Cioran, aquel lúcido agorero de tan negro sentido del humor

Tusquets publica en castellano los diarios completos del pensador rumano

Emil Cioran (Rasinari, 1911-París, 1995), retratado por Irmeli Jung
Emil Cioran (Rasinari, 1911-París, 1995), retratado por Irmeli Jung

Redacción / La Voz

«Estamos presenciando la demolición de la idea de progreso. [...] Antaño se vivía con la certidumbre de un futuro para la humanidad. Ahora ya no es así. Al hablar de futuro, se añade con frecuencia: «Si es que quedan hombres entonces». Antaño el fin de la humanidad cobraba un sentido escatológico, iba unido a una idea de salvación; hoy se lo considera un hecho, sin connotación religiosa, ha entrado dentro de las previsiones. Sabemos que esto puede acabarse y desde entonces hay algo corrupto en la idea de progreso [...] El hombre ensucia y degrada todo lo que lo rodea y en los próximos cincuenta años se verá afectado él mismo muy duramente».

Con esta trágica lucidez hablaba Emil Cioran -hace ahora precisamente 50 años- en una entrevista con el periodista François Bondy que este recogió en un libro de conversaciones con doce relevantes intelectuales y que editó en forma de libro en 1970. Al pensador rumano se le ha tenido mucho tiempo por un pesimista agorero, en un juicio peyorativo que obviaba su inteligencia y su sentido del humor. Hoy cualquiera suscribiría las mencionadas palabras; es más, alguno diría incluso que peca de cierta ingenuidad.

A su discreta manera, Emil Cioran (Rasinari, 1911-París, 1995) se ha convertido en un clásico de culto cuyo gusto por el aforismo y lo fragmentario -que muchas veces le ha granjeado fama de inconsistente, de falto de un sistema de pensamiento sólido- son seña de modernidad. En castellano, el albacea -más allá de títulos aparecidos en Taurus, Montesinos o Hermida- del autor de Breviario de podredumbre es el sello Tusquets. Ahora, en un intento de relanzar su figura, ha creado la Biblioteca Cioran, donde reordena su producción y que inaugura con la publicación íntegra de sus Cuadernos. 1957-1972, de los que hasta el momento solo existía traducción de la selección realizada para la edición germana por Verena von der Heyden-Rynsch, que llevó al alemán la obra de Cioran.

Aunque no son unos diarios al uso, el lector hallará en sus breves entradas (raramente datadas) al Cioran más íntimo, franco, confesional y desinhibido, tan escéptico, provocador y de negro humor como en sus escritos realizados para publicar. «No creo en nada, salvo en la libertad -concede-. Reconozco esa gran debilidad. Para todo lo demás, carezco de convicciones; solo tengo opiniones». Pocos como Cioran son capaces de alentar la reflexión y la duda, algo necesario en esta época de ruido y derivas intrascendentes.

Los Cuadernos ofrecen además muestras de otros géneros como la anécdota o el fugaz retrato -que surgen de sus encuentros con autores como Beckett, Eliade o Ionesco-, en cuya elaboración en ocasiones no escatima el sarcasmo ni su faz más despiadada. Especialmente implacable -hasta aparca la angustia vital- resulta con la estupidez humana, y clama: «La literatura contemporánea en Francia se reduce a las relaciones del lenguaje consigo mismo» o «No conozco nada más penoso que una vida exitosa, satisfecha, aunque superficialmente sea agradable ver un rostro radiante que emana del contento».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Tags
Comentarios

Cioran, aquel lúcido agorero de tan negro sentido del humor