El funambulismo imposible de Vetusta Morla

El grupo madrileño arranca en A Coruña una gira en la que dan la vuelta a sus canciones, quitándoles el lado épico y apostando por el teatro y la calma

Pequeño Salto Mortal

Lo que en principio podría parecer una jugada comercial a falta de repertorio nuevo, lanzar un disco con nuevas versiones del anterior (Canciones dentro de canciones, que se editará el mes que viene), se ha revelado como un salto mortal sin red. Que a estas alturas de la película, una banda como Vetusta Morla deje a un lado, casi por completo, la épica parece echarle un pulso al destino. Que lo haga en un formato casi teatral pero en grandes recintos como el Coliseo, una osadía. Y que opten por iniciar la gira con una doble fecha sin el disco editado (y prácticamente llenando ambas noches), una demostración de poderío que pocas bandas de pueden permitir. 

La de ayer en A Coruña era la segunda noche, la de los más fans, con todo agotado desde hace semanas. Cuatromil personas con el corazón palpitante que deseaban entrar en la «magia sin trucos» que propone la banda en esta gira. Situados los seis  tras varios telones de cuerdas transparentes, uniformados con traje de gala y clavados en sus sitios, arrancaron con Mismo sitio, distinto lugar. Jugando a meter al público en su propuesta -medio familiar, medio nebulosa, medio misteriosa- dejaban claro que aquello iba a ser muy diferente a todo lo que el grupo había hecho hasta el momento

Pequeño Salto Mortal

Dijo Pucho que querían dar un paso atrás en favor de las canciones. Por ese motivo en muchos tramos del show la banda permaneció difuminada, jugando a dejarse ver con nitidez para mantener la tensión. Esas canciones aparecieron en escena con tacto de terciopelo. Extrayéndose el nervio a la mayoría en pos de la calma, se sirvieron de muchos instrumentos acústicos y mucha caricia. A su vez, una cuidadísima escenografía (con luces realmente espectaculares) las exponía en planos inéditos. Un momento de los muchos que hubo: Baldosas amarillas con sus versos de funambulismo imposible convirtiéndose en haces luminosos por toda la grada del Coliseo.

Cuando sonó esa canción, más o menos a mitad de concierto, había quedado ya claro que el experimento había dejado fuera el punch coreable característico del grupo. También la sensación de comunión sudorosa con el público marca de la casa. No, esto iba de convertir el Coliseo en un teatro. De reconstruir todo un grandes éxitos de su carrera. Y ofrecer otro nuevo modo de disfrutar de ellos. Ese planteamiento sostenido durante hora y sirvió para dividir al público entre los que entraban en el juego y los que se quedaban fuera de él, echando de menos lo otro. 

Estos últimos apenas tuvieron una pequeña dosis de pecho hinchado y músculo contraído en la parte final, que les supo a poco. Los que se dejaron engatusar, disfrutaron de otro modo de contemplar a un grupo único en una gira que, al menos en este arranque, parece más un estadio superior para muy fans que no aquel grupo que dejaba noqueado al neófito y lo enamoraba para siempre. A la salida, el entusiasmo y la decepción se alternaba entre los asistentes.  Es el resultado de asumir riesgos y caminar por la cuerda floja de lo que pide el corazón. Aunque esto sea opuesto a lo que desea la mitad de tus seguidores.

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