La gran explosión de creatividad del cine español de la Transición

El profesor José Luis Castro de Paz indaga en su nuevo libro la riqueza fílmica de una época que brilló por el riesgo formal, la innovación y la probatura

Ovidi Montllor, Alicia Sánchez y Lola Gaos, en una  escena del filme de José Luis Borau «Furtivos» (1975)
Ovidi Montllor, Alicia Sánchez y Lola Gaos, en una escena del filme de José Luis Borau «Furtivos» (1975)

Redacción / La Voz

La Transición es un territorio desconocido en cuanto al cine. Cuando la gente habla de esa época piensa enseguida en los aplausos y reconocimientos que obtuvieron películas españolas en el Festival de Berlín o en los premios de Cannes a Landa y Paco Rabal por Los santos inocentes.

Quien así arguye es José Luis Castro de Paz, catedrático de Comunicación Audiovisual de la Universidade de Santiago, que dedica su nuevo libro, Formas en Transición. Algunos filmes españoles del período 1973-1986 (Shangrila), a analizar este tiempo en base a películas bien diferentes: Furtivos; ¿Qué he hecho yo para merecer esto!; Queridísimos verdugos; Duerme, duerme, mi amor; Arrebato; Mambrú se fue a la guerra... «El ensayo no busca trazar un panorama general de todo lo que ocurre, sino extraer conclusiones a partir del estudio detenido de una serie de obras», reseña el profesor.

Castro de Paz quiere poner en valor la riqueza y diversidad de este período, pero, sobre todo, investigar cómo evoluciona la forma, cómo el cine español se vivifica a partir de la nueva situación política, de las expectativas creadas, de la esperanza... Y cómo «reutiliza las fuentes que lo habían nutrido desde la etapa muda: el teatro popular español, la zarzuela o el sainete siguen siendo vitales para dar forma al espectáculo cinematográfico y para decir las cosas que se pretende decir, tanto desde la derecha como desde la izquierda», apunta.

Las actrices Verónica Forqué y Carmen Maura, en una escena de la película de Almodóvar «¿Qué he hecho yo para merecer esto?», rodada en 1984
Las actrices Verónica Forqué y Carmen Maura, en una escena de la película de Almodóvar «¿Qué he hecho yo para merecer esto?», rodada en 1984

Aquel cine académico que triunfó fuera se consolidó como la imagen del cine democrático, pero realmente la producción del período 1973-1986 es enorme, en torno a 1.300 películas, anota Castro de Paz. «Son muchas y diversas, juegan infinitas bazas; y lo hacen en ocasiones de una manera descerebrada, demasiado rápida, poco pensada, a veces enormemente valiente; y tocan todo tipo de temas sin restricciones, sin miedo a la censura. Hay una explosión de creatividad caracterizada por la probatura, la innovación, el riesgo... Y ese mapa es lo que pretendo poner de relieve, estudiando para ello algunas películas de la manera más profunda que pude para desentrañar lo que late ahí debajo, lo que viene del pasado y los cambios de la mentalidad del país. En tal sentido, no es un trabajo de divulgación, sino académico, donde se analizan casi plano a plano algunas cintas», incide.

El final de la aventura

Esa explosión de creatividad, ese período («no vamos a decir de esplendor, pero sí de riesgo») se rompe cuando llega Pilar Miró. «Felipe González decide, con buen o mal criterio -es algo histórico-, que hay que buscar la manera en que el cine español sea reconocido en el extranjero, y para ello propone la revisión de escritores y obras prohibidos por el franquismo, Valle, el Cela de La colmena, Lorca...», relata Castro de Paz. Y resultan de este proyecto adaptaciones académicas, técnicamente dignísimas, visualmente muy parecidas a la televisión, que se exhiben en los festivales internacionales. Hicieron películas, algunas estupendas, con muchísimo dinero público, que muchas veces traicionaron el espíritu del autor visitado, como es el caso de La colmena, cuya vanguardia derivó en las manos de Camus en una narración lineal del todo convencional. Esta institucionalización del cine, lamenta el profesor, hace que desaparezcan la probatura, la audacia y los juegos formales. La ruptura, la modernidad, esa ebullición, queda cercenada.

El catedrático da tanta importancia a la metodología de trabajo como al propio tema. «No vale decir cualquier cosa. En el cine, como en el fútbol, todo el mundo tiene una opinión. Pero hay profesionales con su vida dedicada y gente que opina desde el bar. La diferencia entre un crítico y un analista es que yo veo la misma película diez veces antes de escribir y un crítico ve diez películas y escribe cinco líneas sobre cada una». Su tarea, remarca, consiste en aplicar metodologías que provienen de la historia del arte, la lingüística, el psicoanálisis, la iconología... «Y, después de ver la película y analizar los planos y estudiar cómo están construidas, intentar sacar conclusiones que estén dentro de lo razonable, con vocación de permanencia. Es evidente que la historia del cine no es una ciencia, pero sí una disciplina que tiene maneras de trabajar».

Presentación del libro «Formas en Transición»

El académico Darío Villanueva participa en la presentación del nuevo libro del profesor José Luis Castro de Paz. El encuentro se celebra este viernes, a las 20 horas, en la Fundación Luis Seoane, en A Coruña.

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