Marie Frediksson, la inconfundible voz de Roxette

La cantante propulsó el éxito del dúo, con éxitos como «The Look» o «It Must Have Been Love». En el 2002 sufrió un tumor cerebral que la obligó a reaprenderlo todo

Marie Fredriksson, en un concierto en Suecia en el año 2015
Marie Fredriksson, en un concierto en Suecia en el año 2015

redacción / la voz

Marie Frediksson conoció el éxito arrollador con Roxette: 75 millones de discos vendidos por el grupo sueco más famoso en todo el mundo tras ABBA. Canciones como The Look o It Must Have Been Love -inmortalizada gracias a su papel prominente en la película Pretty Woman- no han dejado de sonar. Pero los triunfos rara vez se dan sin talento y tesón, dos cualidades que Frediksson demostró tener a lo largo de una vida que se apagó el lunes pasado a los 61 años.

Nacida en la pequeña localidad sueca de Össjö en 1958, Marie conoció el dolor a una edad muy temprana: su hermana mayor, Anne-Lisa, murió en un accidente de tráfico cuando venía de recoger el vestido para celebrar su futura boda. Además del trauma, la pérdida se tradujo en el despertar de la afición musical en Marie, quien invirtió las largas horas del invierno sueco -sus padres trabajaban, por lo que la niña y sus hermanos pasaban mucho tiempo a solas- en aprender solfeo y pulir su extraordinaria voz. Tras una formación académica, la joven ya estaba preparada para emprender una carrera como profesional, cuyos primeros pasos la llevaron de gira con un musical y a colaborar con diversos grupos en la escena sueca de finales de los setenta, que vivía un momento de esplendor gracias a ABBA.

Fue gracias a uno de estos grupos, Gyllene Tider, cómo conoció a Per Gessle, quien habría de convertirse en inseparable pareja profesional. Gessle participaba como multiinstrumentista y Frediksson aportaba acompañamiento vocal. El uno vio en el otro el entendimiento musical necesario y, en paralelo a sus propias trayectorias en solitario, empezaron a firmar e interpretar composiciones al alimón. Mientras la de Frediksson inició una línea ascendente, Gessle no daba salido del anonimato. Hasta que grabaron una canción, Neverending Love, que editaron bajo el nombre de Roxette.

Sus dos primeros álbumes, Pearls of Passion y Look Sharp!, fueron éxitos locales. Superaron los 200.000 discos vendidos, Marie recogió varios premios en los Grammis -la versión sueca de los galardones norteamericanos- y su música sonaba insistentemente en la radio. El mercado internacional, en cambio, se les resistía. Hasta que sucedió uno de esos milagros que ahora parecen imposibles en la industria musical. Un estudiante norteamericano de intercambio en Suecia se enamoró de una de las canciones de Roxette, The Look, y, de vuelta a su país, le pasó el sencillo a una emisora de su ciudad, Minneapolis. El tema fue un éxito entre los oyentes y EMI, que había declinado publicar el álbum en Estados Unidos porque no le veía posibilidades comerciales, se apresuró a editarlo.

Fue un momento dulce para Roxette, que aún habría de llevar su triunfo a nuevas cotas gracias a Pretty Woman, el filme de Garry Marshall que le concedió un lugar preeminente a su canción It Must Have Been Love. La canción dio la vuelta al mundo y hasta se grabó una versión en español, No sé si es amor. Un nuevo álbum, Joyride, cimentó con sus ventas millonarias su posición, pero su estrella empezó a declinar en 1994 con Crash! Boom! Bang!, que no revalidó su tirón en Estados Unidos. Tras un paréntesis dedicado a sus proyectos en solitario, Frediksson y Gessle retomaron Roxette y publicaron dos nuevos trabajos, Have a Nice Day y Room Service.

Pero en ese momento Marie volvió a enfrentarse a la adversidad. En el 2002 se le diagnosticó un tumor cerebral. Le concedieron un 20 % de probabilidades de supervivencia, pero la cantante salió adelante. Como le pasó también a Edwyn Collins, tuvo que reaprenderlo todo: hablar, componer y cantar. El esfuerzo y el tesón dieron sus resultados y Roxette llegó a editar dos nuevos trabajos, Charm School y Travelling, en el 2011 y 2012. Marie también publicó otro bajo su nombre, Nu. Se sucedieron las actuaciones, pero en el 2016 una recaída de la cantante obligó a suspender la gira. Había sobrevivido al tumor 17 años.

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