Martín Caparrós: «Vivimos una época que no ha logrado construirse un futuro deseable»

«Sinfín», el nuevo libro del periodista argentino, es una «ficción sin novela» de tono sombrío con destellos de humor

X. F.
redacción / la voz

La nueva novela Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957), Sinfín (Alfaguara), se sitúa en el futuro cercano para hablar del presente. Narrada en primera persona por una periodista, es una crónica sobre el porvenir de la humanidad en tono sombrío y cínico que mantiene los destellos de humor que caracterizan a Caparrós.

En un mundo azotado por nuevas cruzadas religiosas y controlado por corporaciones que manipulan y extienden los límites de la vida humana para quienes pueden pagarlo, un invento da un paso más allá al prometer la vida eterna. Se trata de Tsián (paraíso, en chino), una máquina a la que millones de personas transfieren sus cerebros para seguir existiendo en un mundo virtual diseñado a su medida. En este contexto, una relatora intentará revelar la historia del surgimiento de Tsián y lo que se oculta detrás de sus promesas.

-El libro habla de cómo la religión, la ciencia y la tecnología moldean nuestra percepción de la realidad. ¿Cree que la tecnología ha reemplazado a la religión en tanto paradigma o dogma?

-La religión es puro relato y ese relato produce efectos sobre la realidad. La ciencia y la técnica, en cambio, producen efectos pero no porque te convenzan de nada. No se necesita que uno crea para que esos efectos sean reales. Pero las personas pueden reemplazar la fe que necesitan tener en algo. Dejar de depositarla en dioses y reemplazarla por una fe en los prodigios de la técnica. Incluso podría pensar que la forma en que vivimos ha cambiado en estos días por un imperativo científico. La ciencia nos impone lo que tenemos que hacer. En este caso, la cuarentena. Quizás en otros momentos una enfermedad como el coronavirus hubiera producido la necesidad de procesiones como forma de combatirla. Hay lugares donde efectivamente la religión está perdiendo peso e importancia, como Europa occidental, y hay lugares donde no. En América Latina la religión católica está perdiendo peso pero lo que la reemplaza no es el racionalismo o el ateísmo sino, si acaso, la religión evangélica.

-En «Sinfín» el relato sobre la tecnología tiene más peso que la tecnología en sí misma y se convierte en algo dogmático.

-Sí, la vida después de la muerte que la técnica promete en Sinfín es tan incomprobable como la vida después de la muerte que promete la religión desde hace dos mil años.

-La versión oficial de la creación de Tsián es otro relato, la MásBellaHistoria. ¿Cuál cree que sea la MásBellaHistoria de nuestro tiempo?

-Casi todos vivimos en un mundo fabricado por relatos. Por ejemplo, el relato de la patria, de la nación. El hecho de que Galicia sea distinta de Portugal, por ejemplo, cuando Galicia es mucho más parecida a Portugal que al País Vasco. Esto forma parte de un relato que se ha impuesto tan eficientemente que ya lo pensamos como realidad, cuando en verdad podría perfectamente no ser así.

-Lo mismo pasa con los relatos en torno a la riqueza...

-Lo que a mí más me impresiona es el relato según el cual los ricos son necesarios y beneficiosos para la sociedad, porque supuestamente dan trabajo y producen efectos benéficos con su dinero, cuando en realidad usan el trabajo de miles de personas para hacerse más ricos todavía. Y el hecho de que alguien concentre esa cantidad de riqueza supone que hay muchos que no tienen suficiente.

-¿Se inspiró en otras obras que hayan predicho el futuro?

-En realidad yo terminé Sinfín hace un año y medio. Después de eso vi Years and Years, que habla también del futuro en un tono oscuro. Algún episodio de Black Mirror también. Me parece que hay una movida de contar futuros y son siempre poco auspiciosos. Creo que vivimos en una época que tiene miedo de su futuro y hay relatos que lógicamente lo reflejan.

-¿Por qué vemos así el futuro?

-Es una época que no ha conseguido todavía construir una idea de futuro deseable. No tenemos un modelo de sociedad que querríamos en un futuro próximo. No deseamos nuestro futuro porque no sabemos cómo queremos que sea, entonces tenemos más miedo que esperanza.

-¿Cree que Europa está en una decadencia como sucede en el libro y finalmente termine en manos de China e India?

-Sí, Europa ha pasado los últimos 80 años decayendo y sin duda China va a volver a ser el país más poderoso. Desde el 1700 al 2000 hubo ciertas confusiones y dejó de serlo, pero volverá a serlo como siempre y el mundo se reordenará. Europa sigue siendo el lugar más amable para vivir, pero no sé cuánto durará eso.

Con las Tsián, las vidas después de la muerte que plantea Sinfín, individuales y desconectadas del mundo, los efectos sobre el mundo material son sociedades con comportamientos cada vez todavía más individualistas.

-¿Cree que una sociedad deseable tienda a lo contrario, a comunidades más abiertas y unidas?

-Sí, a grandes rasgos, pero esto es demasiado vago como para concretarlo en una idea que nos sirva para trabajar hasta hacerla realidad. Por eso tememos al futuro. Efectivamente, en Sinfín, el negocio que se propone es «te ofrezco la vida eterna pero a cambio de un aislamiento eterno». Y esto me resulta curioso porque en estos días lo que se plantea es también eso. Te ofrezco vivir unos años más a cambio de unas semanas de aislamiento. Es un poco ese negocio.

-Solo que este aislamiento es por tiempo limitado y con comunicación con el exterior.

-Claro, pero lo que ganamos también es por tiempo limitado. Es morir más adelante en vez de ahora.

-Me da curiosidad saber si en el proceso de escribir «Sinfín» se imaginó a sí mismo en ese futuro hipotético. Si pudiera elegir transferirse a su Tsián, ¿lo haría?

-Supongo que sí. Llegado el momento, prefiero la expectativa de que pase algo más a la certeza de que no hay más nada.

-¿Tenemos la certeza de que no hay nada después?

-Sí. Yo tengo la certeza, lamentablemente. Me encantaría no tenerla. Cuando uno se muere se muere. Depende, hay gente que cree lo contrario y yo la envidio mucho, pero creo que están totalmente equivocados. Me encantaría estar equivocado como se equivocan los católicos y demás, pero lamentablemente no puedo.

-¿Qué incluiría en su Tsián?

-De las numerosas versiones que fui inventando, a la que más cercano me siento es la del señor que dice que quiere que haya algún margen de error. Que las cosas salgan mal de vez en cuando, para que sea más real. Yo elegiría eso. Un sistema en el que haya posibilidad de error para poder apreciar los momentos en los que uno consigue lo que desea o hace lo que quiere.

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