Ellis Marsalis, leyenda del piano, y Wallace Roney, un virtuoso de la trompeta

Los músicos estadounidenses han fallecido por complicaciones relacionadas con el coronavirus

Ellis Marsalis y el trompetista Wallace Romey
Ellis Marsalis y el trompetista Wallace Romey

Redacción / La Voz

En las últimas horas las complicaciones relacionadas con el coronavirus se han cobrado la vida de dos figuras del jazz: el pianista Ellis Marsalis ha fallecido este miércoles a los 85 años, mientras que el martes murió el trompetista Wallace Roney a los 59.

El fallecimiento de Marsalis lo comunicó su hijo, el saxofonista Branford, en su página web, donde también explicó que su padre había sido hospitalizado el pasado sábado. Lo definió como «un músico gigantesco y un profesor», además de un gran padre. Su otro hijo, Wynton, también es una de las referencias del jazz contemporáneo. 

Nacido en Nueva Orleans en 1934, Marsalis empezó con el saxo pero muy pronto se pasó al piano. Pese a su vinculación con una de las ciudades emblemáticas del jazz, no se dejó tentar por los sonidos añejos del Dixieland y colaboró con representantes de los nuevos sonidos como Cannonball y Nat Adderley

Su faceta como docente también ha sido notable, empezando por sus propios hijos -Branford y Wynton son los más conocidos de entre sus hermanos-, pero también por alumnos como Harry Connick Jr, Donald Harrison o Terence Blanchard. Irónicamente, fue el éxito de sus hijos lo que el ganó el reconocimiento definitivo y le permitió grabar con regularidad. 

Roney, discípulo aventajado de Miles

Wallace Roney, un virtuoso de la trompeta y considerado el mejor discípulo de Miles Davis, falleció este martes a los 59 años como consecuencia de complicaciones del coronavirus. Roney había se había iniciado en el instrumento y el jazz en su Filadelfia natal -el 25 de mayo habría cumplido los 60- y muy pronto llamó la atención por su talento. En 1983 participó en un homenaje a Davis en Mahattan, lo que le permitió conocer al mítico trompetista, quien le dio su bendición.

Roney empezó a colaborar con algunos de los grandes nombres de la escena clásica: formó parte de los Jazz Messengers de Art Blakey y se incorporó también al quinteto de Tony Williams. Cuando murió Davis, participó en una gira de tributo junto a Herbie Hancock, Ron Carter y Wayne Shorter. El disco resultante, A Tribute to Miles, ganó un Grammy.

La ascendencia de Davis sobre Roney fue tanto una ventaja como un lastre. Le costó sacarse de encima la etiqueta de clon del gran trompetista, pero en sus directos y sus discos demostró una personalidad propia. Sus primeros discos en solitario, como Verses e Intuition, ya apuntaban que había mucho más en él que un mero imitador, pero fue sobre todo en No Room for Argument, donde su música se combinaba con las palabras de Martin Luther King Jr y Malcolm X, el que lo consagró definitivamente.

Sin llegar a ser un habitual, Roney visitó Galicia en diversas ocasiones, como la que lo trajo en el 2011 al ciclo de jazz de la Barrié con la formación del hijo de Thelonious Monk

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