toda personalidad y expresión a los movimientos de cámara.

Este plano inicial nos va a definir la película, arrebatada y fascinada, pero envuelta en una extraña continencia, como lo está la historia de amor que comienza tras el prólogo, pues la protagonista enamora con su canto -la manera en la que explica la historia de la ciudad- a un nuevo marinero, un buzo que trabaja reparando los puentes del río Spree y del lago Wuppertal. «Berlín significa marina fangosa», dice ella y, en su primer encuentro, una enorme pecera estalla al lado de la pareja. El agua los arrastra y los une para siempre.

La película no sería la misma sin los hipnóticos Paula Beer y Franz Rogowski, que ya habían sido par inolvidable de En tránsito, el anterior filme del director de Undine. Christian Petzold es de los pocos cineastas de hoy que aún trabaja con los actores de una manera intensa y física, valorando sus geografías poco convencionales. La enérgica Beer -una suerte de Faye Dunaway pelirroja- es la nueva musa de Petzold -que sacó lo mejor de Nina Hoss en Bárbara o en Phoenix-, y con sus tormentas interiores la actriz hace bueno aquel lema de Breton: «La belleza será convulsa o no será». Por su parte, Rogowski, cruce de boxeador sonado con Joaquin Phoenix, acumula toda la ingenuidad del mundo en su labio leporino. Y los dos nos regalan un canto subyugador, quizás malogrado en la segunda mitad, pero igualmente hermoso.

«ONDINA. UN AMOR PARA SIEMPRE»

[«UNDINE»]

Alemania, 2020.

Director: Christian Petzold.

Intérpretes: Paula Beer, Franz Rogowski, Maryam Zaree, Jacob Matschenz, Anne Ratte-Polle, José Barros, Rafael Scachowiak, Julia Franz, Enno Trebs.

Drama.

91 minutos.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Tags
Comentarios

«Ondina. Un amor para siempre»: Un canto subyugador