Antonio Durán, «Morris»: «Soy un individuo de la calle»

El popular actor afirma que andar le ayuda a desconectar y muestra su cariño por el Celta y las tardes en Balaídos


Antonio Durán (Vigo, 1959) forma parte de esa raza de actores que se elevan con la edad. Serio y profundo, vive un momento interpretativo dulce que, dice, quiere aprovechar.

-¿En qué proyectos está ahora?

-Un poquito de todo. Tras el confinamiento grabé un episodio de Hierro; voy a empezar una colaboración en una película de Dani Guzmán; hice un corto con Dani de la Cruz en Os Peares, el pueblo de mi madre, que me hacía mucha ilusión...

-¿Su madre es de Os Peares?

-Sí, toda mi familia. Yo soy el único que nací en Vigo.

-Ahora lo entiendo todo.

-No tiene nada que ver con el presidente.

-Solo era una broma.

-Ya, bueno.

-La verdad es que usted trabaja muchísimo.

-Sí, pero también es cierto que me considero un currante del audiovisual. Yo me acomodé en Galicia cuando se creó el audiovisual aquí y quizás debí haberme partido un poco el pecho, ser más ambicioso con algunas cosas. No me arrepiento porque es cierto que desde hace 40 años no paré de trabajar. Pero también que mi físico es muy característico de secundario, episódico en series... Debe ser una historia muy especial para que encaje como protagonista.

-Benditos secundarios.

-Es que yo estoy muy orgulloso de todo eso porque la historia de los grandes actores en España es la historia de los secundarios. Y ahora estoy viviendo una segunda vida más fuera de Galicia que aquí.

-Ahora se le ve muy sólido. Ha ganado con la edad.

-Son muchos años. Los años te dan madurez y te permiten darte tus tiempos, porque eres dueño del texto que dices. Y, además, te caen papeles que, aunque sean pequeños, son más interesantes. Y si soy algo solvente en mi trabajo es gracias a haber hecho comedia muchos años.

-Para interpretar hay que haber vivido.

-Inevitablemente. Y no tiene que ver con la felicidad o con el éxito, sino con que tu mirada se va transformando. Cualquier mirada de alguien que haya vivido dice miles de cosas en un segundo. Y te puedes quedar prendado de ella. Esa posibilidad es muy bonita.

-A los actores no les gusta mucho que les pregunten por sus personajes favoritos, pero yo no puedo evitarlo.

-Los quiero a todos porque me dieron distintas cosas. Algún trabajo sí que lo sufrí, pero de los fracasos se aprende. El Milhomes de A Esmorga fue uno de los más duros que interpreté, porque había que medirlo muy mucho. Yo tenía muy presentes las palabras de Blanco Amor y sabía que el público lo iba a tener en su mente, porque es un libro muy leído. El personaje de Charlín también fue un regalo. Y el de Princesas, porque fue un gran revulsivo en mi carrera.

-Tiene una carrera muy larga.

-Sí. A veces la carrera de un actor puede ser algo absurda. Yo me acuerdo de hacer Luna, el misterio de Calenda, una serie de Antena 3 y había un director que también estaba haciendo Aída, la comedia de Tele 5. Y yo le dije que a ver si me podía meter en algún episodio. Y me miró y me dijo: «Hombre no me jodas, ¿tú en comedia? Ni me lo imagino». Así que ya ve.

-¿Lo de Morris es por lo de Moreiras?

-Sí, desde el colegio. Y se afianzó en la etapa de la militancia política. Era mi nombre de guerra. Voy a hacer una confesión: yo creo que mi primer papel dramático, aunque entonces no lo supe analizar, fue con un megáfono, cuando pertenecía a los círculos galegos revolucionarios. Porque yo no soy un actor vocacional pero entonces, sin tener tenía ninguna formación política, cogía el megáfono en la calle del Príncipe y me enrollaba que daba gusto.

-Con tanto hecho, ¿hay algo que le apetezca especialmente?

-Cada trabajo nuevo es una aventura. Lo que me apetece es vivir intensamente este momento de la vida con la interpretación. Siento que es un momento muy chulo. Quiero aportar, no soltar texto.

-Por cierto, ¿Qué tal el confinamiento? ¿Sacó alguna lección?

-Aún estoy un poco mareado. Por un lado me vino bien. Al no estar pendiente de la profesión durante tres meses me dio cierto descanso y aún sigo con una cierta pereza. Relativizo un poco más las cosas. Ha sido una pandemia de tristeza y que nos ha convertido a todos un poco en policías. Y eso no me gusta nada. Yo creo que vamos a salir mucho peor de lo que estábamos a todos los niveles.

-Dejemos la interpretación. Lo de Celta o Dépor, no debería preguntárselo. ¿No?

-Soy socio del Celta desde pequeño. Y lo sigo siendo porque es el único sitio donde el olor sigue siendo el mismo. En el fútbol cambiaron muchas cosas, pero el estadio, la gente, esas 30.000 personas que se pueden abrazar, cuando en la vida no consigues que tres personas lo hagan por un mismo objetivo... Eso me hace muchísima gracia.

-Busque cuatro palabras que le definan.

-Soy autoexigente, un individuo de la calle, soy trabajador y leal.

-¿Qué es Galicia?

-Mi sensación con Galicia es de amor odio. Podría decir que Galicia es el país donde nada es lo que parece.

-¿Sabe perder el tiempo?

-Aprendí a hacerlo. Donde más me gusta es en la calle, porque camino mucho. Para mí es una cura.

-Camina por salud.

-Sí, por salud mental. En Vigo me conocen mucho de verme por la calle caminando. Es cuando soy feliz, cuando me descansa la cabeza.

-¿Tiene otras aficiones? ¿Colecciona sellos, se tira en paracaídas...?

-No me tiré en paracaídas pero me caí en globo a la ría haciendo de Rey Mago, ja, ja. Lo que hago a diario es salir por el casco vello a tomar unos vinos. A veces encuentro a alguien y a veces no. Una de las razones por las que me quedé en Vigo es que mi círculo de gente no tiene que ver con la profesión. También voy al cine. Tengo un carné para ir de por vida a los multicines Norte. Uno de los regalos más bonitos que me han hecho.

-Y cocinar, ¿qué tal?

-Nada. Nunca he comido en casa. Tuve que hacer un cursillo acelerado durante el confinamiento.

-¿Tiene un rincón favorito?

-El casco vello y muchos sitios de Teis. Me encanta la zona de Barreras, los astilleros. Conozco muchos sitios de Vigo muy, muy especiales.

-¿Se arrepiente de algo?

-No. Bueno, quizás de no haber equilibrado mejor mi vida personal con la profesional.

-Dígame una canción.

-Perfect day, de Lou Reed.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Vivirla, claro. Pero yo no tengo la fórmula.

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