Adiós al maestro que nos llevó por el mundo entero sin salir de nuestra casa

El mejor autor español de libros de viaje falleció ayer a los 76 años


Que la vida es un viaje lo sabía bien el periodista y escritor Javier Reverte. Pero también sabía que el viaje de la vida se inició en África como una aventura única que él siguió con todo el entusiasmo, fiel al lema suajili panapo nia, pana njia (‘donde hay un deseo hay un camino). Reverte nos ha dejado huérfanos de selvas, sabanas y tambores, porque fue el escritor español que nos acercó al continente negro, al hombre negro, por primera vez. En su trilogía (El sueño de África, Vagabundo en África y Los caminos perdidos de África) olemos el perfume de la emoción, sentimos el temblor del riesgo y observamos, absortos, la belleza del lugar más maravilloso del mundo. «Allí el paisaje sigue igual que cuando Kurtz perdió su alma», dijo el escritor en una ocasión en referencia al protagonista de El corazón de las tinieblas de su admiradísimo Joseph Conrad. Reverte encumbraba a este autor, uno de sus favoritos, como lo hizo de niño al leer una y otra vez Tarzán de los monos. Después descubrió a Jack London, Hemingway, Albert Camus, Graham Greene y por supuesto Cervantes. Entre sus libros favoritos estaban clásicos como la Odisea, Macbeth, El Gatopardo, Ulises, Muerte en Venecia, y el Quijote. «¿No es el Quijote en buena medida un libro viajero? Es eso y mucho más, claro, pero como pregunta a Sancho el caballero manchego: ‘¿Acaso es tiempo mal gastado el que se gasta en viajar por el mundo?'», cuestionaba Reverte.

Él lo viajó todo. Primero como periodista, profesión que heredó de su padre, Jesús Martínez Tessier, ejerciendo de corresponsal en Londres, París y Lisboa, y como enviado especial en todo el mundo. Destacó también como columnista, cronista político, entrevistador, editorialista..., y fue reportero del programa En portada de TVE y también subdirector del desaparecido diario Pueblo. «No paró de viajar hasta el último momento», recordaba ayer su editor, David Trías, tras conocer su fallecimiento. «En las últimas semanas, consciente de su delicado estado de salud, fue corrigiendo la redacción de dos manuscritos. Uno de ellos será su último libro de viajes a Irán y Turquía», añadió Trías, que lo calificó como «el mejor escritor de literatura de viajes en español». Deja como herencia para sus lectores la novela, aún sin publicar, Un hombre al agua, además de una autobiografía.

«Solo y con mochila en mano»

A Reverte le gustaba viajar «solo, con mochila en mano» para perderse: «En los viajes huimos sobre todo del aburrimiento y de la melancolía», decía quien plasmó todos esos recorridos con el trazo de un artesano emocional, donde cada detalle adquiere una dimensión íntima y el tiempo se dilata casi hasta detenerse, deslumbrando al lector con el espejismo de esa inmortalidad perdida de la niñez. «Hay que viajar como sea, la gente que viaja aprende tolerancia», aseguraba el escritor que deja numerosísimos títulos. No solo sus 25 libros de viajes, como su magnífico New York, New York, sino doce novelas, biografías (entre las que destaca El hombre de las dos patrias sobre Camus) y libros de poesía.

«Si tuviera que elegir entre mis obras, la que más me gusta es una que nadie conoce, Todos los héroes del mundo. También El tiempo de los héroes, sobre la guerra civil española», aseguró en el 2014 el autor de Banderas en la niebla, una trilogía sobre esa época difícil. Reverte, que destacaba por su vitalidad y su gran sentido del humor, se definía como «extranjero, porque así se analizan mejor las cosas», y desde ese mismo punto de vista expresaba que un buen libro de viajes es aquel que cuenta una historia real con las técnicas de la ficción. Y tanto en la vida como en la literatura no hay tiempo que perder. Escribir era para él una auténtica aventura.

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