Camilleri deja todo en buenas manos, las de su pupilo aventajado Antonio Manzini

El próximo martes llega a las librerías el último «thriller» del maestro siciliano; dos días después, la sexta entrega del policía Schiavone

Kicca Tommasi

Redacción / La Voz

Una de las peores noticias literarias que dejó el 2019 fue el fallecimiento de Andrea Camilleri. Acaeció a mediados de julio. El escritor tenía 93 años, pero seguía en activo. Solo cuatro meses antes el viejo maestro había publicado Km 123. Hasta que aflore la postrera entrega de la serie Montalbano -que decía el genio siciliano que le reserva la muerte al comisario y que está en el cajón de su editor desde hace más de diez años-, este es su último thriller y llega el próximo martes a las librerías traducido al español de la mano del sello Destino -depositario de su obra en castellano junto con la editorial Salamandra-. El desencadenante del relato es un accidente de tráfico en el kilómetro 123 de la romana vía Aurelia, de donde se llevan al hospital y en estado grave al constructor Giulio Davoli. Es entonces cuando entra en escena el inspector jefe de policía Attilio Bongioanni -homenaje al sagaz investigador clásico que padece un jefe incompetente-, ya que un testigo, Anselmo Corradini, afirma que el siniestro no fue fortuito sino un choque deliberado.

Tan interesante como la novela es el texto titulado Defensa de un color -intervención de Camilleri en el congreso Escritores y críticos en debate, celebrado en el 2003-, en el que ensalza el amarillo [giallo], con el que en Italia se denomina la literatura policíaca y judicial desde que en el verano de 1929 la casa Mondadori inauguró la colección de género negro Il giallo, así llamada por el vivísimo color amarillo de sus emblemáticas portadas. En esta breve pero sustanciosa ponencia el creador del comisario Salvo Montalbano indaga el origen -que sitúa en la primera mitad de la década de los 30-, la condición y la evolución del noir en su país y reflexiona sobre sus características temáticas y narrativas, sobre las virtudes de los romanzi gialli, es decir, las novelas policíacas, y también sobre sus crisis y sus detractores, entre ellos, el gran Alberto Savinio. El éxito, sostiene Camilleri, sucederá lejos del Boston donde comienza ambientando sus historias Giorgio Scerbanenco, escritor italiano nacido en Kiev y pionero del giallo: será cuando los creadores hablen de Italia en sus historias criminales y policíacas. Leonardo Sciascia y sus novelas sobre la mafia han tenido mucho que ver en ello, y sobre todo su heredero Camilleri, que deja ahora su legado bien atado.

Ahí están para atestiguar la excelente salud del giallo Marco Vichi, Carlo Lucarelli, Gianrico Carofiglio, Massimo Carlotto, Stefano Tura, Santo Piazzese, Sandrone Dazieri, Rosanna Campo, Maurizio de Giovanni, Marcello Fois, Ben Pastor, Giancarlo de Cataldo, Renato Olivieri... Y, claro, su alumno aventajado Antonio Manzini (1964), de quien Salamandra trae al castellano -solo dos días después de Km 123- la sexta entrega de las andanzas del subjefe de policía Rocco Schiavone, destinado en la brigada móvil de Aosta: Polvo y sombra. La empatía y la humanidad del funcionario creado por Manzini le han hecho acreedor, por cierto, del triunfo en el apartado de novela extranjera de la 25.ª edición del compostelano premio San Clemente. A los estudiantes gallegos no se les escapa el talento para la narrativa ágil y sencilla del autor romano.

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