Un paseo por el arte más excitante y vivo de la mano de Soto

El Guggenheim repasa en «Soto. La cuarta dimensión» la trayectoria de un artista que «marea» y hace reflexionar

Un visitante interactúa con uno de los «Penetrables» de Soto
Un visitante interactúa con uno de los «Penetrables» de Soto

bilbao / Enviada especial

De la exposición de Jesús Rafael Soto en el museo Guggenheim de Nueva York hasta la recién inaugurada en su homónimo de Bilbao han pasado 46 años, pero sus obras impactan igual que lo hicieron entonces.

«Fue importante su paso por ese espacio, que por entonces era nuevo, e igualmente es significativo el paso por este museo, menos nuevo, pero con una importancia muy grande ya por estar en Europa», comenta Cristóbal Soto, hijo del artista. Él y su hermana, Anne Soto, explicaron junto al director general del Guggenheim de Bilbao, Juan Ignacio Vidarte, y el comisario del museo, Manuel Cirauqui, los orígenes de una exposición que trae las obras de Soto nuevo a España, algo que no ocurría desde el 82.

Así, en Soto. La cuarta dimensión el Guggenheim ofrece un repaso la trayectoria de un artista que materializa ese concepto en todas sus obras abstractas y dinámicas de forma que el espectador podrá sentirse «mareado». Porque la intensidad de las 60 piezas expuestas generan en el que se las observa una excitación incontrolable debido a su magnitud, que nada tiene que ver con su tamaño.

Una mujer observa dos obras sin título de Soto en el Guggenheim de Bilbao
Una mujer observa dos obras sin título de Soto en el Guggenheim de Bilbao

«La obra de Soto tiene dos sentidos: expandir el alcance físico de las piezas y también un fin social de hacer pensar y participar al receptor». Un objetivo que queda patente en los icónicos Penetrables del artista. El más grande, y por ende uno de los que más impacta, es el se encuentra en el centro de la exposición que ya fue expuesto en el 82 en el palacio de Velázquez y que es muy similar a la que se pudo ver en el 74 en el Guggenheim de Nueva York. «Las dos obras tiene coincidencias, pero quizá aquí la experiencia es más llamativa al no tener color», explica el comisario, que invita a todos los que se acerquen a la exposición a interactuar con los Penetrables de hilos verticales o barras que llenan el espacio y que constituyen casi un espacio arquitectónico, como ocurre en Penetrable blanco y amarillo, de 1968. Más delicadeza requiere interactuar con Penetrable sonoro, de 1971. «Es una pieza sonora con la que Soto muestra su preocupación por el sonido. Es una escultura vibratoria, que a la vez es un instrumento», recalca Cirauqui. Sin duda, atravesarlo es inolvidable, igual que lo es observar las obras realizadas con cuadrados vibrantes.

La exposición reúne 60 obras del artista
La exposición reúne 60 obras del artista

Mención especial merecen Sphère Lutetia, una impresionante escultura junto al estanque del museo, y Azul mayor, la más joven de esta muestra (es del 2001) y una de la que más atrapa por su profundidad y uso de los colores. Así consigue agitar nuestra visión de una forma incomprensible para el ojo humano. Porque las piezas de Soto no dejan indiferente a nadie, transportan a otra dimensión.

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