El Goncourt reconoce a Jean-Paul Dubois y deja una vez más a la belga Nothomb a las puertas

El sello Alianza publicará en castellano «No todos los hombres habitan el mundo de la misma manera»; será en mayo del 2020, en Francia es ya todo un éxito de ventas

El escritor francés Jean-Paul Dubois posa en el restaurante Drouant tras ganar el premio Goncourt 2019
El escritor francés Jean-Paul Dubois posa en el restaurante Drouant tras ganar el premio Goncourt 2019

París / Efe

El galardón más prestigioso de las letras francesas, el premio Goncourt, recayó este lunes en el escritor Jean-Paul Dubois (Toulouse, 1950) por su obra Tous les hommes n'habitent pas le monde de la même façon [No todos los hombres habitan el mundo de la misma manera], lo que deja por tercera vez a las puertas a la belga Amélie Nothomb.

Desde su publicación a finales de agosto, el libro de Dubois se ha situado entre los más vendidos de las librerías francesas, no muy alejado de Soif, una obra provocativa donde Jesucristo en primera persona narra la Pasión y con la que Nothomb era finalista por tercera vez al Goncourt.

Pero con seis votos para Dubois y cuatro para Nothomb, el jurado dio prioridad al reconocimiento de la carrera y obra del primero, que ante el restaurante parisino de Drouant, en el que el jurado anuncia tradicionalmente el premio, dejó clara su discreta ambición: «Mañana seré el mismo escritor que he sido hasta ahora».

En Tous les hommes n'habitent pas le monde de la même façon -que en mayo del 2020 publicará en castellano AdN, sello de Alianza- el protagonista se encuentra en prisión en Montreal (Canadá) por un crimen que se desvela a medida que el libro avanza.

Dubois narra con humor, melancolía y sensibilidad una historia sobre fraternidad e injusticia, pero también hace una oda a la posibilidad de llevar una vida ordinaria sin seguir la corriente, incluso para aquellos que se han equivocado.

Esta misma parece ser su forma de ver la vida: «No estoy hecho para este tipo de cosas, no me intimida pero este no es mi universo», dijo Dubois al saberse premiado, abrumado por la marea mediática que le esperaba ante el restaurante.

Dubois, a la derecha, acompañado por el miembro del jurado Bernard Pivot (izquierda), es entrevistado en restaurante Drouant tras ganar el Goncourt
Dubois, a la derecha, acompañado por el miembro del jurado Bernard Pivot (izquierda), es entrevistado en restaurante Drouant tras ganar el Goncourt

El jurado del Goncourt reunido allí alabó el carácter cosmopolita de Dubois, «un personaje que vive en su época y sitúa sus novelas» en cualquier rincón del mundo, subrayó el presidente, el escritor Bernard Pivot.

«Le damos el estatus que merecía desde hace mucho tiempo», añadió Pivot, quien hizo hincapié en que, si escribiera en inglés, tendría un reconocimiento internacional al nivel del escocés William Boyd.

Interrogado sobre la derrota de Nothomb, que era la gran favorita, el presidente del jurado recordó que la votación no fue para nada unánime y que el propio Dubois se ha encontrado a las puertas de la victoria en varias ocasiones.

A sus 69 años, el francés cuenta con una amplia obra narrativa pero mantiene un perfil discreto en su vida pública.

Pese a que el ganador del Goncourt solo recibe una remuneración simbólica de 10 euros, su recepción le asegura unas ventas mínimas de entre 300.000 y 350.000 ejemplares, además de una proyección internacional de la que Dubois hasta ahora carecía.

Según Pivot, al no tratarse de la obra un anglófono, el éxito de Dubois se ha limitado mucho dentro de las fronteras nacionales. El jurado ha querido cambiar las cosas con un premio que es como una «declaración de amor» tanto a este libro como a su obra en general.

El premio Renaudot, para Sylvain Tesson

El premio Renaudot, de menor brillo que el Goncourt y que se entrega el mismo día y en el mismo restaurante parisino, fue para Sylvain Tesson por La panthère des neiges, otro de los títulos más vendidos este otoño en Francia.

Tesson, un personaje público muy conocido en su país por sus travesías como explorador y sus recitales de viaje, se traslada hasta el Tíbet para observar los últimos especímenes de la pantera de las nieves, que viven en esta región a unos 5.000 metros de altura.

La aventura le sirve de excusa para reflexionar sobre las consecuencias de la actividad humana en el reino animal con la espiritualidad asiática como marco.

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