Concierto con el «Rolls» de los órganos

La Orquesta Nacional de España estrena el encargo que le hizo al compositor gallego Fernando Buide de un concierto escrito especialmente para este instrumento

El compositor gallego Fernando Buide
El compositor gallego Fernando Buide

redacción / la voz

Fernando Buide del Real (Santiago, 1980) es un compositor clásico en cuya formación el órgano ha tenido un peso notable. Por este motivo, cuando la Orquesta Nacional de España le dio carta blanca a la hora de componer una pieza, la idea de convertir el órgano en protagonista fue naciendo desde una intuición primera hasta revelarse como el camino que debía seguir la composición. El resultado es un Concierto para órgano y orquesta que la ONE estrena este viernes en el Auditorio Nacional de Madrid, con Diego Martin-Etxebarria como director y Juan de la Rubia -organista de la Sagrada Familia de Barcelona- como solista.

Para el compositor, además, existía un aliciente extra: el gran órgano del Auditorio Nacional, una de las creaciones más logradas de Gerhard Grenzing, un alemán afincado en Barcelona que lleva décadas restaurando -entre ellos, el de San Paio en Santiago- e instalando estos instrumentos. «Es el Rolls de los órganos», describe Buide, quien añade que Grenzing sacó partido a sus profundos conocimientos de los órganos históricos del siglo XVIII en España. 

Barroco ibérico

De hecho, en el Concierto para órgano y orquesta del autor gallego se pueden percibir, como el mismo admite, ecos de maestros de lo que se refiere como «el gran repertorio barroco ibérico», entre los que cita a Cabanilles y Correa de Arauxo, aunque no por ello deja de ser «una obra actual». Otro factor interesante era contribuir a un repertorio que, mientras abunda en piezas para órgano solo, no incluye tantas para este instrumento como solista en conjunción con una orquesta. La pieza tiene una duración de unos 25 minutos y se resuelve en un solo movimiento, con variaciones sobre el motivo del que nació la composición. Buide describe un «diálogo tímbrico entre la orquesta y el órgano», y el instrumento también disfruta de un pasaje en el que asume el protagonismo en solitario.

A partir de ese primer motivo, de esa idea inicial de la que germina la obra, el compositor fue desarrollando la pieza, que, reconoce, supuso todo un reto. Un desafío al que no resultan ajenas las casi infinitas posibilidades que, entre pedales y registros, ofrece el órgano, tanto a compositores como intérpretes. «Bach, por ejemplo, apenas dejó anotaciones sobre los registros en sus partituras, lo que da mucha libertad a la hora de tocar. Por eso una misma pieza adquiere matices muy distintos en función del organista o del instrumento», valora Buide.

La composición del Concierto para órgano y orquesta ocupó a su autor en torno a medio año y, aunque prefiere trabajar de forma separada en sus obras, en este caso acabó por solaparse con la ópera que estrenó el año pasado, A amnesia de Clío. Buide ya ha podido ajustar la composición en el propio Auditorio Nacional, tanto con la orquesta como con el organista. Y, para redondear la ocasión, el programa incluye dos piezas, de Paul Dukas y de Olivier Messiaen, al que Buide considera un autor «de cabecera».

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