Woody Allen pasea por San Sebastián, con «Rifkin's Festival», a Bergman, Buñuel, Truffaut, Godard y Renoir

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La actriz estadounidense Gina Gershon posa en la alfombra roja donostiarra en la presentación este viernes del filme de Woody Allen «Rifkin's Festival»
La actriz estadounidense Gina Gershon posa en la alfombra roja donostiarra en la presentación este viernes del filme de Woody Allen «Rifkin's Festival»

S. Sebastián / E. La Voz

Hace ahora algo más de un año Woody Allen rodaba en San Sebastián la que probablemente haya sido la más dificultosa de sus producciones. Era así por las condiciones ambientales que para él derivaron de la reverberación de su lejana ruptura con Mia Farrow y de las acusaciones gravísimas que la actriz vertió sobre él. Pese a que en los tribunales Allen recibió una primera exculpación, en el 2014 Farrow y quienes apoyaban su campaña devolvieron la golpiza al primer plano, al calor de situaciones como la del violador y abusador múltiple el nauseabundo Harvey Weinstein. Mientras dirigía Rifkin’s Festival, el filme que inauguró este viernes el certamen donostiarra, Allen vio cómo actores y actrices que habían trabajado con él lo repudiaban en público. Y Amazon congelaba Día de lluvia en New York, una película magistral que felizmente se pudo rescatar en Europa ese otoño.

Todo esto lo cuenta el director en las impagables páginas de su biografía publicada en España justo antes de la pandemia. Y también se respira ese estado de precariedad en la producción y el estilo muy al desgaire, o directamente desaliñado, de Rifkin’s Festival. Para comenzar, del alter ego de Allen se ocupa el gran Wallace Shawn, uno de los mejores amigos del director, eminencia del cine y la escena, protagonista entre otras de dos películas cenitales de Louis Malle, Vania en la calle 42 y Mi cena con André. La actriz principal, en la ficción la esposa de Wallace Shawn, que lo va a abandonar para liarse con un prometedor auteur francés, es Gina Gershon, ya no devaluada sino casi desaparecida. Tal vez, un indicio de que la atmósfera en Hollywood había situado a Allen como paria o intocable.

Estas circunstancias inyectan a Rifkin’s... un aire de cine de director fugitivo (como en los 50 lo fueron Losey o Dassin) y puede explicar las carencias estructurales de la película. Pero no la escritura tan endeble del guion, mal remedo de un leit-motiv muy alleniano: ese arquetipo de hombre mayor, con físico de antigalán, situación sentimental hecha trizas y la esperanza taumatúrgica de una mujer más joven que surge como vana quimera. Pero sin que nunca funcione el enredo de parejas entrecruzadas en conflictos de cuernos. En concreto, Elena Anaya y Sergi López están desasistidos de percha. Y creo que la borrachera poscoito del catalán es la peor secuencia nunca filmada por el neoyorquino.

Quedan las postales de Donostia. Rescatables son algunos de los excursos cinéfilos de Allen: los sueños o evocaciones como gags en blanco y negro y trazo algo grueso sobre Bergman (Persona y El séptimo sello), Truffaut (Jules et Jim), Godard (Al final de la escapada), Buñuel (El ángel exterminador) y Renoir (La comida en la hierba). Y no dejo fuera una situación de comicidad memorable: el productor que le dice a una top-model que él prepara un filme sobre Eichmann y ella da el tipo perfecto de Hanna Arendt. Por lo demás, Rifkin's Festival supone un frenazo en esta segunda edad de oro que la filmografía de Allen vivía desde que casi encadenó las soberbias Irrational Man, Blue Jasmine, Wonder Wheel y A Rainy Day in New York. Y resta ver si este estado de excepción en torno a él permite que todavía nos legue un par de piezas para cerrar uno de los corpus cinematográficos más opulentos del último medio siglo norteamericano.

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Ana Abelenda
El ilustrador Jordi Labanda, autor  del cartel de la nueva película de Woody Allen
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El diseñador, autor del cartel de «Rifkin's Festival», se posiciona a favor del genio de Manhattan en el punto de mira

El lujo tiene una levedad refrescante en sus viñetas, humor de colorines con clase, que sabe vestir. A Jordi Labanda, que le ha puesto el punto de glamour hasta a las mascarillas (echa un vistazo a su Instagram), Woody Allen digamos que lo fue a buscar a casa. «Me contactó Mediapro, la productora, diciéndome que si me interesaba hacer el cartel de esta película, que habían hablado con Woody Allen, que le habían hecho la propuesta de que hiciese yo el cartel ilustrado y todo estaba ok. Y que solo me faltaba decir sí o no...», cuenta Labanda, el retratista de los ambientes y la gente fashion, sobre esa invitación a ilustrar Rifkin's Festival

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