La crueldad que rezuma


argas se ha construido un sólido camino desde entonces. Y es que en el 2021 se cumplirán 30 años de la publicación de El hombre de los círculos azules, la novela en la que hizo debutar al comisario Adamsberg, su más feliz creación literaria y con aún cuerda para rato (su última entrega fue Cuando sale la reclusa, 2017). Este ser físicamente contrahecho —«con el cuerpo de un niño asilvestrado», le dice una de sus superioras en el cuerpo policial— y con una poderosa intuición para detectar «la crueldad que rezuma», incluso antes de que aflore el crimen, llega a París precedido de una impecable pero extraña fama tras su exitoso paso por los Pirineos, de donde es natural, condición además que refuerza su carácter exótico a ojos de los colegas capitalinos. Su autoridad emana de no ejercerla con ostentación y de ese respeto reverencial que merecen sus peculiares métodos de investigación. Sus primeros pasos parisinos son magníficos para conocer y amar el personaje (como también a Danglard), que ya no abandonará al lector.

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