El Instituto Cervantes cerrará el año con pérdidas de 25 millones de euros

La situación financiera de la entidad obliga a descartar proyectos en su expansión internacional, como la apertura de un nuevo centro en Los Ángeles

Luis García Montero, director del Instituto Cervantes
Luis García Montero, director del Instituto Cervantes

madrid / colpisa

Los sucesivos confinamientos de la población provocados desde febrero en todo el mundo por la pandemia han colocado las cuentas del Instituto Cervantes, la institución creada hace 30 años para difundir el idioma y la cultura españolas en el mundo, en una situación complicada. «Más que navegar flotamos», resumió ayer su director, Luis García Montero.

La extensión del virus obligó a cerrar los 86 centros que el instituto tiene en 45 países y a suspender toda actividad presencial, principalmente los cursos de español para extranjeros y los actos y eventos culturales. El descenso de estudiantes matriculados es del 9 %, la caída de la expedición de certificados oficiales de nivel de conocimiento del español alcanza el 50 %, y fue preciso suspender 900 actividades culturales, lo que redujo los visitantes físicos en un 33 % (265.000 menos). El resultado ha sido una caída de ingresos por cuotas y matrículas de 18 millones, que para final de año alcanzarán los 25, pues algunas de las delegaciones siguen clausuradas y las que han reabierto están casi sin actividad presencial. Esto supone perder casi la mitad de la autofinanciación lograda el año pasado y crear un agujero del 20 % en el presupuesto. La delicada situación financiera obligará el año próximo a recortar las actividades culturales que había programadas y sobre todo a retrasar algunos grandes proyectos de expansión internacional, como el nuevo centro en Los Ángeles.

Descartado

García Montero admitió que está casi descartado que puedan poner en marcha a finales del 2021 el nuevo centro programado en Los Ángeles y que aún deberán esperar más los de Seúl y Washington. Pese a las dificultades, si han podido inaugurar su centro en Dakar (Senegal) -el primero en el África subsahariana- y están a la espera del fin de las negociaciones entre Reino Unido y la UE sobre el brexit para reabrir el centro de Gibraltar, «que no debió cerrar nunca», según el director.

García Montero indicó que la situación económica no es aún más comprometida porque se logró mantener la continuidad de algunos cursos de español gracias a la docencia digital. Aclaró que el Instituto Cervantes seguirá teniendo como base de su diplomacia cultural la actividad presencial -«porque somos una cultura del abrazo»-, pero añadió que la lecciones del presente y el futuro les empujan a ampliar su oferta digital. De hecho, han presentado al Gobierno «un ambicioso programa de transformación digital» de la institución que aspiran a ejecutar lo antes posible gracias a los fondos europeos que se asignarán a España para la recuperación. Muestra de la potencialidad de lo digital, sobre todo en los países sin presencia física de la institución, es que, mientras la pandemia suspendía actos, más de un millón de personas siguieron sus actividades culturales en línea frente a los 28.000 de un año antes.

La parte positiva es que García Montero aseguró que el descenso de actividad del instituto se debe en exclusiva a la pandemia, pues «el español como lengua está en un momento de seguridad y fortalecimiento», indicó. Es el idioma que hablan 489 millones de personas, el tercero más usado tras el chino mandarín y el inglés. «El prestigio del español está en un nivel alto», abundó, con fuerte demanda en los países anglosajones, en China, en el África subsahariana, y en otros como Francia o Suecia. De hecho, comentó, «las caídas en la matriculación de los cursos de español han sido pocas para lo que podían haber sido gracias al gran interés por el idioma».

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