Muere Carl Reiner, leyenda de la comedia estadounidense

Creador de «The Dick Van Dyke Show», compañero artístico de Mel Brooks y padre de Rob Reiner («La princesa prometida»), dirigió conocidas comedias como «Cliente muerto no paga» y formó parte de los Oceans Eleven


La comedia está de luto. Carl Reiner, leyenda del género en Estados Unidos, ha fallecido a los 98 años tras siete décadas de incansable labor: prolífico actor, director, productor y guionista. En la década de los cincuenta se alió con Mel Brooks -amigos íntimos desde entonces- y juntos pasaron a integrar un genial dúo cómico que en 1960 parió The 2000 Year Old Man, un venerado sketch, imprescindible para cualquier entusiasta del humor, en el que Reiner, en la piel de un recto entrevistador de televisión, se interesaba por la vida de Brooks, un hombre de dos mil años que de todo sabía. Comenzó como una broma privada, una cháchara para hacerse reír el uno al otro que se convirtió en un éxito inmediato.

Reiner era infatigable, padre fundador del humor judío estadounidense de posguerra. Tan divertido como fecundo a la hora de producir, comenzó su andadura en Broadway y alternó cómodamente cine y televisión, saltando de uno a otro: debutó en la gran pantalla con Enter Laughing, adaptación de una novela semiautobiográfica; y a él le deben los espectadores El show de Dick Van Dyke, una popular metacomedia sobre un guionista de un show de variedades de Manhattan emitida entre 1961 y 1966 que se hizo con 15 Emmys y dos Globos de Oro y cuatro míticos largometrajes que sacó adelante mano a mano con Steve Martin: Un loco anda suelto (1979), ese homenaje al cine negro que es Cliente muerto no paga (1982), Un genio con dos cerebros (1983) y Dos veces yo (1984). Actuó además en las comedias El arte de amar (1965) y ¡Que vienen los rusos! (1966) y se puso tras las cámaras en otras cintas como ¡Oh, Dios! (1977).

Su voz, contundente y evocadora, le valió tareas tras los micros: presentó concursos, grabó discos de chistes y monólogos, y dobló Padre de familia y, entre otras, American Dad; aún el año pasado puso sus cuerdas vocales al servicio de Carl, el rinoceronte de Toy Story 4. Pero hubo otra voz en Reiner, la que creó un lenguaje propio de comedia del que más tarde beberían Seinfeld, El Show de Larry o 30 Rock, de Tina Fey. A principios de siglo, Steven Soderbergh lo fichó como uno de los miembros fijos de su popular banda de ladrones liderada por George Clooney y Brad Pitt. Así, las nuevas generaciones quizá le conozcan por su papel secundario de Saul Bloom, el estafador más veterano de la saga Ocean's, y las no tan nuevas sabrán quién es también su hijo, el director y actor Rob Reiner (La princesa prometida, Cuando Harry encontró a Sally). «Me duele el corazón», publicó sobre la muerte de su padre en Twitter, foro donde, a pesar de su avanzada edad, el propio Reiner cargaba a menudo contra el presidente estadounidense, Donald Trump. «Falleció anoche -escribió Rob este martes-. Él era la luz que me guiaba».

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