La pasión de Henry James

Páginas de Espuma publica el último tomo de sus cuentos completos, piezas de madurez pero también de frustración

Detalle del retrato de Henry James pintado por John Silver Sargent en 1913. National Portrait Gallerý, Londres
Detalle del retrato de Henry James pintado por John Silver Sargent en 1913. National Portrait Gallerý, Londres

redacción / la voz

«Trabajamos a ciegas; hacemos lo que podemos; damos lo que tenemos. Nuestra duda es nuestra pasión y nuestra pasión es nuestra misión. Todo lo demás es la locura del arte». Es Henry James (Nueva York, 1843-Londres, 1916) quien parece hablar por boca de uno de los personajes de Los años intermedios. Esa pasión, con sus alegrías y amarguras, es también el motor de los relatos reunidos en el tercero y último de los tomos que Páginas de Espuma ha dedicado a la obra breve de James. Son piezas fechadas entre 1895 y 1910 y que incluyen una narración inédita e inconclusa, Hugh Merrow.

Los relatos de James -que Borges prefería a sus novelas- reflejan también las circunstancias vitales y literarias por las que atravesaba el autor en estos últimos años. En un esclarecedor prólogo, el editor -y traductor de buena parte de los textos- del volumen, Eduardo Berti, desgrana claves que contribuyen a un mejor conocimiento -y, por tanto, un mayor disfrute- de los cuentos y su génesis. El lector se encuentra así a un James atrapado en una contradicción: su literatura le permite llevar una vida acomodada -en 1899 escribe casi un relato cada semana, por los que obtiene de media 50 libras por pieza- y ha obtenido el reconocimiento académico e institucional, pero a la vez el autor se siente frustrado por lo que considera una falta de éxito popular. Lo encarna la New York Edition de sus obras, «casi completas», que son un bálsamo para su espíritu pero apenas se venden. Esta sensación agridulce tiene su correspondencia en la producción última de relatos: muchos abordan el tema del fracaso del artista

La huella del dictado

Otra cuestión de interés que sale a relucir en el prólogo de Berti es cómo la salud de James acaba por dejar huella en su literatura. Por una dolencia de muñeca empezó a dictar sus obras -principalmente las novelas, pero también los relatos- a partir de un primer borrador: durante ese proceso se permitía cierta improvisación, además de que la oralidad contribuye notablemente al estilo. Con todo, hay otras variaciones, como apunta Berti, entre las que destaca una narración más indirecta u oblicua, debida al uso de un personaje narrador que actúa como mediación entre los hechos y el lector, dando una versión -en ocasiones poco fiable- de lo sucedido.

A los problemas de salud y otros propios de un escenario se suman también decepciones como lo que James consideró una reacción tibia de Estados Unidos en la Gran Guerra, lo que lo llevó a renunciar al pasaporte de su país natal y nacionalizarse británico: un tema, el de ese cruce atlántico, fundamental en su obra. También dio instrucciones de quemar parte de su correspondencia y anotaciones, aunque de los papeles que han sobrevivido se evidencia que tomaba notas hasta los últimos días de su vida. Continuó también explorando, con esa sensación «de abismo», lo que repercutió en una cualidad más abstracta, pero también en abrir líneas estilísticas que luego seguirían Joyce, Pound o T. S. Eliot. Todo ello está contenido en estos cuentos, el cierre de una carrera brillante.

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