Fernando Broncano: «En el bum inmobiliario comprábamos con el futuro de los millenials»

«Las grandes fracturas de la sociedad no se producen en las grandes ideas, sino en lo más cotidiano», advierte el filósofo salmantino

El filósofo salmantino Fernando Broncano, posando en la sede del Consello da Cultura durante su reciente visita a Santiago
El filósofo salmantino Fernando Broncano, posando en la sede del Consello da Cultura durante su reciente visita a Santiago

Santiago / La Voz

El filósofo Fernando Broncano (Salamanca, 1954) hace antropología en el metro de Madrid. ¿Por qué la gente no se mira? «Estás en contacto con la gente pero no quieres que te toquen, quieres guardar un espacio». De los espacios sociales, físicos y simbólicos y de cómo estamos deshaciendo los lazos sociales habló recientemente en el ciclo Pensarmos del Consello da Cultura Galega.

-Uno de esos espacios sociales en disputa es el político, en el que choca el discurso de «los que venimos de la calle» con el de los que hablan prácticamente de pordioseros en el Consejo de Ministros.

-El poder tiene que ver con el tiempo pero tiene mucho, mucho, que ver con el espacio: quién ocupa los asientos, las instituciones, a quién se deja entrar y a quién no. Esto es parte de lo que nos ocurre ahora. Fíjate que las políticas a veces no son tan diferentes, porque el espacio de posibilidades que tenemos no es muy amplio, y sin embargo se polariza muchísimo por estas ideas de que el espacio que nosotros ocupamos no podéis usarlo vosotros: el lugar en la sociedad que a veces es simplemente de distinción, pero hay unos muros invisibles que cuando te chocas con ellos se vuelven visibles. Es importante que empecemos a ver qué tipo de muros estamos construyendo. Son muros de acceso a algunas cosas tan tontas como a dónde llega Internet y a qué velocidad llega.

-O si hay AVE o no.

-Hablamos de la España vacía y como no va a estar vacía, si no tienes ningún acceso a todo aquello que permitiría organizar tu vida de otra forma. Internet nos conecta pero es también un muro invisible, que está separando a la gente. Muchas de las conquistas que parece que tenemos de pronto descubrimos que tienen una cara oculta, que dividen, excluyen, dejan a mucha gente al otro lado. Me parece que es un buen momento para pensar en que las grandes fracturas de la sociedad no se producen en las grandes ideas, sino en lo más cotidiano.

 -En los espacios vacíos.

-Los espacios vacíos son espacios vaciados. Hacemos invivible la vida en los pueblos. A mí me asombra muchísimo el mundo que estamos generando, cada vez más urbano, en el que las ciudades son como agujeros negros que atraen porque no hay futuro en los pueblos, no hay futuro en las ciudades pequeñas y todo el mundo se va, pero cuando se va es a lugares que son un infierno, que son ciudades donde se vive mal. Mis padres, cuando se casaron, vivieron durante unos años en una casa compartida con derecho a cocina. Sesenta y tantos años después, es como vive la gente en Madrid, y no en la etapa de estudiante, que tiene el romanticismo de los 20 años... No, tienes 30 años, estás ganando mil euros y no puedes tener una casa, no puedes tener una familia... El precio que estamos pagando pagando por la urbanización es terrible en calidad de vida.

Estamos produciendo sucedáneos de relación y de vínculos afectivos

 -En la generación millenial de la que habla tenemos la sensación de que el ascensor social se ha averiado.

-Es verdad que hay una división de clases, pero hay que empezar a pensar que tenemos una división de generaciones terrible, que también explica mucho lo que ocurre en el plano político. Las generaciones mayores viven aceptablemente bien, no vamos a decir más porque les afecta el problema de las pensiones, pero las generaciones que tienen menos de 40 años son generaciones sin futuro, y el futuro que les queda da cierto miedo. No tanto porque no se pueda vivir, porque cualquiera puede vivir en las sociedades urbanas. El problema es tener planes de vida, organizar tu vida a largo plazo. No puedes. 

-¿Es un problema de comunicación entre generaciones?

