Extremoduro o la liberación del Robe

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA / LA VOZ

CULTURA

EXTREMODURO EN UN CONCIERTO EN EL 2012 EN A CORUÑA
EXTREMODURO EN UN CONCIERTO EN EL 2012 EN A CORUÑA PACO RODRÍGUEZ

El maestro de Plasencia ha acabado desprendiéndose de todas sus cargas, incluida la gigantesca banda a la que él y Uoho acaban de poner fin

19 dic 2019 . Actualizado a las 08:43 h.

La evolución de Extremoduro, desde aquellos primeros pasos de aire macarra, salvaje y follonero en Plasencia, cuando los años 80 boqueban, hasta su última y multitudinaria gira, hace cinco años, con más de 300.000 entradas vendidas para correr tras la presentación de Para Todos Los Públicos, es la historia de la liberación de su fundador, Robe Iniesta.

Con el paso del tiempo, el Robe se ha ido desprendiendo de todo. Del malditismo seminal que a él, en sus propias palabras a La Voz en el 2014, se la sudaba ampliamente después de morir y renacer tantas veces. Del desmadre como forma de vida. De la propia Extremadura, desde la que voló a Barcelona y Bilbao de la mano del imprescindible Uoho. Del encasillamiento en el rock urbano, en el rock duro, en la roca de Pedrá o en cualquier otra tontería.

Treintaitantos años después, le quedaba un último arreón para completar el trabajo: el acta de defunción de Extremoduro, firmada de buen rollo entre los cuatro miembros que le daban alma desde el 2001. Nuestro hombre se despide de Iñaki Antón, Uoho, su arquitecto musical, del resto de la tropa y del grupo que él mismo creó e hizo crecer hasta convertirlo en una absoluta referencia del rock, o de lo que sea, en castellano. Libertad para todos. Para él, que puede volar solo, sin etiquetas, como ya lleva haciendo un tiempo. Y libertad para los otros tres habitantes de Extremoduro, dedicados a tiempo completo a Inconscientes, su proyecto de rock con enjundia. Ruptura honesta. Hay complicidad, pero ya no tanta. Así que, cada uno a lo suyo.