Luís Pousa «se abre el pecho en canal» en su nuevo libro de autoficción «El cielo invisible»

El escritor y periodista revisa una historia familiar marcada por una dolencia congénita del corazón

El periodista y escritor Luís Pousa
El periodista y escritor Luís Pousa

Redacción / La Voz

«De repente te das cuenta de que has vivido ya más tiempo que tu padre y te queda en el cuerpo una sensación extraña, paradójica». Quien habla es el periodista de La Voz de Galicia Luís Pousa (Lugo, 1971), que el 27 de febrero del 2018 se dio cuenta que tenía una edad a la que su padre ya había fallecido, a los 46 años, como consecuencia de una dolencia de corazón que, por cierto, él también padece y que, seguramente, provocó asimismo la muerte de su abuela. Solo los fabulosos logros de la medicina, es consciente Pousa, le han dado a él cierto privilegio en la relación con estos males cardíacos hereditarios. De hecho, en julio de aquel año, el también escritor y matemático se vio obligado a someterse a una segunda operación a corazón abierto. Esas dos circunstancias vitales —la temprana desaparición del padre y el haber superado una segunda intervención que, pese a todos los avances quirúrgicos, era un poco «jugar una vez más a la ruleta y sabiendo lo que sabía, porque ya había pasado por una primera»— están en la raíz de su nuevo libro, El cielo invisible, que acaba de publicar de la mano del sello Reino de Cordelia.

El texto, narrativo, está a medio camino entre la autoficción, la memoria, la confesión, el dietario literario y el ensayo, como ya le ocurrió con Breviario del bus. «Es de nuevo un libro sin género definido. ¿Será un libro transgénero? Si hubiera que ponerle un género, con la misma obligación que les ponemos un nombre a los niños al nacer, quizás le pondría el de automoribundia, un género formado por ese libro único de Gómez de la Serna», dice el autor.

Aunque empapados en un sutil humor casi negro, hay en estos escritos una especie de exorcismo, o de ejercicio de consolación —al modo en que los griegos entendían este género que habían creado para aliviar una pérdida—: «Es como quien se abre el pecho en canal», aclara quien sabe muy bien en qué consiste tal cosa (y literalmente).

Los textos originales fueron apareciendo en la cuenta de Instagram de Pousa, publicados uno cada día, durante un mes, a finales del 2018. Solo después los reelaboraría para darles el formato de libro. Aquellas circunstancias mentales movieron al periodista a mirar hacia el pasado, y la curiosidad inicial acabó derivando en una indagación sobre sus abuelos Luisa y Aquilino y su bisabuelo Juan, de quien, por cierto, descubrió en estos viajes que había sido miembro de la organización libertaria coruñesa La Antorcha Galaica del Libre Pensamiento, cuya biblioteca acabó ardiendo en la pira del alzamiento del 36.

Este vaciarse, desnudarse, quiere Pousa que no sea un choromiqueo, por eso recurre al humor «para evitar concesión a solemnidades, pedanterías y cursilerías». En este sentido, reseña, en la asunción del pasado y las miserias propias encontró un buen material literario de partida, pero también apunta que con eso no pretende verse como un caso especial, como una víctima de nada o «alguien con una vida desastrosa». Y es que sabe que hay mil vidas narrables y que, precisamente, tras su experiencia particular aflora una vivencia universal. Algo, además, que ha percibido entre sus lectores, que le dicen que se han reconocido en su relato y que este les ha empujado a volver sobre su pasado, sobre su propia memoria familiar, de una forma bastante gozosa que los reconcilia con sus muertos.

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