«Nación cautiva»: Paranoia, colaboracionismo y extraterrestres

Un filme de género que tanto parece rozar lo genial como caer en el disparate sideral

Focus Features

A casi nadie se le escapa -y menos a los buenos aficionados- que muchas de las películas de ciencia ficción sobre alienígenas invasores de la Tierra contienen una abultada carga crítica de los usos y costumbres de los humanos. Y así, en muchos filmes de extraterrestres, funciona aquella ecuación del alien es malo pero el terrícola lo es mucho más. Y muy idiota también.

Nación cautiva es de esas películas. El mundo se ha rendido a los visitantes. Los muy cucos se han montado una invasión global en regla, obligando al desarme a las naciones y eligiendo sus representantes en la Tierra. Con los militares desmovilizados, campan a placer una red de colaboradores, soplones, espías -tipo la Francia ocupada por los nazis, o así- y policías siniestros que se ocupan de extender «la armonía y el más dulce descansar» por todos los rincones del globo. Los guionistas de Nación cautiva no pretenden abarcar tanto como los insaciables marcianitos y centran la acción en un Chicago oscuro-oscuro, donde la ley marcial manda a todo el mundo a casita nada más llega la noche. Prohibido pensar en coyunturas actuales. La película está facturada hace más de un año. Eso sí, hay que reconocer que, ahora, todo se lee en clave covid.

Hombre, la verdad es que hay muchas ideas aquí, algunas esbozadas, otras escupidas, pocas cuidadas. La película es un desorden mayúsculo, pero para nada despreciable. Hay grandes momentos. Uno es ese templo a lo retro -¡situado en una película distópica de alienígenas!- en el que una maravillosa y otoñal Vera Farmiga, vestida de lencería vintage, seduce a John Goodman mientras le pone un vinilo. Goodman, con sus coloretes de mala circulación y su peluquín es el anti héroe por excelencia: un policía colaboracionista que se arrepiente de su miseria; un personaje tan extraño -«marciano», realmente- y fuera de todo glamur que lo agradeces por muy disparatado que se desvele.

La resistencia son afroamericanos con chándal. El personal pasa un hambre que no veas. La gente intenta huir del cerco -muros trumpianos- con el coche ¡cargado de papel higiénico! Los bichos apenas aparecen. Son criaturas polimorfas, arácnidos, erizos de mar o bolas de pelo con pinchos, vete a saber. Y las naves son como meteoritos propulsados a gasoil. Otra gran secuencia: en el acostumbrado campo de fútbol americano celebran el 4 de julio y la cantante habitual entona un himno deturpado. «Glory, glory, aleluya... no los ves, pero están ahí y te protegen». ¡Que despendole! A ratos es difícil no reír y no sabes muy bien si estás viendo un filme de género que roza lo genial o es tan solo un disparate sideral.

«NACIÓN CAUTIVA»

[«CAPTIVE STATE»]

Estados Unidos, 2019.

Director: Rupert Wyatt.

Intérpretes: John Goodman, Asthon Sanders, Jonathan Majors, Vera Farmiga, Kevin Dunn, Alan Ruck, Kevin J. O'Connor.

Ciencia-ficción.

109 minutos.

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