Maram al Masri: «La poesía debe ser sencilla, luminosa, no me gustan los poetas oscuros»

La escritora siria recorre Galicia con su lírica «engañosamente sencilla» y usando los versos para luchar contra la violencia


«Las nubes no albergan la esperanza de cambiar la dirección del viento». Esto dice uno de los poemas de Maram al Masri (Latakía, 1962), la poeta siria que estos días está en Galicia en un recorrido que inició el fin de semana en Vigo, pasó este lunes por A Coruña -para participar en el programa Poetas Di(n)versos [con Baldo Ramos]-, la llevará el martes por Xinzo, Celanova y Allariz y el miércoles a Ourense y Santiago. La escritora Yolanda Castaño, coordinadora del ciclo coruñés, recuerda que «o seu nome soou entre as nomeadas ao premio Nobel 2016» y que es «unha das grandes voces poéticas de Oriente Medio e Francia». A los veinte años Maram al Masri se exilió en Francia, donde vive desde entonces. En España ha publicado nueve poemarios, el mismo número de idiomas al que está traducida su obra poética.

-Aconseja leer un poema al día porque es bueno para la salud...

-[Risa] Sí, es como tomar una manzana diaria, que te aleja del médico. Sí, he aconsejado eso.

-Luis Alberto de Cuenca asegura que su poesía es «engañosamente sencilla»...

-Él me conoce porque presentó uno de mis libros. La gente dice de mis poesías que son muy sencillas pero yo no lo digo así. La que soy sencilla soy yo, como persona, y me gusta mucho todo lo que no tiene complicaciones en la poesía. A la gente le gusta un trato sencillo. Quiero ser todavía más sencilla para llegar a los corazones de todo el mundo. Ya hay muchas cosas complicadas: la muerte, enfermedades, desastres, guerras... A veces hasta el amor es complicado.

-Para usted, ¿qué utilidad tiene la poesía?

-Es como un tratamiento para la gente, como la luz que viene para iluminar la oscuridad. Eso es la poesía. No estoy de acuerdo con los poetas que son muy oscuros, que tienen las ideas oscuras. En medio de la vida complicada viene un poeta a leer o recitar algo que hace la vida todavía más complicada. ¡No! La poesía es como una selva: tiene luz, muchos árboles, flores, animales salvajes... Tiene de todo.

-«Almas con pies desnudos» es uno de sus libros más duros.

-Cada poema lleva el nombre de una niña o una mujer y a través de ellas cuento historias desgarradoras de sufrimiento, de amor, de soledad... Presento cada poema como el DNI de una persona: nombre, edad, trabajo... Es como un panorama que ilumina la violencia que está no solo en los países árabes, no solo con los hombres árabes: está en todas partes, en la gente rica y pobre, en países modernos y del tercer mundo. He recibido muchas cartas de hombres de alto nivel diciendo que, con ese panorama, les había abierto los ojos con mi poesía.

-¿Versos contra la violencia?

-No estoy diciendo que a través de mi poesía se vaya a arreglar el mundo ni tampoco va a haber menos violencia. Anualmente mueren miles de mujeres en todo el mundo. Quiero decir que se puede luchar en contra de la violencia porque los hombres violentos son muertos vivos, no son hombres normales. Un hombre o una mujer criminal están muertos en vida. Con mis versos estoy poniendo mi granito de arena. Son como las olas del mar que chocan contra las rocas una y otra vez hasta dejarlas lisas o hacer un hueco. La democracia que está alrededor del mundo está temblando, se está cayendo. Eso da mucho miedo.

-¿Viaja mucho?

-Sí, a muchos sitios: México, Italia, Colombia, Argentina, China, Japón...

-Al preguntarle dónde vivía a un tenor que viajaba mucho, él decía que tenía la lavadora en...

-[Risas] ¡Pues yo quiero traer mi lavadora a Galicia! Es la primera vez que vengo, pero me gusta mucho todo: la gente, la acogida... Estoy muy agradecida, me gustaría regresar...

«No puedo volver a Siria, la palabra da mucho miedo»

La vida de Maram al Masri, graduada en Literatura inglesa por la Universidad de Damasco, da para una novela: enamorada de un cristiano, cuya familia la rechazó; casada con un musulmán; acosada por los servicios secretos sirios y exiliada en Francia. «Escribo también novelas cortas. Tengo previsto escribir una novela larga en la que lo autobiográfico se mezclaría con muchas otras cosas de la historia de Siria», explica.

-¿Qué papel juega Siria en su obra literaria?

-Está muy presente. Desde que empezó la revolución en el año 2011 estoy muy entregada y este tiempo es todo para los sirios en el amplio significado de la palabra.

-¿Pudo volver a su país?

-No. Lo tengo prohibido. Soy una perseguida del régimen de Al Asad. Mi nombre está en la lista de las personas buscadas.

-¿Por qué?

-Porque la palabra da mucho miedo y a veces una palabra cambia mucho en el mundo.

-¿De qué la acusan?

-He desafiado al régimen de Siria al descubrir muchas cosas que han pasado y lo que este gobierno lleva haciendo desde hace muchos años. He hecho salir a la luz criminales que han matado niños... Y siempre con la palabra.

-¿Poesía frente a violencia?

-En mi poesía hablo de la lucha para combatir la violencia contra las mujeres, los mayores, los niños, las personas, en contra de los pueblos, contra la humanidad.

-¿Considera que la situación de Siria es dramática?

-No es solamente dramática. Hemos llegado a la tragedia. En Siria, como pueblo, hemos llegado a perder la esperanza. Ya no se puede hacer nada con un régimen como este. Nosotros no debemos permitir que se pierda la esperanza porque tenemos una responsabilidad muy grande delante de un millón de personas que han muerto por la libertad de Siria. Necesitamos ser más fuertes y estar más unidos para lograr la justicia y que Siria sea un país laico y democrático.

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