La arquitectura contemporánea de Galicia se explica a sí misma

Un libro de entrevistas reúne la reflexiones de 41 arquitectos


a coruña / la voz

Son todos los que están. Encabezados por Andrés Fernandez-Albalat Lois, el mayor de todos ellos cuando el libro entró en imprenta y vivo ayer en la memoria de quienes asistieron a la presentación de la obra en la Real Academia de Belas Artes de A Coruña. Citas de Popper, Borges y Ricardo Reis -su «Quer pouco: terás tudo. / Quer nada: serás livre»- iluminaron el discurso del periodista Daniel Viña, autor, junto con Paco Docampo, de este Reflexiones desde la arquitectura (Aguamarina, 2019), en un homenaje póstumo a Fernández-Albalat, que meses antes de fallecer a los 93 años les confió la virtud primera del buen arquitecto, «el sentido del orden», y su compromiso social: «Hacer una arquitectura adecuada al lugar». Cuando las cosas, concluyó el insigne, «no se están haciendo todo lo bien que se debería».

Viña y Docampo se entrevistaron con 41 arquitectos principales de Galicia para levantar una obra coral y extensa, «una tribuna de libertad y tolerancia», definen los autores, en la que conviven profesionales de estilos y trayectorias distintas, con ideologías que recorren todo el espectro político de las dos primeras décadas del siglo XXI. «Les hemos pedido una reflexión sobre su profesión, su formación y su responsabilidad social. También les animamos a analizar el impacto de su trabajo en el paisaje, el urbanismo y el territorio, y en la gestión y la rehabilitación del patrimonio», explican los autores en el prólogo.

El tapiz final, enriquecido con una deliciosa colección de dibujos a mano alzada de la mayor parte de los entrevistados, muestra la contribución de la disciplina al asentamiento de la democracia en España, desde el nacimiento del pujante movimiento vecinal de los años 70 al papel activo del colegio como referente cultural y político. Pero también al sujeto y la individualidad contenida detrás de la obra. «Hemos comprobado cómo el arte y la técnica conviven en el cerebro de la misma persona y como del caos de algunos estudios -donde el desorden es total- han salido algunas de las actuaciones y de los edificios que hacen más bella y feliz nuetra existencia», destaca Viña.

Salpicando las páginas, abundan apuntes valiosos como «la actitud crítica ante las ligerezas formales» que Felipe Peña aprendió con Moneo, la experiencia decisiva como bibliotecario de Carlos Quintáns o el recuerdo de Isabel Aguirre de cuando hablar de paisaje era «un tanto cursi».

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