La delgada línea del crimen


Escritora autodidacta como otra de las venerables damas del género de misterio y suspense, Mary Higgins Clark, recientemente fallecida, Anne Perry ha vendido alrededor de treinta millones de libros. Su decisión de convertirse en novelista es fruto del tesón personal, también como en el caso de su colega. Pero mientras Higgins Clark apuesta por un tipo de relato blanco, que rehúye la violencia, el sexo e incluso el lenguaje malsonante, Perry, sin necesidad de enfangarse, trata de ir más allá, a las zonas oscuras del alma humana, en un intento de no servir puras tramas adivinatorias, esos fríos puzles de Agatha Christie que tanto detesta. La brutalidad del asesinato que ella misma cometió siendo una joven (junto con su amiga, mataron a la madre de esta a ladrillazos) avala la legitimidad de su opción: sabe que con muy poco el hombre puede cruzar la delgada línea que lo separa del crimen. El comportamiento de los personajes y las elecciones que adoptan tienen mucho peso en sus tramas.

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