El gran favorito Brandon Cronenberg, triunfador absoluto en Sitges con el filme «Possessor Uncut»

La formidable película «La nube», de Just Philippot, se hace con el premio especial del Jurado y el de la mejor actriz para la excelente Suliane Brahim

Fotograma de la cinta de Brandon Cronenberg «Possessor Uncut»
Fotograma de la cinta de Brandon Cronenberg «Possessor Uncut»

Sitges / E. La Voz

Tal y como se olfateaba desde que su filme pasó en loor de multitud o de santidad por el ecuador de la programación, Brandon Cronenberg se ha convertido en ganador absoluto de esta rara y muy meritoria 53.ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges.

Con la concesión no solo del premio como mejor película sino también con la necesidad de la redundancia en el de mejor director, un jurado de perfil light ha querido mostrar hasta qué punto le rinde pleitesía a Possessor Uncut, largometraje que, desde luego, mejora con mucho las prestaciones de la ópera prima de Cronenberg júnior, aquella tremebunda Antiviral, del 2012. Pero que está muy lejos de anunciar que hay ya heredero no solo biológico sino además creativo para el talento visceral e innato del cineurgo canadiense que le dio apellido a Brandon.

No deja de ser paradójico, en ese sentido, que David Cronenberg haya competido en Sitges hasta en seis ocasiones -la última de ellas con Cosmópolis- y en ninguna de ellas haya merecido ganar con ninguna de sus películas lo que su hijo ha obtenido de buenas a segundas con Possessor Uncut.

Esta pieza es una compleja derivada del cine de conspiración, en la cual una corporación que representa intereses económicos globalizados organiza asesinatos por encargo. Y se vale para ello de una invasora de cuerpos ajenos, una Nikita high tech que se inserta a través de un microchip como huésped que vampiriza para matar.

Hay en Possessor Uncut un envoltorio formal bastante poderoso y algunas buenas ideas esparcidas. Pero es un filme de un preciosismo que no termina de resultar orgánico, como si la forma se impusiese finamente al alma.

Está justo en los antípodas de la que es la esencia del talento de David Cronenberg, que es la visceralidad, la pulsión incontrolable de matar, de devorar o de poseer. Por eso, frente a quienes se han apuntado muy rápidamente al carro de anunciar precipitadas epifanías con el hijísimo, a mí me parece que aún le faltan a Brandon Cronenberg muchos cola-caos, o mucho talento en polvo más fiero y menos repensado, para intentar hacer solo mínima sombra al genio de su progenitor. Dicho esto, la casi hegemonía de un Cronenberg en el palmarés -aunque no sea el original- le hace bien al festival de puertas para fuera.

Por fortuna, se nota que una parte del jurado apostaba por la película -para mí mucho más estimulante- La nube cuando se le concede a esta otros dos premios: la plata del premio especial del Jurado y el de interpretación femenina para la granjera acuciada por tormentos económicos y desequilibrios emocionales que encarna la excelente Suliane Brahim.

Esta primera película de Just Philippot -un nombre para seguir- es, en una nueva paradoja, mucho más genuinamente deudora del espíritu Cronenberg que la obra ganador. Porque la manera en la que ese invernadero se va apoderando del alma y del cuerpo de su dueña, investida como reina madre de una plaga de langosta, es verdadero terror psicosomático. Y sus escenas de insania y voracidad de la carne me siguen acompañando días después de exponerme a sus perturbadoras imágenes de cine soberbio y lúcidamente incómodo.

Lo mejor del festival, en los galardones paralelos

Luego hay algunos galardones que me parecen que sobrepasan el despropósito como premiar el guion de astracanada a lo ruso de Comrade Drakulich o ex aequo a Gregoire Ludig y David Marsais o los actores de la película de Quentin Dupiaux Mandíbulas, cuando como en todas las humoradas de este director los caretos de sus protagonistas parecen extras.

A una de las mejores películas de la competición, The Dark & The Wicked, se le dan títulos de consolación (mejor fotografía, una mención a su actriz, Marin Ireland) que suenan mucho a mala conciencia. Y se deja directamente fuera a otras dos obras esenciales de esta cosecha, rescatadas por los jurados paralelos: la francesa Teddy, un cruce entre el universo de paletos autoconscientes de la Francia profunda de Bruno Dumont con el cuento del patito feo gore de la Carrie de Brian de Palma, recibe el premio de la Crítica. Y la norteamericana She Dies Tomorrow, de Amy Seimetz, que es el gran legado cinematográfico de esta edición, una visionaria e imprescindible extinción de la humanidad, solo la ha valorado el Jurado Joven. Quizás como metáfora del porvenir a prueba de pandemias de este certamen y de lo que ha sido esta edición difícil pero casi admirable en cómo ha sacado adelante sus contenidos.

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