La cultura sale de sus templos

El Barroquista y el youtuber Jaime Altozano explicaron en el Gaiás cómo divulgar en los tiempos digitales

Jaime Altozano y El Barroquista, en #CulturaLike, unas recientes jornadas celebradas en Santiago
Jaime Altozano y El Barroquista, en #CulturaLike, unas recientes jornadas celebradas en Santiago

santiago / la voz

¿Qué es un youtuber? Ahí está. El estereotipo. Como un fotograma: adolescente que juega a videojuegos, que habla de banalidades. Que graba bromas. Millennials, generación Z, haciendo contenido audiovisual con muchos cortes, muy rápido, muy intenso. Y sin embargo, ¿qué es un youtuber? Youtubers son profesores de universidad mayores, que hablan a cámara despacio, que no hacen grandes cortes «y tienen desde decenas de miles hasta millones de visitas en todo el planeta porque la gente realmente tiene muchas ganas de aprender». Jaime Altozano tiene cerca de dos millones de seguidores. Jaime Altozano es millennial. Jaime Altozano hace divulgación musical. Jaime Altozano es youtuber.

«Que de repente todo el mundo pueda consumir audio y vídeo en su móvil de manera instantánea es una revolución equivalente a cuando con la imprenta todo el mundo podía consumir palabra escrita al instante». Imprenta, radio, televisión, redes sociales. Qué más da. Al final todo esto se resume en conectar. En comunicar. En crear cultura para llevar.

El concepto lo saca a colación Miguel Ángel Cajigal. Su nombre de guerra, El Barroquista. 40.000 seguidores en Twitter. Hace unos días, un hilo sobre la auténtica gravedad de las inundaciones en Venecia ha conseguido llegar a miles de personas. Concienciarlas, y generar debate. ¿Su arma? Las redes sociales. De eso, de usar el gran poder de Internet para el bien, es de lo que hablaron Altozano y El Barroquista en el Gaiás hace unos días en la jornada #CulturaLike. Las plazas se agotaron en menos de dos horas. Incluso vinieron participantes expresamente de Madrid. «Ahora puedes contar una cosa y en cinco segundos estar repartida por todo el planeta. Al principio nadie sabia qué hacer con esa revolución», explica Altozano. Solo gente que sabe sobre muchas cosas y que tiene muchas ganas de comunicar. «No hay un código, no hay una regla». Hay, simplemente, comunidad.

«La música es un solo lenguaje, el que usaba Bach es el mismo que usamos ahora. Yo puedo hablarte de cómo funciona una fuga de Bach pero no empezar desde ahí, sino de Pokemon y La Oreja de Van Gogh porque son los referentes que tienes y son geniales. Y porque te interesan. Y uno viene del otro. Los que te gustan no podrían existir sin quienes lo inventaron o lo llevaron a la máxima expresión». Así, con sencillez, desde los referentes propios, es como comunican los nuevos divulgadores. Los influencers culturales.

«Estamos sacando a cultura dos seus templos tradicionais». El Barroquista da titulares. Será cosa de los 240 caracteres. Las redes sociales ya permiten visitar grandes pinacotecas desde el sofá. No solo sirven para desentrañar la iconografía de una catedral mientras te sirves un bol de cereales. Las redes sociales «permiten estar en comunicación non só con cuestións culturais, senón cos que se dedican a isto. Podes falar directamente comigo, ou con calquera persona do sector cultural» que tanto puede resolver dudas como aportar debate. «En lingua hispana ou galega creo que aínda non lle sacamos todo o partido que se sacou no mundo anglosaxón».

La cultura es para todo el mundo. Interesa a todo el mundo. «En mis estadísticas lo que veo es un gran bloque de entre 14 y 35 años, pero hay una cola muy grande de gente de más de 65». Algunos no saben de música. Otros, son estudiantes. Y profesores. Y otros ya saben de música, pero les divierte. Y se lo ponen a sus amigos. «Yo soy la punta del iceberg», dice Altozano. La divulgación en habla hispana está aún creciendo, expandiéndose, nutriéndose de un universo rico y complejo de divulgadores anglosajones. Miles de canales en los que aprender de todo tipo de temas. «Lo que El Barroquista hace con el arte hay unos chicos que lo hacen con la música barroca en YouTube, y tienen 40.000 visitas». ¿Solo 40.000? «Vamos a reubicarnos. Pensemos en a cuántas personas podía llegar antes una clase y a cuánta llega ahora. Son varios órdenes de magnitud ya», explica Altozano.

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