César Antonio Molina emprende un viaje literario a «Lima, la sin lágrimas»

x. f. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

El escritor, gestor cultural y exministro socialista César Antonio Molina
El escritor, gestor cultural y exministro socialista César Antonio Molina EUROPA PRESS

El escritor gallego firma un homenaje, entre la crónica y el ensayo, a la capital peruana

02 jul 2020 . Actualizado a las 14:49 h.

Los poetas peruanos César Moro y Salazar Bondy acuñaron y difundieron la expresión «Lima la horrible». Una «diatriba injusta», a ojos de César Antonio Molina (A Coruña, 1952), que repara este agravio con el viaje literario que emprende al pasado y presente de la capital peruana en Lima, la sin lágrimas (La Línea del Horizonte Ediciones). La obra, un híbrido de ensayo y crónica viajera, cohesionada en todo momento por la claridad y precisión del lenguaje periodístico, se presenta este jueves en la librería Cervantes y compañía de Madrid (19.00) en un acto que se podrá seguir vía Zoom (información en info@cervantesycia.com). En un acto no carente de justicia poética, Molina rebate esa «monserga» de «Lima la horrible» con un hermoso homenaje a la ciudad a través de lo matérico -«¿Cómo puede ser horrible una ciudad con un patrimonio histórico y artístico semejante?», escribe- y lo espiritual que aporta la literatura: «En pocas ciudades del mundo he visto tanta atención a sus escritores como en Lima».

El escritor y exministro de Cultura se remonta al Inca Garcilaso de la Vega para ofrecer un retrato libresco de Lima, que no deja fuera a ninguno de los nombres esperables -Vargas Llosa, Ribeyro y Blanca Varela, entre otros- pero también aporta otras miradas menos asociadas con la ciudad, como la de los norteamericanos Herman Melville o Allen Ginsberg. A partir de este retrato indirecto, toma el mando del libro la primera persona y Molina guía al lector por las calles, los palacios coloniales y las librerías, entre otros enclaves reseñables, de la capital. La descripción y la reflexión se superponen al acto mismo de andar, como un flâneur del Sena transportado a las orillas del Rímac que fluye hasta el Pacífico.

Este homenaje literario reconoce la evidencia de no poder abarcar la totalidad de la ciudad -«Aunque Lima es infinita, el tiempo no lo es»-, pero cumple a la perfección su propósito de revelar uno de los mundos posibles que habitan en ella.