«Vida oculta»: Viviendo sobre las nubes

Terrence Malick firma una película tan bella como interminable y reiterativa, que gustará a unos cuantos y hará huir a muchos


Tan bella como interminable y reiterativa, Vida oculta gustará a unos cuantos y hará huir a muchos, porque la nueva película de Terrence Malick no es para impaciente. Entonces, ¿estamos ante una delicatesen? Más bien es otro arrebato místico del director, como lo fueron, previamente, El árbol de la vida, El nuevo mundo y La delgada línea roja, películas-poesía mamotreto, repletas de voces en off, salidas de quién sabe dónde. Muy lejos queda el director que nos conquistó con Malas tierras y, especialmente, con Días del cielo, que estaban hechas con los mismos mimbres de las que vinieron después pero con la hermosa simplicidad que a aquellas le faltaron. Es lo que tiene ser director de culto con tu segunda película, luego ya pasas a los cielos. «Vivíamos sobre las nubes, ¡que simple era la vida entonces!», dice la voz en off del protagonista de Vida oculta, nada más comenzar el filme.

Basado en el caso real de las penurias y del encarcelamiento de un obstinado granjero austríaco del Tirol que se declaró objetor de conciencia -no con esas palabras- y se negó a jurar fidelidad a Hitler y también a ir al frente a matar inocentes, Vida oculta -el título está tomado de un poema de la escritora George Elliot- habla del valor de los anónimos en el devenir de la historia. Malick retoma a Heidegger junto a interminables rezos y salmodias del Nuevo Testamento, envueltas en hipnóticos paisajes de influencia romántica, de Friedrich a Rugen, con un resultado que, a veces, roza el ridículo.

Tanta belleza llega a saturar, pero es verdad que hay momentos cargados de verdad, sobre todo gracias a la semidesconocida actriz Valerie Pachner -inolvidable modelo y amante en Egon Schiele-, que nos enamora en esa secuencia besando a su marido al regreso del frente. Y están muy bien los montajes perversos hechos con imágenes de El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl. Apabullan los rostros de los actores, filmados con grandes angulares, encuadrados en enfáticos contrapicados, de comunión de los protagonistas con la tierra y la hierba -tan a lo Dovjenko, cineasta de influencia vital en Malick-, aunque, de la misma manera, son demasiado evidentes los ángelus tomados de Millet. En cualquier caso, los noventa minutos que le sobran al filme acabarán enturbiando el recuerdo.

«VIDA OCULTA»

[«A HIDDEN LIFE»]

EE.UU.-Alemania, 2016-2019.

Director: Terrence Malick.

Intérpretes: August Diehl, Valerie Pachner, María Simon, Karin Nevhauser, Bruno Ganz, Tobias Moretti, Matthias Schoenaerts, Michael Nyqvist, Ulrich Matthes.

Drama.

174 minutos.

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