George Steiner, un erudito de la literatura comparada y la traducción

Fallece a los 90 años uno de los principales referentes de la crítica e intelectual al modo clásico

George Steiner falleció a los 90 años
George Steiner falleció a los 90 años

Redacción / La Voz

Con la muerte de George Steiner en su domicilio de Cambridge, Reino Unido, a los 90 años, desaparece también un intelectual entendido en el sentido clásico del concepto: un erudito en su ámbito de estudio, pero con una amplia curiosidad hacia todas las ramas del conocimiento, y con presencia en el debate público, controversias incluidas. En el caso de Steiner, su principal foco de actuación fue el de la literatura comparada y la traducción, una especialización que le vino dada, en buena medida, por su propia biografía.

Steiner había nacido en 1929 en el área metropolitana de París en el seno de una familia judía que pocos años antes se había visto obligada a marcharse de Viena por una creciente ola de antisemitismo. En 1940 el exilio forzoso por culpa de la Segunda Guerra Mundial los llevó más al oeste: se establecieron en Nueva York y Steiner completó en Estados Unidos una educación cuyas bases extraordinarias se sentaron en casa. Creció con tres idiomas -alemán, francés e inglés; su madre era políglota- y su padre le reveló desde niño la magia de los clásicos grecolatinos.

Ya en la posguerra y con un posgrado en Harvard, Steiner regresó a Europa para doctorarse en Oxford, pero el rechazo a su tesis truncó lo que habría sido una prometedora carrera académica. En cambio, lo orientó al periodismo y se convirtió en articulista de referencia en The Economist y, sobre todo, The New Yorker, una relación que se prolongó durante treinta años. Esta faceta no rompió su vínculo con la docencia. Impartió clase de literatura comparada en la Universidad de Ginebra y Oxford enmendó su anterior decisión ofreciéndole un puesto honorario.

«Después de Babel»

Steiner también plasmó sus ideas en una amplia obra ensayística, en la que destacan títulos como Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción, Presencias reales, Lecciones de los maestros y Los libros que nunca he escrito. Además, cultivó la autobiografía: Errata: el examen de una vida.

Steiner se preocupó por la convivencia de lenguas, la relación entre moral y creación literaria y el Holocausto. No en vano la mayoría de sus compañeros de escuela judíos perdieron la vida con la ocupación nazi de Francia; Steiner había conseguido exiliarse en Estados Unidos dos meses antes de la invasión alemana. «Sabemos que un hombre puede leer a Goethe o Rilke en la tarde, puede escuchar a Bach o a Schubert y después ir durante la mañana a su trabajo en Auschwitz», es una de sus frases más conocidas y que resumen su incisivo interés por la cuestión. Steiner fue un defensor también de los beneficios de dominar varias lenguas e hizo suya aquella sentencia en la que Goethe aseguraba que ningún monolingüe podría llegar a conocer de verdad su propio idioma.

Polémica con el gallego

Debido a esta trayectoria resultó especialmente sorprendente la polémica que en el 2008 levantaron unas declaraciones de Steiner sobre el gallego y su cultura durante una entrevista concedida a un diario madrileño. «Me han dicho que hay una universidad en España en la que es obligatorio hablar en gallego», empezaba -erróneamente- el intelectual, para luego remachar: «¡No me compare al catalán con el gallego! El catalán es un idioma importante, con una literatura impresionante. Pero el gallego ¿por qué ha de ser obligatorio en la universidad?». Las reacciones en Galicia fueron inmediatas. Profesores universitarios, escritores y colectivos como el PEN Club, la Mesa pola Normalización Lingüística o la Asociación de Escritores en Lingua Galega le afearon a Steiner su desconocimiento y lo que se podía interpretar como un agrio desprecio de quien, precisamente, provenía del campo del comparativismo. Steiner se disculpó unos días más tarde, con el argumento de que siempre había sido un «apasionado defensor» de las lenguas minoritarias y justificó sus declaraciones en su «comentario irreflexivo» por culpa del «chovinismo regional que amenaza la unidad de España». La polémica sirvió también para que en Galicia se evidenciase la necesidad de una estrategia de promoción exterior de la cultura propia y se saldó con una novedad positiva, al menos para Steiner: la publicación en gallego por Xerais de la recopilación de artículos George Steiner en The New Yorker.

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