Joan Fontcuberta: «La inteligencia artificial y las nuevas tecnologías definirán la posfotografía»

El creador incide en la transición actual de la fotografía hacia un futuro que todavía se desconoce

Fontcuberta trabaja en un «fake» sobre un parque temático dedicado a Marte
Fontcuberta trabaja en un «fake» sobre un parque temático dedicado a Marte

ourense / la voz

Acaba de llegar de México y pasa por Ourense camino de la Ribeira Sacra, con parada previa en ese santuario de la fotografía que el alaricano Tono Arias asentó en A Estrada -Dispara-. El COVID-19 fue el culpable de la suspensión de la conferencia que Joan Fontcuberta iba a dar en la Escola de Arte e Superior de Deseño Antonio Faílde y se pasará el fin de semana encerrado en la Casa dos Mouros para impartir el curso La fotografía como práctica archivológica. Al taller organizado por La Plantación han acudido personas de varios países.

 -Regresa de México de abrir exposición. ¿Qué es Mictlán?

-Desde hace unos años me interesa mucho hurgar en los archivos históricos, practicando una estrategia de posmemoria. Es decir, de manejo de documentos que hacen referencia a situaciones traumáticas pero que no han sido vividas directamente, sino por diferido, y con ese material organizar un tipo de narrativa imaginativa -no necesariamente fiel a los hechos- para destraumatizar o producir un efecto catártico respecto a ese trauma que queda ahí consignado. Eso se traduce en la búsqueda de imágenes deterioradas. Las fotografías están hechas para durar eternamente, pero eso no es así porque son materiales orgánicos que se deterioran y, por tanto, perecederos.

-Las referencias son de archivos desde el siglo XIX a los años 60.

-En este caso concreto de México visité varios archivos por el país y organicé una narrativa con ese material: se habla de todo -de la vida cotidiana al patrimonio o a la historia-, con imágenes que van desde la revolución, de dirigentes revolucionarios, de violencia y de ejecuciones a las de bodas, médicas, de identidad, pornográficas... lo que al final da cuenta de la multiplicidad de la riqueza de la existencia humana.

-¿Ya no hace falta producir fotografía para los proyectos?

-Todos somos ya homus fotográficus y existe una masificación tal que podemos decir que el mundo ha sido ya cartografiado con las cámaras fotográficas. Frente a esa situación caben dos opciones: una gestión crítica de la abundancia y, por otro lado, la búsqueda de las imágenes que faltan -ausentes, invisibles, censuradas, perdidas, etcétera-.

 -¿Prefiere intervenir a crear?

-Más que intervenir, creo que lo importante es prescribir sentido. Antiguamente tú tenías que fabricar tu imagen para expresar un determinado contenido, hoy encuentras ya esa imagen disponible y puedes adoptarla, apropiarte de ella, utilizarla e impregnarla del contenido que quieres expresar. Eso hace que las imágenes puedan vivir varias vidas.

-Fue un avanzado a la hora de apostar por la informática y las nuevas tecnologías. ¿Es el futuro?

-Hay que estar atento a cómo las tecnologías van proporcionando nuevas formas de expresión. Estamos en una transición de lo que ha sido la fotografía convencional a la aparición de imágenes prácticamente fotográficas. Es decir, que no son fotográficas por su constitución técnica pero que en su resultado, en su apariencia y en su estatuto icónico son perfectamente fotográficas pero que son producto de algoritmos de inteligencia artificial. Estamos en un cambio de paradigma fundamental, porque la cultura visual en la que estamos asentados ha dependido básicamente de la cámara y del ojo y hay que preguntarse qué pasará cuando esas nuevas tecnologías definan unas nuevas maneras de ver. Con todo, para mí, la tecnología no es el motor del cambio.

-¿Qué será entonces lo que defina la posfotografía?

-Es la propia evolución de la humanidad lo que empuja a la tecnología a darnos respuestas y soluciones a las necesidades que tenemos. La fotografía es una manera de ver el mundo típica del siglo XIX; estamos en el siglo XXI y es normal, lógico y coherente que haya otras formas de imagen que satisfagan nuestras necesidades actuales. La inteligencia artificial y esos nuevos usos -los móviles, las redes sociales, la mensajería instantánea...- definirán la posfotografía. Estamos en una transición y el futuro nadie lo conoce.

«No soy un hombre orquesta, soy un creador curioso»

Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) se ha significado en aspectos como la creación fotográfica, el ensayo, el comisariado, la docencia y el trabajo en revistas y festivales especializados, entre otras facetas. Cuenta con los más prestigiosos galardones -dos premios nacionales, de Fotografía y Ensayo; también el Fundación Hasselblad (fue el primer español en conseguirlo)- y su obra está presente en colecciones de todo el mundo, del MoMA al Pompidou.

-Fue pionero en eso que hoy está tan de moda, los bulos, con proyectos como el del astronauta -«Sputnik»- o el fotógrafo Ximo Berenguer. ¿Considera que creó escuela?

-Eso no me corresponde a mí decirlo, lo tendrán que hacer los críticos o la historia. Procedía del mundo de la comunicación, mi formación era tanto el arte como el periodismo o la cultura; estuve trabajando tres años en periodismo y publicidad, lo que fue una escuela sobre las técnicas de persuasión y seducción, sobre el mentir bien. Esa experiencia la volqué en lo que podemos llamar la industria del hacer creer, en como se «construye» la verdad.

-Fotógrafo, ensayista, docente... ¿Dónde se siente más cómodo?

-Siempre me he considerado un creador, un fotógrafo, pero para mí eso no es una categoría restrictiva, sino todo lo contrario, muy permeable a todo lo demás. La fotografía, o la imagen en general, es el puente con el que me conecto a la vida, a la historia, a la sociedad, a la cultura... Y todo lo que hago -el ensayo, la historiografía, la docencia y otros campos- es parte de la creación. Puedo parecer un hombre orquesta pero no, soy un creador curioso.

-Imparte un curso en la Ribeira Sacra. ¿Qué lugar ocupa la docencia?

-El arte, la creación, tiene que ser una actividad coral en la que el público no es comparsa, el artista propone pero el público es el que completa la obra, tiene una coautoría. Sin el espectador, que cierra el círculo, no hay arte. De ahí que, para mí, la docencia sea una manera de crear.

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