-Hay una falta de comunicación que es terrible.No hay una planificacion conjunta. Y fíjate que tiene mucho que ver con el espacio. A mi generación le vendieron que el bienestar consistía en tener una, dos o tres casas. Y no se estaban dando cuenta de que lo que estaban haciendo era vender el futuro de sus hijos, que no iban a tener casa. En el bum inmobiliario, que parece que nos hizo a todos ricos, estábamos comprando con el futuro de los millennials. Esto produce una fractura que no se arregla rápidamente, porque hemos entrado en una vorágine que se retroalimenta. En las grandes ciudades los precios son cada vez mayores pero la gente tiene que ir allí porque es el único lugar en el que hay trabajo y como hay trabajo y mucha gente suben los alquileres... Es una locura. Debemos parar esta disgregación de la sociedad porque al final lo que nos encontramos son odios, polarización, emociones desbordadas, fracturas... Y además lo paga todo el mundo, porque los mayores pagan en soledad y los jóvenes en capacidad de relacionarse también.

-Otro espacio de esta sociedad: los no lugares, esos sitios que son exactamente calcados el cualquier país.

-Pongo siempre el ejemplo de la tienda de barrio, a la que la gente iba no solo a comprar, iba sobre todo a contarle a la tendera. ¿Te imaginas ahora a esa señora mayor? Llega a una franquicia, la recibe una chica que está cobrando 650 euros, le pone una sonrisa y un que tenga un buen día pero no puede hablar, nadie la va a escuchar. Todo aquello que iba relacionado con el consumo, que era en cierta forma trama social, lo estamos destruyendo. Vayas a la ciudad que vayas te vas a encontrar los mismos bares, en los que tienes cada vez menos relación. Estamos homogeneizando y el precio que pagamos es en destejimiento social. Una de las estadísticas que me asombra es que a partir de cierta edad, el 30 % de las parejas se forman a través de Tinder y páginas parecidas. Si llegas a las 22.30 del trabajo y llegas derrotado al fin de semana, ¿qué forma puedes encontrar de relaciones afectivas? Pues terminan siendo este tipo de no lugares. A mí me asombra porque lo vivimos como si fuese un adelanto cuando es un precio altísimo el que hemos pagado. 

 -Todo esto refuerza la idea de que esta es una sociedad hiperconectada, pero más solitaria que nunca.

En una sociedad hiperconectada lo que estamos produciendo es soledad y aislamiento. En un grupo de WhatsApp no te comunicas, es un grupo en el que cada uno suelta suelta sus opiniones pero no hay comunicación, no estás viendo los ojos. Aunque fuera una pelea. No es lo mismo enfadarte cara a cara que insultar a través de WhatsApp. Eso produce narcisismo, aislamiento y esto, que lo único que hacemos es mandar selfies. 

 -Es un espejismo de socialización.

-Facebook nos hace creer que tenemos amigos e Instagram que somos fotógrafos. Ninguna de las dos cosas. Estamos produciendo sucedáneos de relación y de vínculos afectivos.

-¿Hay algún modo de frenar esto?

-Nos lo tenemos que tomar muy en serio. Las políticas de cercanía, da igual que sean conservadoras o progresistas, son políticas de supervivencia. O nos plateamos recoser, retejer los lazos sociales, o lo que estamos generando es una sociedad de sufrimientos. 

 

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 -¿El entusiasmo es una trampa, una cadena autoimpuesta?

-Entusiasmo es una palabra celebratoria, cuando decimos que somos entusiastas es algo positivo y a mí me parecía interesante hacer un ejercicio de desmontaje de este concepto, reivindicando el entusiasmo sincero, que es el que sigue movilizando a multitud de personas que nos dedicamos a los trabajos culturales en distintas facetas. Estamos viviendo en una instrumentalización de ese entusiasmo para acelerar la maquinaria productiva y competitiva de forma que se está pervirtiendo. Es lo que denomino entusiasmo fingido, como un entusiasmo del que muchas personas que están en situación de precariedad necesitan hacer uso de una manera impostada para ser visibilizados entre la multitud de personas precarias que están en la lista de espera. Me refiero a esa constante rivalidad y competencia que viven personas que están constantemente formándose y accediendo a becas y que implica un encadenamiento de actividades que suponen seguir en esa cadena productiva con la expectativa de que les llevará a un trabajo estable, a una mejor vida.

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