Luc Dardenne: «Tenemos que dejar de pensar que los inmigrantes son intrusos»

«Los jóvenes terroristas no son víctimas, tienen un deseo y un punto narcisista», asegura el cineasta belga, que acaba de estrenar «El joven Ahmed», película que dirigió junto a su hermano Jean-Pierre

Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, cineastas belgas y autores de la película «El joven Ahmed»
Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, cineastas belgas y autores de la película «El joven Ahmed»

Madrid / Colpisa

Luc Dardenne (Awirs, Bélgica, 1954), el pequeño de los hermanos Dardenne, es un conversador nato. Afable y divertido, le apasiona hablar y discutir acerca de su última propuesta cinematográfica, El joven Ahmed, una cinta ambigua que sigue los pasos de un adolescente musulmán radicalizado y que se estrenó el jueves 5 de diciembre. El realizador solo tuerce el gesto cuando el auge de los populismos y la ultraderecha salen a colación en la conversación. Su hermano Jean-Pierre, codirector, tuvo que cancelar su viaje a España a última hora.

-¿Cuál fue el punto de partida?

-Nació a raíz de los atentados en Europa. Lo que ocurrió en la sala Bataclan, Charlie Hebdo, el museo judío en Bélgica, el metro, el aeropuerto... El hecho de que se acercara a nosotros fue muy fuerte. Lo digo sin egoísmo. No es porque sucediera en Bélgica pero, de pronto, te toca profundamente. Ya habíamos barruntado la idea de hablar de terrorismo, pero queríamos hacerlo de otro modo: ver a alguien radicalizado y comprobar si puede salir del bucle. Nuestra primera idea era un joven de 20 años, pero nos parecía imposible, era demasiado novelesco y rocambolesco. Se nos ocurrió bajar la edad. Y empezamos a ser optimistas con la idea de que haciéndole conocer a gente, quizá podía salir del fanatismo. Al final buscábamos que el espectador pudiera sentir, notar y vivir la profundidad del fanatismo a través de Ahmed.

-Apenas se dan unas pinceladas del contexto familiar del protagonista. ¿Tuvieron la tentación de contextualizar más su historia?

-No, porque lo que nos asustaba es que si dábamos demasiada presencia a la familia, podíamos dar al espectador razones para que el chico se radicalizara. Preferimos poner eso en un cuarto plano y estar con él en ese momento. A la familia la consideramos impura, en oposición al discurso del imán. Queríamos que la familia fuera la antítesis de la religión, que Ahmed fuera enigmático de cara al espectador. El imán le fascina y se alegra de estar entre los grandes musulmanes y quiere matar, pero al mismo tiempo es un niño, con las manos y la cara regordeta, un poco patoso.

-¿De dónde cree que un joven así saca esa rabia y ese odio?

-Como cineasta no he querido saberlo, pero como ser humano pienso que también es una película sobre la adolescencia, que es esa edad en la que no te gustas mucho y no sabes muy bien quién eres. Los modelos ya no están en la familia y los buscas fuera y no sabes donde ir. Y en ese momento él halla en el imán una especie de respuesta, una admiración casi narcisista. Está encantado, se complace. Y eso es lo terrible, que en estos jóvenes terroristas hay un deseo, no son víctimas.

-¿La película interpela a todas las religiones?

-Absolutamente. Los fanáticos religiosos no son solo musulmanes, los hay de todos los cultos y a lo largo de toda la historia. La religión habla de una verdad y si crees que la verdad es absoluta, rechazas lo demás. Ni siquiera puedes pensar o admitir que se separe la Iglesia del Estado. Hay quien nos pregunta que por qué decimos que los árabes son terroristas y tienes que explicarles que nosotros no decimos eso, que no estamos atacando a los musulmanes y que cualquier religión puede ser fanática.

-¿No temen que la ultraderecha use una historia como esta para atacar a los musulmanes?

-Si temiera eso, dejaría de hacer cine [ríe]. Creo que los espectadores son también responsables de su propia interpretación. Antes le decía a otro periodista que cuando rodamos La promesa, una película sobre la inmigración, el señor Le Pen, del Frente Nacional en Francia, llegó a decir algo así como que los emigrantes en vez de ir a Francia deberían ver la película que habíamos hecho para que vieran cómo se les trata allí y desistieran. Pues con esta película se puede hacer lo mismo, se pueden decir cosas odiosas. Si el espectador tiene odio dentro, qué podemos hacer.

-¿Le asusta el auge de la ultraderecha y de los populismos en la Unión Europea?

-Me asustan mucho. Los populismos de derecha asimilan la inmigración con el terrorismo, y eso es terrible. Creo que Europa, y me refiero a todos los países, van a tener que tomar una decisión clara en cuanto a la inmigración. Debemos lograr una solución de integración, que los inmigrantes aprendan los idiomas de los países a los que van. Tenemos que dejar de pensar que los inmigrantes son intrusos y verlos como personas que se pueden convertir en amigos. Eso es lo que hace falta, pero llevará tiempo.

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