Las salas de conciertos gallegas lanzan el SOS: «El 30 % van a tener que cerrar»

Javier Becerra
javier becerra REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

MARCOS VAZQUEZ, UNO DE LOS SOCIOS DE LA FABRICA DE CHOCOLATE CLUB
MARCOS VAZQUEZ, UNO DE LOS SOCIOS DE LA FABRICA DE CHOCOLATE CLUB M.MORALEJO

Las clausuras motivadas por las medidas adoptadas en la crisis del covid-19 ponen en peligro el sector

17 sep 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Las declaraciones de Cristina Toba, dueña del Bâbâ Bar de A Coruña, en La Voz el pasado 6 de septiembre dispararon las alarmas. «Estoy al límite. Como no pase un milagro, voy a tener que cerrar puertas», advertía. En marzo su pequeña sala tenía empleada a una camarera, un cocinero y un técnico de sonido. También, tres meses de programación cerrada. El estado de alarma lo desbarató todo. Los conciertos se cancelaron, los empleados fueron al ERTE y los gastos continuaron. «Pensaba regresar en septiembre. En julio estuve haciendo arreglos para la vuelta», señala. Ahora se encuentra atrapada: «No me dejan abrir y no puedo mantener gastos. Si cierro tengo que devolver el ERTE, unos 4.000 euros. ¿La única opción que me dan en esta situación? La de arruinarme».

El caso del establecimiento coruñés sale a flote como un ejemplo de la extrema debilidad de un sector que se considera olvidado y maltratado por las diferentes Administraciones. Marcos Vázquez, socio de La Fábrica de Chocolate de Vigo, se muestra tajante: «Cerrar salas es muy popular porque parece que es algo muy potente y no es nada. La decisión es arbitraria. En Galicia no puedes dar un concierto en una sala a las ocho de la tarde, pero sí en un salón de banquetes de una boda. Todo es un absurdo». Su pronóstico: «El 30 % de las salas de Galicia van a tener que cerrar o cambiar su actividad. Eso es más doloroso, porque pasar de una sala a un pub supone un fracaso cultural. Y los que queden van a tener que adelgazar su plantilla».

El desgaste se palpa. David Pedrouzo lleva el Café Pop Torgal de Ourense y trabaja en el ciclo Son Estrella Galicia, que nutre de programación a numerosas salas. «Tuvimos que parar todo y nos pusimos a trabajar para octubre del 2020 con la nueva normalidad y las medidas de seguridad que nos obligaban a reinventarnos. Y no nos han dejado ni reactivar». Se refiere al cierre del ocio nocturno decretado en agosto en Galicia y, después, a nivel nacional. Ahí se incluyen las salas, sin excepción posible. «Se nos está criminalizando antes de empezar, cuando vas a terrazas o restaurantes y ves que ahí hay mucho más riesgo que en un concierto en una sala», arguye.