Un Buñuel de dibujos animados a la caza de tres premios Goya

El guionista gallego Eligio R. Montero, en su debut en el cine, candidato por su adaptación de la novela gráfica de Fermín Solís «Buñuel en el laberinto de las tortugas»

Eligio R. Montero (Vigo, 1970), coautor del libreto del filme «Buñuel en el laberinto de las tortugas» junto a su director, Salvador Simó
Eligio R. Montero (Vigo, 1970), coautor del libreto del filme «Buñuel en el laberinto de las tortugas» junto a su director, Salvador Simó

Redacción / La Voz

Viene Eligio R. Montero (Vigo, 1970) del gremio de la televisión, donde lleva inmerso más de veinte años. Empezó en Galicia, en series de la productora Voz Audiovisual como Mareas vivas, A vida por diante y As leis de Celavella. «Un montón de cosas que he hecho y sigo haciendo», celebra para relatar que después se fue a Madrid para ampliar horizontes. Siguió en televisión y hasta escribió una novela: 1921, diario de una enfermera. En ese mundo andaba cuando, tras acabar la serie Seis hermanas, desocupado, habló con el productor Manuel Cristóbal y le preguntó: «¿Tienes algo por ahí?». Él le dio a leer el cómic Buñuel en el laberinto de las tortugas, del dibujante cacereño Fermín Solís. Poco después discutían ya cómo se podía hacer su adaptación a la gran pantalla. «Fue todo bastante casual. Que me quedara libre y él tuviera ese proyecto en mente y me lo ofreciese para mi debut en el cine, no ha podido ser mejor», celebra Montero.

La película logró recientemente el premio del Cine Europeo al mejor filme de animación. «Fue algo totalmente inesperado. Porque este año ha sido muy bueno para la animación. La competencia no solo era feroz sino que se trataba de películas mucho más grandes que la nuestra y con un enorme aparato publicitario detrás. Que los académicos de toda Europa, que no dejan de ser profesionales de prestigio, se hayan decantado por nosotros es todo un honor», asegura. Y puede ser además un buen presagio para la noche de este sábado, en la gala de los Goya, en que aspira a las estatuillas de mejor cinta de animación, música original y -la que más le toca a Montero- guion adaptado, el que escribió junto al director Salvador Simó.

Fotograma del filme de animación «Buñuel en el laberinto de las tortugas»
Fotograma del filme de animación «Buñuel en el laberinto de las tortugas»

«Como guionista que debuta en cine, estar nominado en un año tan fuerte con gente como Sorogoyen, Benito Zambrano, Javier Gullón, Isabel Peña o los hermanos Remón es ya todo un premio. Si además ganamos -como nos ha pasado este lunes con la medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos al mejor director revelación, guion adaptado y largometraje de animación- sería la leche». Y lo grande -agrega- es que, frente a una competencia tan potente, parece ser que Buñuel tiene opciones. «Así que este sábado creo que estaremos todos muy nerviosos», admite.

«La aventura me ha encantado, ha sido una de mis mejores experiencias profesionales y personales, aprendí mucho y descubrí a Salvador Simó, del que me he hecho amigo y eso nunca está de más en la vida», confiesa Eligio Montero. Tanto ha gozado haciendo cine que, adelanta, ya está embarcado en otros dos proyectos (un desarrollo de cine de animación y otro de imagen real), de los que, dice, aún no se puede hablar, no son públicos. «Eso sí, será con el mismo equipo creativo», avanza para matizar: «Y sigo trabajando en televisión porque uno necesita comer, necesita vivir, y la televisión es una buena forma de satisfacer económicamente esas necesidades».

Cómic, televisión y cine, tres lenguajes distintos

Salvador Simó y Eligio R. Montero se dieron cuenta de que si se ceñían al cómic (que aborda el rodaje en 1933 del documental de Buñuel Las Hurdes, tierra sin pan), si le eran demasiado fieles, la película no funcionaría. Toda la primera mitad de la novela gráfica de Solís es un diálogo entre dos personas que están paseando por París: Buñuel y su amigo Ramón Acín, quien financió la producción. «Resultaría farragoso, aburrido», insiste. Decidieron tratar el cómic como un elemento más de la narración, su inspiración: debían investigar mucho sobre el genial cineasta aragonés, su vida, su persona, el rodaje, Acín… E incorporar todo ese material y añadirle las cosas que a Simó y Montero les gustaban, les preocupaban. «Se trataba de hacer nuestro el relato que queremos contar, y que encontrase su forma de ser contado en el cine de animación», explica el guionista. Reinventaron la historia. Sería una fabulación a partir de la figura de Buñuel en torno al proceso de creación y a la amistad. Indagaron la vida de Buñuel en ese momento, ese joven autor, que aún es solo Luis, «un chaval joven, que quiere destacar». Ya ha tenido sus éxitos en París, pero se le cierran todas las puertas por culpa del escándalo que se montó con La edad de oro, prohibida.

Al documentarse, hablaron con expertos como Ian Gibson o Javier Espada, conocieron al hijo de Buñuel, Juan Luis… Hicieron un montón de entrevistas, gente que lo conocía, que había trabajado con él. Profundizaron en su lado humano. Hubo 67 versiones del guion. «Esto no es televisión, en cine no tienes tanto tiempo, tienes que hacer poda, eliminar personajes, tramas, para centrarte en lo relevante, para viajar hacia lo esencial», concluye Montero.

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