Nick Cave, compositor de canciones, poeta de la tristeza, el amor y la pérdida

El sello Libros del Kultrum publica el cuidado volumen bilingüe que reúne las letras completas del músico australiano

Nick Cave, en la película «20.000 días en la tierra», un documental sobre el músico australiano dirigido en el 2014 por Iain Forsyth y Jane Pollard
Nick Cave, en la película «20.000 días en la tierra», un documental sobre el músico australiano dirigido en el 2014 por Iain Forsyth y Jane Pollard

Redacción / La Voz

Dice Nick Cave (Warracknabeal, Victoria, Australia, 1957) que aprendió de la Biblia, y en particular del Antiguo Testamento, que «los versos que emanan felicidad, éxtasis y amor pueden contener, a su vez, sentimientos aparentemente opuestos -odio, venganza, violencia extrema, etcétera-; sentimientos que no son mutuamente excluyentes».

La canción de amor, asegura, «nunca es, sencilla y llanamente, felicidad». Es más, incide, «esas canciones que hablan de amor sin tener entre sus versos un lamento o una sola lágrima, no son Canciones de Amor en absoluto, sino más bien Canciones de Odio disfrazadas de Canciones de Amor y no merecen, ni siquiera, nuestra más mínima atención. Estas canciones nos despojan de nuestra humanidad y de nuestro derecho, por Dios concedido, a estar -y a sentirnos- tristes; y las ondas están infestadas de ellas», reprueba.

Los detalles de esta poética los desarrolla Cave en un ensayo que acompaña la cuidada edición bilingüe que el sello Libros del Kultrum publica de Letras. Obra lírica completa 1978-2019, un trabajo que compila todos los textos de canciones del autor australiano y que llega este lunes a las librerías. La conferencia que sirve de breve prólogo al propio cancionero fue pronunciada por Cave en 1999 en el Meltdown Festival en el South Bank Centre de Londres, y en realidad revisaba una ponencia que había ofrecido el año anterior en la Academia de Poesía de Viena.

Quién le iba decir a aquel cantante lleno de ira salvaje pospunk y líder de The Birthday Party, banda de Melbourne, que -ya afincado en Londres, temporalmente en Berlín y últimamente en Brighton- llegarían a llamarle crooner inicialmente sin demasiado convencimiento y que después sería una figura sagrada del universo de los cantautores e incluso un escritor respetado en los medios académicos.

Él mismo bromea con la idea de jugar un papel similar al de su padre como profesor que Cave, siendo un chiquillo (y como hijo), deploraba. Su epatante actuación en el filme de Wim Wenders Cielo sobre Berlín fue un paso decisivo en su consagración como icono de la música popular.

En su querido papel de predicador enajenado, Cave es capaz de volver a aquellos días de fuego e inmolación punk de los inicios, pero igualmente de levantar piezas impecables en el canon del rock and roll (con Grinderman también), de introducir coros negros en sus complejas composiciones, arreglos de cuerda, de erigir baladas redondas como disparos al corazón, de sentarse al piano y dejar con su voz canciones secas, desgarradoras, intimistas, conmovedoras, dulces como la melaza y la hiel, de crear bandas sonoras ajustadas a la narración que -exagerando un poco- casi podrían firmar clásicos como Max Steiner o Alfred Newman.

Cualquier registro puede ser su registro, de proponérselo, entre la máxima violencia y la melancolía más absoluta. Mientras, otros como el gran Blixa Bargeld, con quien montó la banda The Bad Seeds en los primeros 80, siguen varados en lo más acre, el sonido industrial de Einstürzende Neubauten.

La escritura como vía para superar el dolor por la muerte de su hijo Artur

Nick Cave, pese a su condición de divo inalcanzable, suele quitarle hierro a su trascendencia creativa. Es, para él, un mero ritual, como una disciplina: «Me siento en un escritorio y escribo; es apenas más que eso. Incluso en los días más oscuros del pasado, simplemente me sentaba y escribía. Pasaban cosas alrededor de eso, sí, pero básicamente era solo eso. En mi cabeza resulta fascinante, es un mundo imaginativo que estoy creando y que a mí me interesa; pero en realidad es bastante aburrido visto desde afuera», decía en una rueda de prensa a raíz de uno de sus conciertos en Buenos Aires.

El caso es que esta máquina de escribir ha sido su refugio, su tabla de salvación tras la muerte por desgraciado accidente en julio del 2015 de su hijo Arthur, a los 15 años, al caerse por un acantilado de Brighton tras haber consumido LSD. Y ese dolor extremo lo ha elevado en la inspiración hasta alumbrar dos de sus mejores trabajos, Skeleton Tree y Ghosteen.

Ahora, el lector, el fan, podrá acceder a sus textos, los originales y la traducción castellana, y tratar de penetrar el secreto de este trovador, este poeta de la desesperación, la tristeza, el amor y la pérdida, que habla de la saudade portuguesa y el duende de Lorca como fuentes de su musa, de su idea de canción de amor.

Si el covid-19 lo permite, Nick Cave & The Bad Seeds visitarán España en el 2021, los días 23 de mayo (WiZink Center, Madrid) y 27 mayo (Palau Sant Jordi, Barcelona). Entre medias, el día 24, estarán en el Altice Arena, en Lisboa.

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