Manuel Gallego Jorreto, el Premio Nacional de Arquitectura que nunca salió de Galicia

La revista especializada «Archives» homenajea en su último número al maestro gallego

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a coruña / la voz

«Estabamos en débeda con el», explica el arquitecto y profesor de la Universidade da Coruña (UDC) Carlos Quintáns. Junto al fotógrafo Juan Rodríguez, es el impulsor de un proyecto editorial en papel que es un rareza en la era digital, no solo por su osadía, sino por su éxito. Archives agotó las dos ediciones de su primer número. La publicación especializada, que se imprime en A Coruña y se vende tanto en Estados Unidos como en Bélgica, Suiza, Italia o Sudáfrica, a un precio de 24 euros, dedica su quinta entrega a Manuel Gallego Jorreto (O Carballiño, 1936). Un monográfico que recorre sus cinco décadas de trabajo y que se presentó este miércoles en la Escola de Arquitectura de A Coruña, con presencia de autoridades como el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, o el rector de la UDC, Julio Abalde.

«Fagas o que fagas en Galicia, sempre atopas unha obra na que Manolo xa mirou, fixo e reflexionou», esgrime Quintáns, que remarca: «En toda España, só hai dous arquitectos por partida dobre Premio Nacional. El e Rafael Moneo». Gallego Jorreto hizo doblete, en efecto, al recibirlo en el 2018 por toda su obra. Antes, en 1997, lo ganó por el Museo de Belas Artes de A Coruña.

Las 13 razones

Para abordar la trayectoria del arquitecto, la publicación desgrana 13 de sus obras. «As máis significativas, cunha relevancia especial para elaborar un discurso claro», apunta Quintáns. Están desde imponentes edificios públicos como el Complexo Residencial de Monte Pío o el Museo das Peregrinacións, ambos en Santiago, a viviendas particulares, como una en A Illa de Arousa y otra en Corrubedo.

«No tengo predilección. En todas las obras hay algo que me interesa más y aspectos que me interesan menos», confiesa el homenajeado, que responde así cuando se le pide que elija un encargo por el que le gustaría ser recordado: «Quiero ser recordado con cariño, por los amigos». Después de formarse en Madrid y arrancar su carrera profesional en estudios como el de Alejandro de la Sota o el del noruego Erling Viksjø, nunca emigró de Galicia por trabajo.

 Fagas o que fagas en Galicia, sempre atopas unha obra na que Manolo xa mirou, fixo e reflexionou

Un centenar de trabajos

«He hecho algún proyecto fuera, pero todo lo que he ejecutado lo hice aquí. Me gusta dedicarle tiempo y presencia al trabajo», argumenta. Su firma va pareja a un centenar de edificaciones. De todas y cada una de ellas se acuerda. Con la perspectiva que da el tiempo, dice, «no cambiaría nada. Es como la vida. Es así, pues así va».

 Todo lo que he ejecutado lo hice aquí. Me gusta dedicarle tiempo y presencia al trabajo

Del número dedicado al ourensano vinculado desde sus inicios a A Coruña, donde abrió el estudio, se han impreso 4.000 ejemplares de la revista con los que se exporta no solo su arquitectura sino su relación con Galicia. «Se teño que elixir un traballo seu para xustificar unha vida, a miña, eu elixiría o Museo de Arte Sacro. Estaría feliz, non faría falta traballar máis. É unha obra chea de reflexións», concluye el que fue alumno de Gallego Jorreto, Carlos Quintáns.

«Hay poesías magníficas que solo ocupan media carilla»

La aventura de Archives empezó hace dos años y medio. «Conseguir unha reedición dunha revista é unha anomalía hoxe en día», desliza satisfecho Carlos Quintáns. «Véndese en medio mundo. Queremos que se conciba como un obxecto», continúa. La edición es bilingüe, a veces incluso trilingüe, y cada número presenta «un territorio novo». El Pritzker portugués Eduardo Souto de Moura centró la anterior entrega. «Agora xa tocaba unha monografía como corresponde á figura de Manolo Gallego», sostiene el docente de la UDC. Y, para escépticos, Quintáns avisa: «En xeral, en Galicia e en España hai boa arquitectura. Non tan homoxénea como a que atopas por Europa, o cal fala moito dun país».

A este respecto, el arquitecto nacido en O Carballiño, Manuel Gallego Jorreto, avanza que, a pesar del «desconcierto actual, no estamos en un momento muy brillante, en todos los lados siempre se hace buena y mala arquitectura».

El suyo, sabe, es un campo controvertido a veces. «La arquitectura es compleja. Tiene un importante componente social, técnico, humanista y plástico». Las grandes obras siempre acaparan la atención, pero la genialidad y la complejidad técnica pueden residir también en una casa. «Hay poesías magníficas que solamente ocupan media carilla y hay textos muy reflexivos, ensayos complejísimos, que son un libro entero y no dicen casi nada». Recuerda el autor de la Casa da Cultura de Chantada o de la lonja de Lira que «el tamaño no es lo definitivo» de una obra.

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