Luc Dardenne: «Tenemos que dejar de pensar que los inmigrantes son intrusos»

Iker Cortés MADRID / COLPISA

CULTURA

Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, cineastas belgas y autores de la película «El joven Ahmed»
Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, cineastas belgas y autores de la película «El joven Ahmed» Christine Plenus

«Los jóvenes terroristas no son víctimas, tienen un deseo y un punto narcisista», asegura el cineasta belga, que acaba de estrenar «El joven Ahmed», película que dirigió junto a su hermano Jean-Pierre

09 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Luc Dardenne (Awirs, Bélgica, 1954), el pequeño de los hermanos Dardenne, es un conversador nato. Afable y divertido, le apasiona hablar y discutir acerca de su última propuesta cinematográfica, El joven Ahmed, una cinta ambigua que sigue los pasos de un adolescente musulmán radicalizado y que se estrenó el jueves 5 de diciembre. El realizador solo tuerce el gesto cuando el auge de los populismos y la ultraderecha salen a colación en la conversación. Su hermano Jean-Pierre, codirector, tuvo que cancelar su viaje a España a última hora.

-¿Cuál fue el punto de partida?

-Nació a raíz de los atentados en Europa. Lo que ocurrió en la sala Bataclan, Charlie Hebdo, el museo judío en Bélgica, el metro, el aeropuerto... El hecho de que se acercara a nosotros fue muy fuerte. Lo digo sin egoísmo. No es porque sucediera en Bélgica pero, de pronto, te toca profundamente. Ya habíamos barruntado la idea de hablar de terrorismo, pero queríamos hacerlo de otro modo: ver a alguien radicalizado y comprobar si puede salir del bucle. Nuestra primera idea era un joven de 20 años, pero nos parecía imposible, era demasiado novelesco y rocambolesco. Se nos ocurrió bajar la edad. Y empezamos a ser optimistas con la idea de que haciéndole conocer a gente, quizá podía salir del fanatismo. Al final buscábamos que el espectador pudiera sentir, notar y vivir la profundidad del fanatismo a través de Ahmed.

-Apenas se dan unas pinceladas del contexto familiar del protagonista. ¿Tuvieron la tentación de contextualizar más su historia?

-No, porque lo que nos asustaba es que si dábamos demasiada presencia a la familia, podíamos dar al espectador razones para que el chico se radicalizara. Preferimos poner eso en un cuarto plano y estar con él en ese momento. A la familia la consideramos impura, en oposición al discurso del imán. Queríamos que la familia fuera la antítesis de la religión, que Ahmed fuera enigmático de cara al espectador. El imán le fascina y se alegra de estar entre los grandes musulmanes y quiere matar, pero al mismo tiempo es un niño, con las manos y la cara regordeta, un poco patoso.