El cine de «El glorioso caos de la vida», una atinada cuestión de estilo

Miguel Anxo Fernández

CULTURA

Fotograma del filme «El glorioso caos de la vida»
Fotograma del filme «El glorioso caos de la vida»

La joven realizadora australiana Shannon Murphy reivindica en su ópera prima el arte de contar historias en imágenes de otra manera

28 ago 2020 . Actualizado a las 08:53 h.

Si lo que exigimos al cine son temas originales, lo tendríamos bastante crudo, que más de un siglo de películas dieron para mucho y las vetas cada vez son más escasas. Pero si nos conformamos con miradas frescas, vueltas de tuerca con un aquel de singularidad, o simplemente reivindicando el arte de contar historias en imágenes de otra manera, El glorioso caos de la vida se apuntaría a eso con el añadido de suponer el debut de su joven directora, la australiana Shannon Murphy, procedente del teatro y con pinitos en episodios de series, y que aquí rueda un guion ajeno, de ahí que su crédito suba unos enteros más.

La secuencia final me parece de una poética como hacía tiempo no veía. Cierto que las tramas de enfermos terminales acabaron trivializadas por la televisión de sobremesa, la de las lágrimas como sorbetes, por eso estos mimbres pudieran aparentar las suelas de un peregrino, de tan gastadas... pero no. Es así por dos razones, el cuidado trabajo de actores y la estructura elegida, lo que no implica que la factura del principiante pase al cobro.

A Toby Wallace, el coprotagonista, le reconocieron en Venecia con el premio al mejor actor emergente y en su registro de joven colgado y marginal vemos agudos trazos de madurez dramática. Creerse a un personaje así en la pantalla es un desafío porque o se pasan de frenada o se van al limbo de lo inverosímil. Ya es mérito para un casi debutante. Como Eliza Scanlen, lidiando con un personaje sometido a tratamiento, peluca incluida. Es una adolescente en medio de una familia de clase media en la que su mal irrumpe con consecuencias no imaginadas.