Albert Uderzo, el viento en las alas de Astérix

Fallece a los 92 años el dibujante que creó junto a Goscinny un cómic que ha vendido millones y ya es todo un icono cultural

Albert Uderzo, uno de los creadores de Astérix
Albert Uderzo, uno de los creadores de Astérix

Redacción / La Voz

Astérix, el minúsculo galo cuya estatura era inversamente proporcional a su astucia y generosidad, se mueve en la viñeta a tal velocidad que parece impulsado por las alas de su inseparable casco. En realidad, el viento que lo propulsaba nacía en la mano de Albert Uderzo, el dibujante de cuyo lápiz nació y continuó dando vida a lo largo de una de las series de mayor éxito de la historia del cómic. Uderzo, junto al guionista René Goscinny, creó a una pareja inolvidable, Astérix y Obélix, además de una amplia galería de personajes inolvidables, a los que mantuvo activos durante 24 álbumes y otros ocho en solitario, cuando además del dibujo asumió el guion tras la muerte de Goscinny en 1977. También siguió muy de cerca la continuidad de sus criaturas en manos de Jean-Yves Ferri y Didier Conrad, hasta que la edad y los achaques lo apartaron definitivamente del mundo de la historieta. Falleció este martes, a los 92 años, a causa de un ataque al corazón.

Uderzo había nacido en Fismes en 1927, el cuarto hijo de un matrimonio italiano que había emigrado a Francia tras la Primera Guerra Mundial. Conoció a Goscinny en 1951 y sentaron las bases de un tándem creativo que empezaría a dar sus primeros frutos con personajes como Jehan Pistolet. Pero fue en las páginas de la revista Pilote, nacida en 1959, donde dieron a conocer al personaje por el que pasarán a la posteridad, Astérix. Publicada por entregas, las aventuras del pequeño galo fueron un éxito inmediato y en 1961 aparecieron como álbum, el primero de una larga lista que incluye hitos de la historieta como Astérix en Bretaña o Astérix y Cleopatra

Dibujo y guion

Un dibujo eficaz de Uderzo y los guiones desbordantes de humor y guiños marca de la casa de Goscinny hicieron de los habitantes de la aldea gala y sus simpáticos adversarios romanos los protagonistas de una serie que rivalizaron con Tintín -en cuya revista ilustrador y guionista ya habían trabajado en sus inicios- por convertirse en el héroe del cómic francobelga. Los álbumes se han traducido a numerosos idiomas, incluido, cómo no, el latín. En gallego, uno de sus primeros traductores fue Eduardo Blanco-Amor. Fueron 24 álbumes los firmados conjuntamente por la pareja: Goscinny murió en 1977 y Astérix en Bélgica apareció póstumamente en 1979. Uderzo siguió la serie en solitario otros ocho libros. A pesar de mantener la calidad gráfica y el tono de la serie, fueron muchos quienes echaron en falta el genio de Goscinny. Retirado Uderzo, los personajes pasaron a manos de Ferri y Conrad, quienes hasta la fecha han entregado otros cuatro títulos, el último de ellos, La hija de Vercingetórix, el año pasado.

El trazo ágil de Uderzo y el ingenio de Goscinny sustentó un universo mayor que la suma de las capacidades individuales de ambos. La acción fluye con naturalidad, no hay lugar para el aburrimiento y la conjunción de viñetas y bocadillos resulta perfecta. Pero, sobre todo, crearon unos personajes auténticos en su comicidad de cómic, capaces de recrear con matices una amplia gama de sentimientos en su individualidad, aunque dibujante y guionista no dejan de burlarse cariñosamente de los estereotipos nacionales, incluido el chovinismo galo que domina la serie. Uderzo, además, comprendió muy pronto la fuerza de su creación y el medio de la viñeta, convirtiéndose en el motor fabril y comercial de un negocio que se multiplicó con el cine y la mercadotecnia, hasta alcanzar la categoría de icono cultual que le corresponde por derecho propio.

Un ejemplo de inspiración

Uderzo fue también un ejemplo para coetáneos y nuevas generaciones. Este martes Miguelanxo Prado recordaba que Astérix y Tintín fueron lecturas infantiles, cuando jamás habría pensado que se acabaría dedicando al cómic. Del dibujo «deslumbrante» del francés destaca especialmente sus animales, capaz de dotarlos de una expresividad singular «sen por iso humanizalos», una habilidad que caracteriza al resto de sus personajes. Prado también subraya otra dimensión, menos artística pero crucial, que fue cómo el éxito de Astérix consolidó y contribuyó a modernizar el cómic francés. En lo estrictamente cultural, el dibujante gallego apunta a ese «espazo propio» que creó Uderzo, tomando elementos de la tradición de la aventura humorística, pero tan singular que no puede ser encasillado en ninguna escuela o estilo. Junto con Hergé, fueron sus lecturas de cómic antes de que Prado se iniciase en el medio, pero como muchas otras influencias inconscientes, la de Uderzo al final fue decisiva en su carrera. 

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