Menéndez Pidal, una vida de palabras

Un documental de Sonia Tercero explora biografía del introductor de la filología moderna en España y su síntesis de tradición popular y necesidad de progreso

Menéndez Pidal, a la derecha, durante una excursión en la sierra del Guadarrama
Menéndez Pidal, a la derecha, durante una excursión en la sierra del Guadarrama

Redacción / La Voz

En La historia oculta en las palabras hay mucho de historia y también muchas palabras. El documental de Sonia Tercero Ramiro sobre Ramón Menéndez Pidal (A Coruña, 1869-Madrid, 1968), que se emite este domingo en la serie Imprescindibles de La 2 (21.30 horas), deja claro cómo para el introductor de la filología moderna en España la relación entre lenguaje y vida era muy estrecha. Dos ámbitos en equilibrio, como también lo buscó entre la tradición popular —el romancero fue su principal campo de trabajo— y un afán de progreso.

«Creo que dentro de la generación del 98 era una excepción», analiza Sonia Tercero. «Una de las claves es su relación con la Institución Libre de Enseñanza, que planteaba reconstruir el país a través de la educación para promover individuos responsables y comprometidos», añade la directora. Esa dimensión pedagógica, subraya Tercero, fue crucial en la carrera de Menéndez Pidal, con esfuerzo de «difusión de conocimiento» como el Centro de Estudios Históricos o la promoción del romancero en escuelas.

La historia oculta en las palabras sigue esta trayectoria, deteniéndose en hitos como en el matrimonio de Menéndez Pidal con María Goyri —la primera mujer en España en terminar una carrera—, cuya luna de miel transcurrió tras las huellas del Cid, o la laboriosa construcción del archivo filológico y los riesgos de daño o destrucción que sufrió en la Guerra Civil. Especialistas como Inés Fernández-Ordóñez y Luis García Montero, entre otros, contextualizan los esfuerzos de Menéndez Pidal, mientras que su bisnieta Sara Catalán ofrece una perspectiva más familiar que, por otra parte, tampoco se desvía demasiado del terreno intelectual, porque vida y pensamiento eran una unidad en la biografía del filólogo.

Goyri, además, era prima de María Teresa León, mujer de Alberti, una conexión directa de Menéndez Pidal con la generación del 27, además del interés compartido con Lorca por el romancero. Fueron años de renovación que se vieron frustrados por la dictadura, que recelaba del intelectual a su regreso del exilio durante la guerra. Los informes le atribuían un carácter débil y dominado por su esposa. «Para el universo fascista, la mujer debía recluirse en su casa y María era una de esas mentes brillantes que contrastaban con el concepto», evoca Tercero. Tampoco su hija Jimena gozaba de las simpatías oficiales: en una situación de semiclandestinidad fundaría el Colegio Estudio, un referente de la educación progresista que sigue funcionando hoy en día.

Los participantes en el documental hablan con respeto y admiración de Menéndez Pidal, pero, lejos de lo hagiográfico, también exponen como su obra debe ser leída a la luz del nuevo siglo. «Lo bueno de hacer una biografía es que se somete a la revisión de la obra o del trabajo del protagonista y sirve para ver qué aportó, cómo nos ha llegado, y si es un pionero, si su trabajo y esfuerzo ha sido útil para que podamos construir o racionalizar nuestro conocimiento presente», aporta la directora.

Sobre su condición de coruñés natal, aunque viviese apenas unos meses en la ciudad, Tercero explica que «Menéndez Pidal añoraba Galicia, porque recordaba esos años para su familia como años muy felices. No solo estudió todas las lenguas de la Península para construir la historia de la lengua, sino que además, a raíz de su investigación sobre el Cantar del Mío Cid, dató la ruta del Camino Francés a Santiago».

Las conexiones casuales con Sorolla y José Robles Pazos

Lo que motivó a Sonia Tercero a dedicarse al proyecto de La historia oculta en las palabras fue el hecho de que Menéndez Pidal «sentase las bases de la filología moderna saliendo a recorrer los caminos y los pueblos donde se desarrollaban las acciones de las crónicas y los romances, buscando información  y documentos en cada lugar, y fue el primero que recorrió lugares recónditos de la geografía para transcribir esas historias». La documentalista, que ya ha trabajado antes con las figuras de Joaquín Sorolla o el gallego José Robles Pazos, traductor y amigo de John Dos Passos, asesinado en la Guerra Civil, elige los temas en función de una faceta o un episodio biográfico que la conmueva o intrigue. En el caso de Menéndez Pidal, prefirió indagar «y buscar algo personal, a lo que hubiera dedicado su vida, su ocio y su tiempo en familia, algo que todos pudiéramos comprender y los romances están en el eco de muchas generaciones y en mi memoria de infancia». En la figura de Sorolla, esa cara oculta consistió en entender mejor el «éxito real» que lo llevó a ser a principios del siglo XX «el primer pintor español más conocido en Estados Unidos». También en Norteamérica estuvo Robles: fue la lealtad y el compromiso de Dos Passos con su amigo cuando desapareció lo que fascinó a Tercero. Curiosamente, Robles conoció y trató profesionalmente a Menéndez Pidal, a quien retrató Sorolla por encargo de la Hispanic Society de Nueva York. «¡Pero esto es una casualidad!», sonríe la directora.

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