Mauro Herce: «La autenticidad de Benedicta y Amador nos lo puso muy fácil»

El cineasta, Goya a la mejor dirección de fotografía, colabora habitualmente con directores gallegos como Oliver Laxe, Eloy Enciso o Lois Patiño

Mauro Herce, Goya a la mejor dirección de fotografía por «O que arde»
Mauro Herce, Goya a la mejor dirección de fotografía por «O que arde»

Redacción / La Voz

La película de Oliver Laxe O que arde regresó de los Goya con dos premios, el de actriz revelación para Benedicta Sánchez, a sus 84 años, y el de mejor dirección de fotografía, que recogió Mauro Herce (Barcelona, 1976), colaborador de Laxe, Eloy Enciso, Lois Patiño y otros cineastas gallegos.

-Sus rivales directos en los Goya sumaban cinco: solo José Luis Alcaine, cinco. ¿Cómo lo veía?

-Lo veía muy difícil. Alcaine es un veterano de la industria. De hecho, empecé mi formación como fotógrafo con un libro que recuerdo que salía una entrevista muy detallada con él. Para mí era un director de fotografía modélico porque había hecho muchas películas que me habían gustado, especialmente El sur, con Erice. Y los otros dos nominados también hacen buenas películas y habían hecho muy buen trabajo.

-Se acordó de los brigadistas en sus agradecimientos...

-Cómo no. Era esencial. Se portaron muy bien con nosotros. Estuvimos filmando dos veranos y el primero, como cambiábamos de una brigada a otra, fue más difícil, aunque todo el mundo se portó muy bien, establecer vínculos más personales. Nos cuidaron mucho y estuvieron muy pendientes de que no nos pasase nada. Y luego está el trabajo que hacen, claro.

-Debió de ser un rodaje muy difícil, entre otras cosas, por la imprevisibilidad del fuego.

-A mí siempre me parece difícil hacer una película y aquí se suma la locura del fuego, que, como bien dices, es algo totalmente imprevisible. Y que te obliga a moverte muy rápido para seguirlo. Si no estás cerca no consigues nada: ni hay luz ni hay nadie trabajando. Avanzando de noche, entre zanjas y maleza, sin saber dónde estás, es bastante épico y bastante físico. Es muy cansado.

-El resultado es mucho mayor que la suma de sus partes...

-Sí, en el cine es casi siempre algo así, es un trabajo en equipo. Oliver y yo nos conocemos desde antes de que hiciésemos cine, tenemos una larga historia de colaboración y hemos ido puliendo nuestra relación y entendiéndonos mejor y sumando energías. La novedad aquí fueron los dos actores, Amador y Benedicta, que han sido excepcionales y la gran sorpresa de la película. Ambos, para Oliver y para mí, eran tan auténticos y tan ellos mismos que nos lo pusieron muy fácil.

-También aborda un tema que siempre vemos en los telediarios, pero muy poco en el cine.

-A veces se ha tratado un poco desde el costumbrismo, que era uno de los peligros de la peli y que creo que conseguimos evitar. Que se viviese desde lo real y no tanto desde el exterior.

-Su trabajo anterior con Oliver Laxe, «Mimosas», se rodó en Marruecos. Un paisaje muy distinto, pero que también era casi un protagonista más.

-El paisaje, como bien dices, es radicalmente distinto. Pero luego la voluntad de querer a través de los rudimentos del cine más esenciales, la imagen y el sonido, transmitir impresiones físicas y emociones fuertes, es algo muy importante para el cine que hacemos. A veces, medio en broma, Oliver y yo decimos que la trama es una pequeña excusa para fascinarnos por las imágenes y los sonidos. De ahí surge el cine, que no puede ser solo imágenes pero tampoco solo narración.

-¿Seguirá su colaboración con los cineastas gallegos?

-Yo creo que sí. Por ahora nos están saliendo muy bien las cosas. Si todo va bien debería seguir a este ritmo. De hecho, ahora me han propuesto hacer otra película más con un nuevo director gallego que también se filmará ahí, y que me hace mucha ilusión. Así que espero no solo seguir con los que ya conozco, sino que se amplíe. En breve me instalaré a vivir ahí.

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