Otro pleno de Luis Tosar en la sólida y lúcida «Intemperie»

La obra de Benito Zambrano abrió el Festival de Valladolid


valladolid / e. la voz

Lo recordaba el director de la Seminci, Javier Angulo, en su introducción a la rueda de prensa posterior al pase matinal de Intemperie, ante la casi totalidad del reparto -entre ellos Luis Tosar, Luis Callejo, Vicente Romero y el niño Jaime López-, junto a otros miembros del equipo, que acompañaban al director Benito Zambrano en su cuarta película, ocho años después de La voz dormida. En esta ocasión, jugaba a favor la solvencia del autor sevillano, que debutara en 1999 con la muy premiada Solas -entre otros, cinco Goyas, incluido mejor director novel-, para continuar después con Habana Blues en el 2005 y la antes citada La voz dormida, ambas también con varios Goya. Decía Angulo que la Semana de Valladolid ya tiene por tradición abrir con una película española. La opción tiene sus riesgos y no pocos daños colaterales -una mala recepción crítica puede condenarla antes de su estreno en salas-, pues más de uno salió escaldado en ediciones anteriores. No fue el caso ayer con la presentación mundial de la adaptación de la exitosa novela homónima de Jesús Carrasco, que el propio Zambrano guionizó junto a Pablo y Daniel Remón. Más allá de que el aplausómetro se lo puedan beneficiar familia, amigos y fans varios, lo cierto es que convenció al público y a la crítica. Ofrece una delicada simbiosis entre la mirada de autor y el espectáculo para pantalla grande.

 Asume Zambrano que su película va sobre los excesos y abusos del poder sobre la gente de abajo, esos miserables que aún sufriendo desde su condición de parias, luchan por mantener su dignidad cual héroes anónimos. Los personajes de Carrasco -con trazos tomados del Delibes de Los santos inocentes- transpiran ese apego a la tierra, y a quienes la trabajan y la padecen porque, además, tampoco les pertenece. En una iconografía muy próxima al western, favorecida por los espectaculares secarrales de Granada -«el polvo se masticaba», confesó Tosar- en donde se rodó y que lindan con la Almería del ya mítico spaguetti-western de los años sesenta.

 Un moro veterano de la guerra

Es ahí cuando el pastor que encarna Tosar con su acreditada solvencia y versatilidad, ese Moro veterano de la guerra de Marruecos que pasea su soledad trashumando un rebaño de cabras -en algunos planos pareciera resucitar aquel gran secundario del western que fue Jack Elam-, se erige en protector de un niño que huye del odioso capataz del caserío para dejar atrás un pasado terrible. Moro quizá vea ahí la mejor ocasión para su propia redención, liberando al pequeño de las cadenas que le atan a una tierra detestable. Narrado en un tono poco convencional en el cine de género y apelando al rigor ambiental -destacable dirección de Arte de la gallega Curru Garabal-, y al rigor emocional perceptible en silencios y miradas. Ambientado en la España de 1946, con cuidada fotografía de Pau Esteve y montaje de Nacho Ruiz Capillas, en Intemperie, plagada de personajes descorazonadores, hay también mucha memoria histórica, pero sin renunciar a la esperanza que hace posible ese apocalipsis de cierre en el pueblo abandonado, al mejor estilo western. La película llegará a las pantallas españolas el próximo 11 de noviembre.

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