El comisario Villarejo se cuela en las cloacas de los «Antidisturbios» de Rodrigo Sorogoyen

Este sábado falla los premios un jurado que, con Luca Guadagnino o Michel Franco, promete cosas muy locas

«Antidisturbios», de Sorogoyen
«Antidisturbios», de Sorogoyen

San Sebastián / La Voz

Después de ocho días de festival embozado en pandemia y del extraño caso del director Eugéne Green, expulsado como pelón Mr Hyde, sobre Donosti se abatió el ciclón Odette. Las siete plagas de Egipto. Así las cosas, en el pase matinal de la serie Antidisturbios, en una sala Kursaal que durante dos décadas ha conocido llenos cada mañana y ovaciones hasta al sereno, no pasábamos de cincuenta intemperantes en un silencio monacal. Fragmentos de apocalipsis. Luego ya se encarga de hacer mucho ruido Sorogoyen, que es director que necesita moverse en el ruido y la bronca. En la velocidad inopinada. Y luego siempre descarrila y se queda afónico mucho antes de la meta. Si esto le pasaba en películas de metraje convencional, imaginen el desmayo de seis horas de thriller policíaco que quiere ir también de político.

En una fractura de guion que ya padecía El reino, Sorogoyen aspira a abarcar de una parte, la acción frenética, en la que habita su grupo de agentes antidisturbios; y de otra, la denuncia de la corrupción en la cúpula y de la conspiración. Y en ese querer abarcarlo todo, en aspirar a ser a la vez Sidney Lumet -recuerden La ofensa, El príncipe de la ciudad, Serpico o Distrito 34- y Sidney Pollack ?Los tres días del cóndor o La tapadera- Sorogoyen se queda de una parte en el polar machirulo de fríos estereotipos que no cuajan. Y, de otra forma, en una madeja de podredumbre en la cadena de mando que es un puro descosido. Y que se saca de la manga a un sosias del excomisario Villarejo de tal facundia que parece más una de las celebrities de Joaquín Reyes que otra cosa.

Tal vez para escapar de la sombra de testosterona que hace su cine tan poco soportable (cuando hace película con protagonista femenina le sale Madre: no sé lo que es peor), Sorogoyen otorga a una actriz, Vicky Luengo, un rol improbable de personaje que descabeza los sucios conductos de las cloacas del estado. El que sí está espléndido es Raúl Arévalo. Con él en pantalla, te parece que estas ante Ley 627 o algo realmente serio. Qué gran actor, capaz de templar la acción en medio del ruido y la furia de la yenka de Rodrigo Sorogoyen. Muy pronto la podrán ver en una plataforma. Lo que hace más quijotesca aún esta acción de madrugar y vadear un tifón para perderte en el vacío del Kursaal.

«Wuhai», de Zhou Ziyang

La sección oficial se cerró con la película china Wuhai, de Zhou Ziyang. Aborda las desgracias sin fin de un protagonista que parece poseer el mal fario de quien monta un circo y le crecen los seres bajitos. Acumula deudas y todo su entorno le echa en cara ser un inútil. Sus suegros lo ningunean, su propia familia lo desmerece. Crees que la cosa es más bien una comedia cuando empiezan a suceder situaciones muy raras. Ha hecho tratos con una especie de gánster muy estrafalario, un tipo muy hortera que ha montado unas jaimas en medio del desierto de Mongolia que recuerdan a aquellas en las que el otrora amigo de Occidente Gaddafi recibía a los huéspedes de Estado. En realidad se trata de un parque temático de dinosaurios. De ese negocio solo vemos a un brontosaurio de cartón piedra al que el gafe protagonista acaricia los dientes sobre el crepúsculo. Por si no nos ha quedado clara la metáfora de que nuestro hombre es un perdedor, un loser, un ser de otra era, ya el director se encarga más tarde de redundar en la situación. Y nuestro antihéroe se adentra dentro de las fauces del dinoseto. Como Jonás en la ballena. A medida que discurre Wuhai, cada vez son más disparatadas las soluciones del guion. Lo que parecía comedia o matrimoniada deriva hacia tragedias encadenadas, muertes a la puerta de un hospital o agonías en la cima de un barranco. Te importa ya muy poco el desbarre. Supongo que la función de esta película en la sección competitiva es meramente numerológica. Se trataba de evitar que fuesen trece los títulos a concurso, en un septiembre que el festival necesitaba ?además del esfuerzo de su equipo- de mucha suerte para poder celebrarse.

Este sábado se decidirán los premios de una corta competición donde hay una obra esencial, la georgiana Beginning, tres apreciables películas de Ozon, Sharunas Bartas y Eduardo Crespo. Y todo lo demás. De un jurado donde el 50 % casi lo copan Luca Guadagnino y Michel Franco pueden salir cosas muy locas. Espero que no defrauden las expectativas del palmarés psicotrónico que prometen.

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