Benedicta, toda una revelación con o sin Goya

La de O Corgo puede conseguir, a sus 84 años, hacerse con uno de los premios de la Academia


Benedicta Sánchez ha sido la revelación del 2019. Pero durante toda su vida, esta lucense siempre ha luchado por su protagonismo. Por llevar el pelo corto o andar en bicicleta en una época en la que eso no eran cosas de niña. Por prescindir de la aprobación de su marido para hacer cualquier cosa, aunque ello implicara denunciar la falsa desaparición de su esposo y huir del país en el que vivía. Por darse cuenta de que se podía vivir sin consumir productos animales muchas décadas antes de que el veganismo se pusiera de moda. Por obviar cualquier tópico sobre la edad y ponerse por primera vez, a sus 83 años, delante de las cámaras. Por romper el encorsetado glamour de Cannes lanzándose a bailar una jota gallega en la Croisette.

Todo valió la pena para Benedicta, que este año parte como una de las favoritas para hacerse con el Goya a mejor actriz revelación por su papel en la multipremiada O que arde, del gallego Oliver Laxe, en la que interpreta a la madre de un pirómano que regresa a su pueblo después de cumplir su pena en prisión. «Pase o que pase, haberá amargura», dice Benedicta sobre la ceremonia de entrega de los premios de la Academia del Cine. Lo de ella nunca fue competir. «Se mo dan a min, deixan a outras tres rapazas sen el», dice la corguesa, «non vallo para iso, eu son máis de colaborar».

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Benedicta Sánchez, a sus 84 años, ha entrado entre las candidatas a llevarse el Goya a la mejor actriz revelación Oliver Laxe, con O que arde, competirá por el Goya a la mejor película en la próxima edición de los premios de la Academia de Cine

Benedicta hizo de todo en esta vida. Con una personalidad muy diferente a la del personaje que interpretó en la gran pantalla, su recorrido vital da para otra película. Emigró a Brasil, fue sirvienta, tuvo un bar, trabajó en una librería, denunció la desaparición de su esposo para poder huir y volverse a España, trabajó en su gran pasión, la fotografía, y hasta crió cabras. En Europa, Siria, Jordania, Israel y, finalmente, volvió a Galicia. No se le caen los anillos por cavar o ponerse a cortar silvas después de todas sus peripecias. Y, aunque la tranquilidad y el clima de su pueblo natal no sean lo que más le guste a esta mujer que es todo energía y apasionada de los lugares cálidos, Benedicta no acepta ninguna mala palabra sobre su tierra. «Galicia es mi tierra, es como una madre: te puede pegar, te puede decir cosas que no te agraden, pero a tu madre que no la toquen», dice con firmeza.

A la espera de la resolución de su nominación a los Goya, Benedicta ya ha recibido, tras su participación en O que arde, un premio por su papel y por todo lo que representa: la medalla Castelao, en una edición en la que todas las galardonadas fueron mujeres.

Mujer, y no femia, es precisamente lo que se considera Benedicta a sí misma, según afirmó en una de sus entrevistas a La Voz. Una mujer es «alguén que non ten prexuízos tontos, que non traga co de ‘ese mundo que queres non existe’, ‘tapa as túas vergonzas’, ‘sé feminina’», sentencia, «se a muller é muller non hai home que a pare». Y citó como ejemplo a mujeres gallegas que, para ella, sí caben en esa definición: «María Pita fixo correr aos ingleses! E mira Concepción Arenal, Pardo Bazán, Rosalía.... Esas mulleres deixaron moito».

Del mismo modo que tiene claro lo que es una mujer, también tiene claro qué es un hombre. «O respecto é o primeiro», dice acerca de lo primero en lo que se fija en ellos. En oposición, afirma que se ha encontrado «moito mono (e digo mono, xa non lle chamo home)».

¿En qué categoría cae Oliver Laxe, el descubridor de su talento en la gran pantalla? «Oliver non é deste mundo», nos decía, «é moi sensible. Cabaleiro de alta gama». Uno de los pocos hombres que quedan que todavía puede decirle qué hacer. «Estou ao seu servizo, a el diríalle que si», confesaba. Tanto, que no está dispuesta a que le toquen el pelo, a pesar de que a ella le parezca más práctico llevarlo corto. «Dixo que me collía se deixaba o pelo longo. Foi a súa única condición», recuerda Benedicta sobre el proceso de cásting.

Por él es por quien se alegra realmente en lo referente a las nominaciones a los Goya. Benedicta cree que el realizador de O que arde merece el premio tanto como director como para su película. «El merece iso e moito máis», dice. Y también todo el resto del equipo. «Alégrome por eles», aseguró a La Voz. Pero en cuanto a ella: «Se fose nova pode ser que me ilusionara, pero con 84 anos, non. Todos os saltos coma os baixos son o yin e o yang da vida».

Ahora queda saber cómo celebrará el Goya si finalmente lo recibe. Ni siquiera ella, tan espontánea, lo sabe. «Eu non sei que direi, que farei… En Francia saíume así, dicirlles claro aos franceses: ‘A min fálame en galego!’»

«Femias hai moitísimas, pero mulleres poucas»

ana abelenda

«O que arde», de Oliver Laxe, estréase hoxe en Galicia. Falamos coa protagonista, Benedicta, xenio e figura con 84 anos de arte e camiño. Non esperen dela o que ven na foto

Sóbralle o apelido. Ela é Benedicta, e abonda, a muller na que atopan espello no filme O que arde, de Oliver Laxe, todas as galegas que termaron de nós (e aínda terman). Case invisibles pero fortes, mulleres que aman por enriba do odio, que loitan mais aceptan, que saben a diferenza entre o que poden cambiar e o que non. Á Benedicta do cine, de pelo e ser recollido e botas de goma, con tres vacas e unha cadela de nome Luna, poden vela a partir de hoxe en 49 salas de España, 20 delas galegas, nas que O que arde se proxecta en versión orixinal. A outra, de melena branca e lingua solta, capaz de marcarse «a xota da vella das cascarrañadas» no Festival de Cannes, déixase ver por aquí. Cada frase dela é coma un sacho. Benedicta, podo tuteala? «Se non me tuteas, me ofendes».

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