Soleá Morente: «Mi padre fue alguien ejemplar como referente de lo que es no tener miedo»

La artista granadina ofrece esta semana en Galicia tres conciertos en la gira de presentación de su último álbum, «Lo que te falta»

La artista granadina Soleá Morente
La artista granadina Soleá Morente

redacción / la voz

Cuando aún está reciente el sabor de ese disco Ole Lorelei (2018) que tanto se presentó en Galicia el año pasado, Soleá Morente se encuentra a punto de lanzar nuevo trabajo: Lo que te falta. «Estos serán los primeros conciertos que se hacen con las canciones nuevas», anuncia. Se refiere a la minigira gallega que ofrecerá esta semana dentro del ciclo Son Estrella Galicia. Las citas son este miércoles (A Coruña, en la sala Garufa), el jueves (Ourense, en el Teatro Principal, con la banda Le Parody como teloneros) y el viernes (Vigo, en la sala Masterclub).

-Su nuevo disco desprende alegría por los cuatro costados.

-Sí, es el sentimiento del disco. Todo, el sentido del humor, la alegría y el tomarse las cosas de otra manera. Venía de Ole Lorelei, más misterioso y melancólico. Ahora me apetecía darle este punto irónico, algo que ya aparecía en temas como Baila conmigo. Pero sí, este disco es una fiesta

-¿Ha querido que la rumba sea el hilo conductor?

-Empezamos a componer las canciones y no tenía muy claro por dónde las iba a llevar. Incluso pensé en hacerlas con banda de rock. Pero un día viendo un concierto de mi hermano Kiki, presentando su disco Albayzín, lo tuve claro. Me estaba gustando tanto que pensé en darle un sonido nuevo a lo mío, haciéndolo más flamenco. Teniendo en casa a los palmeros y los guitarristas que tengo, ¿por qué no hacer algo más rumbero? Y llevar las canciones pop al terreno de la rumba. Por ahí hemos tirado.

-Venimos de verla en directo con un sonido muy sintético y de aroma retro. ¿Cómo será ahora?

-Va la misma banda, pero llevo palmeros. Prima mucho más la guitarra flamenca, la palma y la percusión. Y el sonido añejo de la rumba del disco lo adapto a mi grupo. Por ejemplo, la batería no se toca como un grupo de rock, sino como si fuera un percusionista de María Jiménez o Lola Flores. Adaptamos el sonido flamenco a los mismos músicos.

-Menciona a María Jiménez o Lola Flores. Antes apelaba a Camela. ¿Tiene siempre muy presente cuál es la verdadera cultura popular para tirar de ella?

-Sí, me parece muy interesante reivindicar nuestra cultura popular porque ahí están las cosas que nos pasan a todos. La música popular es la que está al alcance de todos y todos entendemos. A mí me gusta viajar de lo popular a lo tradicional, de lo mayoritario a lo minoritario y conocerlo todo. Por eso mis música da bandazos de un extremo a otro. Pero una de las bases fundamentales en la música es esa: la reivindicación de lo popular. Tanto en la literatura como en la música.

-Se alía ahora con el productor David Rodríguez y La Bien Querida. ¿Que ha visto en ellos?

-A David lo admiro muchísimo. También a La Bien Querida. Me apetecía mucho entregarle canciones mías y ver a dónde las llevaba. Pero al final fue un intercambio, porque él se vino al terreno del flamenco. Yo fui a buscar su sonido indie más radical que me fascina, pero ha terminado llegando él al flamenco.

-Parece que llevamos unos años de colisión entre músicos de origen flamenco y músicos que vienen del «indie». Sin ir más lejos Rosalía procede de ahí.

-Es verdad. Al principio parecía algo muy complicado, pero yo lo entendí muy rápido. Venía de los Morente. Cuando murió mi padre, Lagartija Nick y Los Planetas montaron Los Evangelistas y me invitaron a colaborar con ellos. Ahí empecé a descubrir ese sonido y esa posibilidad de poder expresarme. Yo venía de una casa en la que se canta excelentemente, con Enrique Morente, Estrella Morente... Estaba en la universidad y no cantaba, pero tenía necesidad de expresarme igual que lo hacían en mi casa. No me atrevía del todo. Consideraba que no tenía esas grandes facultades. Pero a través del indie puede intercambiar conocimientos con ellos. Entendí entonces que podía cantar. Eso fue un hallazgo: encontrar mi espacio.

-En realidad todo eso ya venía de «Omega» (1996), donde su padre lo dinamitó todo.

-Claro. Yo había visto en mi casa a mi padre, que fue alguien ejemplar como referente de lo que es no tener miedo y llevar el flamenco a otros lugares. Para mí, eso no es una influencia sino algo que llevo en la sangre.

«Si algo es bueno nada puede con ello, y Camela lo es»

En agosto del año pasado Soleá Morente actuó en el festival Noroeste de A Coruña. Su concierto, en el Teatro Colón, empezó tranquilo. Pero, poco a poco, se desmadró con todo el público bailando entre las butacas. Cuando sonaba Baila conmigo, uno de los espectadores preguntaba incrédulo: «¿Pero es que ahora a los modernos les gusta Camela?».

-Seguramente, lograr que aquel público aceptase esa música hace apenas un lustro sería imposible. ¿Qué piensa de ello?

-Me parece una reflexión muy interesante. Yo también lo pienso así. Al principio todo cambio asusta y se entiende a la larga. Las cosas que realmente son útiles y son verdaderas con el tiempo adquieren su valor. Si no, se las lleva el viento. Ahora vuelven todos esos sonidos, nos gustan y, como decía ese señor del público, la gente que está a la última los reivindica. Se ponen de moda cosas que hace un tiempo incluso no estaban bien vistas. Primero asusta y no eres muy guay si te gusta determinada música; son ese tipo de discriminaciones sociales que hacemos a veces. Pero luego, si algo es bueno nada va a poder con ello. Y Camela lo es. Son buenísimos [risas].

-En aquel concierto ironizaba con el «autotune». En este disco le hace un guiño a Yung Beef.

-Sí, uno de los temas, Ducati, está inspirado en una canción de Yung Beef: Ducati Love. Está ahí ese guiño al trap, que es una tendencia de actualidad que ha sido toda una revolución. ¿Por qué no acercarnos a ello?

-Ahora se ha entregado a la rumba. Hay quien ve el «trap» como lo que fue la rumba en el pasado: la música callejera popular por excelencia. ¿Le parece?

-Claro que sí. Podría ser, perfectamente. El tiempo pasa y con él las expresiones culturales. Todo eso influye en el pueblo y tiene un reflejo. En un momento fue la rumba y ahora puede ser el trap. Y en todo ello yo creo que está el flamenco, que es la música popular por antonomasia.

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